Skip to Content

Un astronauta perdió repentinamente la capacidad de hablar en el espacio. ¿Qué significa eso para las futuras misiones?

Por Jacopo Prisco, CNN

Cinco meses después de iniciada su cuarta misión en la Estación Espacial Internacional, el veterano astronauta de la NASA Mike Fincke estaba cenando el día antes de una caminata espacial rutinaria. De repente, se quedó sin poder hablar. El episodio, ocurrido en enero, duró solo 20 minutos y, aunque Fincke no sintió dolor, se mostró agitado.

“Fue completamente inesperado. Ocurrió con una rapidez asombrosa”, dijo Fincke recientemente a The Associated Press.

“Mis compañeros de tripulación vieron de inmediato que yo estaba en apuros. Todos actuaron de inmediato, en cuestión de segundos”, dijo.

Los compañeros astronautas de Fincke y una serie de protocolos de emergencia lo mantuvieron a salvo, pero la NASA aun así tomó una medida sin precedentes: la agencia acortó la misión SpaceX Crew-11, devolviendo a Fincke y a tres de sus compañeros astronautas a la Tierra un mes antes de lo previsto y dejando la estación atendida por solo tres personas. Ahora, este episodio podría influir en el diseño de futuras misiones.

Jared Isaacman, administrador de la NASA, dijo en una conferencia de prensa posterior al amerizaje que el regreso anticipado se debió a una “afección médica grave”. Añadió que, si bien los astronautas reciben amplia formación médica, hay circunstancias en las que la mejor opción es volver a casa, y por eso esa posibilidad está incorporada en los planes de vuelo de la agencia.

“Esto es para lo que entrenamos. Está incorporado en nuestra planificación. Se ejecutó muy bien”, añadió Isaacman. “Recogeremos todas las lecciones relevantes para orientar los preparativos de las próximas misiones”.

Sin embargo, a medida que la NASA impulsa misiones de larga duración más lejos en el espacio, ¿qué ocurrirá si ya no es tan sencillo como simplemente regresar?

SpaceX Crew-11 regresó a la Tierra de forma segura el 15 de enero, ocho días después del episodio, lo que significa que no se trató de una evacuación de emergencia, que habría ocurrido en cuestión de horas. Aun así, Fincke fue el primero de más de 290 visitantes de la Estación Espacial Internacional en regresar antes de tiempo por un problema de salud.

La NASA no ha revelado muchos detalles sobre el incidente, en línea con su enfoque habitual de proteger la privacidad de los astronautas y mantener en confidencialidad todos los asuntos médicos. Incluso cuando los estudios analizan aspectos específicos de la salud de los astronautas, normalmente no se divulgan identidades. Fincke reveló más tarde que la salida anticipada se debió a preocupaciones por su salud, sin divulgar un diagnóstico formal, aunque dijo a The Associated Press que los síntomas probablemente estaban relacionados con el espacio.

Y aunque la respuesta a su situación fue inusual, Fincke está lejos de ser la primera persona en experimentar un problema médico en el espacio.

Las fuerzas intensas y la ingravidez que se experimentan durante los viajes espaciales tienen diversos efectos en el cuerpo humano. La NASA ha estado estudiando estos efectos durante más de 50 años y los agrupa en cinco áreas clave de riesgo: radiación, aislamiento, distancia, microgravedad y entornos hostiles. Estas condiciones pueden causar dolencias como pérdida ósea y muscular, problemas cardiovasculares, disfunción inmunitaria y deterioro de la visión.

Uno de los procesos clave que afecta la ingravidez es el flujo sanguíneo. Lejos de la gravedad de la Tierra, la sangre y otros fluidos corporales se desplazan hacia la cabeza desde las piernas y el torso, lo que causa hinchazón en la parte superior del cuerpo. En 2019, un estudio realizado en 11 astronautas sanos —nueve hombres no identificados y dos mujeres con una edad promedio de 46 años— reveló que seis de ellos sufrían flujo sanguíneo estancado o inverso, uno presentó un coágulo sanguíneo y otro un coágulo parcial.

“El entorno del espacio puede ser incapacitante, y las exigencias del espacio pueden afectar prácticamente todos los aspectos del cuerpo”, dijo el Dr. Farhan Asrar, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto. “El espacio afecta la masa muscular y la salud ósea. Sabemos que los desplazamientos de fluidos también han estado causando muchos problemas”.

Añadió que ciertos problemas de flujo sanguíneo también podrían provocar temporalmente la incapacidad para hablar. “Existe algo conocido como un AIT, o ataque isquémico transitorio, que básicamente es un episodio breve de disfunción neurológica, por lo general debido a una interrupción del flujo sanguíneo al cerebro”, dijo Asrar. “Tiende a resolverse por sí solo y no deja ningún tipo de daño permanente”. Los síntomas de un AIT también pueden incluir mareos, confusión y pérdida del equilibrio.

Sin embargo, no está claro si Fincke experimentó algún síntoma adicional o si su problema tuvo algo que ver con el flujo sanguíneo. La tripulación utilizó la máquina de ultrasonido de la estación espacial para evaluarlo, probablemente con orientación del control de la misión.

“Creo que probablemente evaluaron la función general del corazón y quizá algunas otras estructuras”, dijo Scott Parazynski, veterano de cuatro misiones del transbordador espacial y también médico. “Se puede evaluar si hay o no bloqueos u obstrucciones parciales en las arterias carótidas. Eso es lo que yo habría hecho, si hubiera estado a bordo”.

Los desplazamientos de fluidos son la causa de otros tipos de afecciones que los astronautas suelen experimentar. Una de ellas es el SANS, o síndrome neuro-ocular asociado a los vuelos espaciales. Se manifiesta como hinchazón en la parte posterior del ojo y pérdida de agudeza visual, y la NASA estima que alrededor del 70 % de los astronautas de la Estación Espacial Internacional lo han sufrido. El SANS fue uno de los temas estudiados durante la misión Polaris Dawn, un vuelo espacial humano privado de cinco días lanzado por SpaceX. Isaacman financió parcialmente la misión y se desempeñó como comandante antes de asumir su cargo en la NASA.

Pasar más de seis meses en el espacio conlleva otros posibles riesgos para la salud, incluida la debilitación y pérdida de masa ósea y la atrofia muscular. Los astronautas también experimentan pérdida de volumen sanguíneo, debilitamiento del sistema inmunitario y descondicionamiento cardiovascular, ya que flotar requiere poco esfuerzo y el corazón no tiene que trabajar tanto para bombear sangre.

“El espacio profundo tiene su propio conjunto de desafíos”, dijo Asrar. “Somos relativamente nuevos en la exploración de mayores distancias en el espacio profundo; estamos aprendiendo con Artemis II y llevando ese conocimiento más allá. Pero sabemos que la exposición a la radiación es un problema: no solo por la duración de la exposición, sino también por el tipo de radiación, que tiende a ser más penetrante en el espacio profundo”.

Los astronautas expuestos a la radiación —partículas y átomos de alta energía que viajan cerca de la velocidad de la luz— enfrentan un mayor riesgo de por vida de cáncer, efectos en el sistema nervioso central y enfermedades degenerativas, de acuerdo con la NASA.

Según Parazynski, la NASA manejó la emergencia médica de Fincke de manera muy profesional y mesurada. Añadió que una de las ventajas de la cercanía de la estación espacial a la Tierra es que se puede estabilizar a un paciente antes de someterlo a un regreso a la Tierra, que resulta bastante estresante.

“A veces es mejor evaluar al paciente allí, brindarle la atención de apoyo que necesite y luego decidir si conviene o no traer al astronauta de vuelta a casa”.

Sin embargo, las futuras misiones al espacio profundo plantearían más desafíos médicos. “La Estación Espacial Internacional tiene la capacidad de estar en conexión con la Tierra casi las 24 horas”, dijo Asrar. “Así que, si la capacitación de los astronautas no es suficiente, también pueden recibir apoyo especializado desde la Tierra. No obstante, en el espacio profundo, sabemos que los retrasos en las comunicaciones pueden ser un problema”.

La tripulación de Artemis II experimentó un apagón de comunicaciones de unos 40 minutos mientras transitaba detrás de la Luna. Los astronautas en posibles futuras misiones a Marte, una vez en su destino, tendrían que esperar 20 minutos para que cualquier transmisión llegue a la Tierra, más otros 20 minutos para recibir una respuesta, debido al tiempo que tarda la señal en viajar de ida y vuelta.

Una forma de afrontar el problema sería incluir a un médico como miembro de la tripulación, lo cual no sería demasiado difícil, ya que muchos astronautas también son médicos. El primer médico estadounidense en convertirse en astronauta fue Joseph Kerwin en 1973, y desde entonces alrededor de tres docenas de médicos de la NASA se han convertido en astronautas. También es común en otros países: cuatro de los nueve canadienses que han volado al espacio son médicos.

No había un médico a bordo de la Estación Espacial Internacional durante el episodio médico de Fincke, pero el administrador de la NASA, Isaacman, aseguró que no cree que las cosas se hubieran desarrollado de manera diferente de haber sido así. Sin embargo, sí señaló que cuando la NASA emprenda misiones a Marte, contar con personal médico a bordo sería una ventaja.

Con el tiempo, las tripulaciones también podrían llegar a anticipar y planificar la atención sanitaria en el espacio. Por ejemplo, la NASA llevó a bordo “chips de órganos” en Artemis II, muestras de médula ósea de los astronautas para evaluar los efectos de las condiciones del espacio profundo, incluida la radiación, en la salud humana. Los conocimientos obtenidos de ese experimento podrían conducir a tratamientos individualizados, como kits médicos personalizados, que faciliten que los astronautas emprendan misiones más largas, quizá más adentro del cosmos.

El objetivo es que algún día se puedan enviar chips de órganos de los astronautas seleccionados para misiones de espacio profundo con antelación, de modo que las tripulaciones puedan prepararse para posibles problemas de salud antes de que se conviertan en un inconveniente lejos de casa, según Lisa Carnell, directora de la división de Ciencias Biológicas y Físicas de la NASA.

“Nos gusta decir: ‘Saber antes de ir’. Así de simple”, dijo Carnell a CNN en una entrevista anterior. “¿Cómo podemos saberlo antes de enviarlos para asegurarnos de que regresen sanos y de que estén lo más seguros posible? Y esta es una forma tan simple… y tan elocuente de hacerlo”.

Según Parazynski, incluso después de 60 años de misiones espaciales, todavía hay misterios por desentrañar sobre cómo reacciona el cuerpo humano a la ingravidez y cómo devolver a las personas a su plena salud después de un vuelo espacial de larga duración.

“Ir al espacio es una especie de proceso de envejecimiento acelerado”, añadió. “Cuando empezamos a pensar en enviar astronautas a la Luna y a Marte durante largos periodos, ¿cómo los apoyamos cuando lleguen allí? ¿Y cómo los traemos de vuelta de forma segura a la gravedad de la Tierra después de un año o más lejos de casa? Es un momento emocionante en la medicina espacial para empezar a responder algunas de estas preguntas”.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN-Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

ABC 17 News is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.