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¿Quién fue Lizzie Borden? La historia real de la llamada “loca del hacha” que inspiró la serie “Monster” de Netflix

Por Gonzalo Jiménez, CNN en Español

Aunque fue absuelta de la acusación de asesinar a su padre y a su madrastra en 1892, Lizzie Borden permanece en el imaginario estadounidense como un personaje siniestro, usado para asustar a niños y protagonista de películas y series de terror que reconstruyen su caso.

El ejemplo más reciente es la serie “Monster: The Lizzie Borden Story”, que Netflix estrenó esta semana. Es la cuarta temporada de la antología televisiva “Monster”, creada por el productor Ryan Murphy, en la que se reconstruyen, con algunas licencias creativas, las historias de crímenes famosos en Estados Unidos. Por ejemplo, el año pasado, la serie se centró en Ed Gein, el infame asesino en serie que conmocionó Wisconsin en 1957.

“Monster: The Lizzie Borden Story” está protagonizada por Ella Beatty en el papel de Lizzie Borden, sospechosa del asesinato de su padre Andrew Borden (Charlie Hunnam) y de su madrastra Abby Borden (Rebecca Hall). También desempeña un papel crucial la criada de la familia, Bridget “Maggie” Sullivan (Vicky Krieps), y la hermana de Lizzie, Emma Borden (Billie Lourd).

Además, como ya es tradicional en esta serie, “Monster: The Lizzie Borden Story” introduce en algunas escenas otras historias de asesinos famosos, en este caso de dos asesinas en serie: Aileen Wuornos, interpretada por Sarah Paulson, convicta por haber matado a siete hombres y condenada a la pena de muerte; y la condesa Elizabeth Báthory, también encarnada por Krieps, que pasó a la historia como la responsable de torturar y matar a cientos de jóvenes y mujeres entre 1590 y 1610.

¿Cuál fueron los crímenes de los que se acusó a Lizzie Borden para que se transformara en una figura de la cultura popular, parodiada incluso en un episodio de “The Simpons”, por ejemplo?

Su nombre se extendió por todo Estados Unidos en 1892 debido a una cancioncilla de autor anónimo que se popularizó entre los niños y cuyas rimas dicen:

Estas rimas, traducidas al español, quieren decir: “Lizzie Borden cogió un hacha / y a su madre dio 40 golpes / cuando vio lo que había hecho / le dio a su padre 41”.

Nacida en 1860 en Fall River, Massachusetts, Lizzie Borden fue la hija menor del matrimonio formado por Andrew Borden y Sarah Anthony. Sus hermanas mayores eran Emma y Alice, quien murió a los 22 meses de nacida.

Un dato esencial a tener en cuenta en esta historia: Andrew Borden, su padre, era un hombre adinerado. Fue exitoso en la fabricación de muebles y ataúdes, pero amasó una fortuna como promotor inmobiliario. También fue directivo de varias fábricas textiles y presidió el Union Savings Bank.

Pero pese a su fortuna, Borden era un hombre austero. Su vivienda, ubicada en la calle 92 de Fall River —aún en pie, hoy funciona allí un hostal y museo dedicado a Lizzie Borden—, carecía de fontanería interior, aunque bien podría habérselo permitido. Era una casa amplia y cómoda, pero alejada de la zona donde vivían las familias adineradas de la ciudad.

Un rasgo distintivo de Lizzie fue su crianza religiosa: participaba activamente en las actividades de la Iglesia Congregacional Central de la ciudad e impartía clases de religión en la escuela dominical a hijos de inmigrantes. Fue secretaria y tesorera de la Christian Endeavor Society y participó regularmente en los actos de la Woman’s Christian Temperance Union. Esta actividad fue decisiva y salió a relucir más tarde en su juicio.

Todo se tuerce en esta historia en 1863, cuando fallece la madre de Lizzie, y tres años después, cuando Andrew Borden contrae nupcias con Abby Durfee Gray. Las hermanas Emma y Lizzie nunca se llevaron bien con su madrastra, a quien siempre llamaron “señora Borden”. Argumentaban que Abby se había casado con su padre por su dinero.

Comían rara vez con sus padres y se quejaban de que su progenitor brindaba ayuda económica a los familiares de su esposa, específicamente en bienes raíces, en desmedro de su patrimonio. Las peleas se hicieron tan intensas que las hermanas se tomaron en julio de 1892 unas vacaciones prolongadas en New Bedford y regresaron a Fall River una semana antes de los asesinatos.

Este era el clima familiar el 4 de agosto de 1892, el día del crimen.

Para esa fecha la familia llevaba varios días enferma. Se atribuyó a una carne de cordero que se había dejado en la cocina para consumirla durante varios días; pero la madrastra de Lizzie comentó a conocidos que temía que había sido un envenenamiento.

La mañana del 4 de agosto, tras desayunar, Andrew Borden y un familiar que se estaba quedando esos días en la casa, John Vinnicum Morse, salieron a la calle cada uno por su cuenta. A la criada, Bridget “Maggie” Sullivan, se le encomendó que limpiara las ventanas exteriores de la casa. Abby subió al piso superior a hacer las camas entre las 9:00 a.m. y las 10:30 a.m. Según el forense, esas son las horas en las que Abby fue asesinada. Recibió 18 hachazos, el primero de ellos en la cabeza.

A las 10:30 a.m. Andrew Borden regresó a casa. Al entrar, le preguntó a Lizzie dónde estaba Abby y Lizzie respondió que había ido a visitar a una amiga enferma. La criada declaró que ayudó a Andrew a quitarse las botas y le trajo sus pantuflas antes de que se recostara en el sofá a dormir una siesta; pero las fotografías contradicen este hecho, pues muestran al Sr. Borden con botas. Sullivan se marchó a su habitación del tercer piso a descansar cuando, a las 11:10 a.m., oyó a Lizzie gritar: “¡Maggie, ven rápido! Papá ha muerto. Alguien ha entrado y lo ha matado”. Había recibido de 10 a 11 hachazos, al punto que su rostro era irreconocible.

La Policía arribó al lugar del crimen. Lizzie declaró que se encontraba fuera de la casa, en un cobertizo trasero y que no escuchó ningún ruido extraño. Los investigadores le preguntaron por su madrastra y ella les contestó que Abby había recibido una nota de una amiga enferma pidiéndole que la visitara. Se le pidió a la criada que la buscara en el segundo piso, para comprobar si había regresado, y allí es cuando se descubre su cuerpo.

Desde un inicio, Lizzie despertó las sospechas de los investigadores. Sus reportes mencionaban que se encontraba tranquila y serena. En el sótano se encontró la cabeza de un hacha corta con el mango recientemente roto, cubierta con ceniza y polvo como para intentar dar la impresión de que tenía tiempo sin usarse. También se encontró allí un cubo que contenía lo que parecían ser prendas de ropa manchados de sangre; pero Lizzie atribuyó el hecho a su menstruación, por lo que la Policía no las revisó.

Más tarde, cuando Lizzie compareció en la audiencia de instrucción el 8 de agosto, ofreció declaraciones erráticas que ella luego atribuyó a que se le recetaron dosis regulares de morfina para calmar sus nervios.

En esa audiencia, cambió varias veces su versión de lo que había estado haciendo la mañana del crimen: dijo que se encontraba en la cocina leyendo una revista cuando su padre llegó a casa, para luego decir que estaba en el comedor planchando y, más tarde, que estaba bajando las escaleras.

El 11 de agosto de 1892, se emitió una orden de arresto y Lizzie Borden fue encarcelada. Su detención atrajo una gran atención mediática en todo Estados Unidos, mientras un jurado investigador examinaba las pruebas. Borden fue formalmente acusada del asesinato de su padre y su madrastra el 2 de diciembre de ese año.

El juicio comenzó el 5 de junio de 1893. La fiscalía no pudo demostrar que el hacha con el mango roto fuera el arma homicida. No se conservó la ropa manchada de sangre en el cubo y tampoco se pudo comprobar la ubicación exacta de Borden dentro de la casa a la hora de los asesinatos.

Se supo también, durante el juicio, que Lizzie había comprado ácido cianhídrico diluido al farmacéutico local un día antes de los asesinatos, pero su defensa alegó que su intención era usarlo para limpiar sus abrigos de piel.

El jurado, compuesto totalmente por hombres, alcanzó su veredicto en apenas 40 minutos, proclamando la inocencia de Lizzie Borden. La conocida labor de Borden en la iglesia local y su pertenencia a una familia apreciada en la ciudad hacían inconcebible, para aquel jurado, que una mujer con esas características pudiese cometer un crimen tan atroz.

Debido a que se dictaminó que Abby murió antes que Andrew Borden, la herencia pasó primero al marido y luego a sus hijas. Las hermanas Borden se mudaron a una casa grande y moderna en un barrio de mayor abolengo en Fall River.

En esta época empieza a usar el nombre de Lizbeth A. Borden, pero, pese a su absolución en el juicio, la alta sociedad de Fall River la excluye. En 1905, tras una discusión debido a una fiesta que Lizzie organizó para la actriz Nance O’Neil (personaje que aparece en la serie “Monster: The Lizzie Borden Story”), su hermana Emma se mudo de la casa y nunca volvieron a tratarse.

En los últimos años de su vida, Lizzie Borden se alejó de la iglesia. Murió de una neumonía el 1 de junio de 1927. Tenía 66 años. El funeral no fue anunciado en la prensa y acudieron pocas personas a su sepelio. Su hermana Emma murió nueve días después, en una residencia para ancianos en Newmarket, Nueva Hampshire. Lizzie y Emma fueron sepultadas en la parcela familiar de la familia Borden en el cementerio Oak Grove, en Fall River. Dejaron una fortuna en bienes raíces, acciones de empresas, dos automóviles y joyas.

Ese final solitario no impidió que su nombre permaneciese vivo en la cultura pop. La rima popular mantuvo fresco el nombre de Lizzie Borden. Obras de teatro, cuentos y canciones perpetuaron su recuerdo. Y Hollywood explotó la historia como un cuento de terror. Entre las adaptaciones televisivas notables están las miniseries “The Legend of Lizzie Borden” (1975), protagonizada por Elizabeth Montgomery (“Bewitched”), y “The Lizzie Borden Chronicles” (2015), con Christina Ricci. Una película, “Lizzie” (2018), protagonizado por Chloë Sevigny como Borden y Kristen Stewart como Bridget “Maggie” Sullivan, propone que hubo una relación lésbica entre ambos personajes que sirvió como detonante de los asesinatos.

Absuelta por un jurado, pero atada en la imaginación de muchos a la etiqueta de “la loca del hacha”, Lizzie Borden pervive en el centro de un macabro misterio que sigue asustando a la gente más de un siglo después.

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