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Bukele añade un factor impredecible al fragmentado panorama de seguridad de Haití

Análisis de Caitlin Hu, CNN

¿Qué podía salir mal? Durante más de una semana, El Salvador ha estado enviando soldados a Haití discretamente y la magnitud de este proyecto solo se reveló públicamente anoche: más de 2.000 efectivos salvadoreños serán enviados a la nación caribeña, aunque su misión y mandato permanecen en la incertidumbre.

El despliegue introduce un elemento impredecible en Puerto Príncipe, una ciudad de colinas densamente pobladas donde las líneas de combate cambian constantemente entre docenas de pandillas y grupos que las combaten, lo que incluye a fuerzas extranjeras, grupos de vigilancia vecinal y mercenarios.

La llegada de 2.000 soldados es un hecho significativo. Esa cifra supera el tamaño de todo el ejército de Haití y equivale aproximadamente a una cuarta parte del despliegue urbano de la Policía Nacional Haitiana. Es una cantidad similar a los efectivos actuales de la Fuerza Multinacional de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), respaldada por la ONU, y supera con creces el número de contratistas militares privados que integran la reservada “fuerza de tarea” del Gobierno haitiano.

Pero, ¿cómo encajan en el fragmentado panorama de seguridad de Haití? ¿Quién paga todo esto? ¿Y cuál es exactamente su misión? Por ahora, no se ha establecido la estructura de mando de las fuerzas salvadoreñas, según una fuente cercana al asunto.

Los comunicados emitidos simultáneamente el miércoles por la noche por El Salvador y Haití arrojaron poca luz sobre la situación. Ambos describían una llamada entre el presidente Nayib Bukele y el líder interino haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, sobre el estado general de la seguridad y la situación de cuatro técnicos aeronáuticos salvadoreños desaparecidos.

Los técnicos aeronáuticos, cuyo caso desencadenó este despliegue, desaparecieron a principios de este mes tras una aparente emboscada de pandillas. Según funcionarios salvadoreños, trabajaban con la GSF en funciones no relacionadas con el combate. Inmediatamente después, se enviaron 100 efectivos de fuerzas especiales salvadoreñas a Haití para ayudar en las operaciones de búsqueda y rescate, lo que sirvió de preludio a la fuerza ampliada actual.

Diez días después, fuentes locales señalan que es poco probable recuperar a los cuatro desaparecidos. Si las fuerzas salvadoreñas no logran ese objetivo, es probable que busquen otros objetivos, tal vez uniéndose a alguna de las fuerzas de seguridad existentes para emprender una ofensiva prolongada contra las pandillas a modo de represalia.

Una pista sobre sus planes podría residir en su ubicación física. Al momento de redactar este informe, los salvadoreños no se alojaban en la base principal de la GSF.

Bukele ha sostenido que cuenta con credenciales únicas para abordar la crisis de Haití. La política de mano dura de su Gobierno contra las pandillas en su propio país logró restaurar la paz en lo que alguna vez fue la nación más violenta del hemisferio occidental, aunque sus críticos señalan los encarcelamientos masivos y las acusaciones de abusos generalizados.

En un mensaje publicado en X la semana pasada, se dirigió a las pandillas en criollo haitiano: “Todavía hay tiempo para evitar esto”, dijo Bukele. “Devuélvannos a nuestros cuatro compatriotas vivos e ilesos y todo volverá a ser como antes del secuestro”.

La mayoría de los residentes de Puerto Príncipe preferiría ver un cambio radical, tras años de brutal violencia de pandillas que han obligado a más de un millón de personas a abandonar sus hogares. Situada a solo dos horas de la costa de Florida, la ciudad vive aterrorizada por frecuentes secuestros, violaciones e incendios provocados por las pandillas, actos que a menudo se difunden en las redes sociales.

Este jueves, los haitianos de todo el país volvieron a constatar cómo la inseguridad ha paralizado la vida civil, al conocerse la noticia de que las elecciones presidenciales —largamente postergadas— se aplazan una vez más hasta el próximo año.

Sin embargo, los expertos advierten sobre los peligros de sumar nuevos actores a un escenario de conflicto urbano ya saturado. “La situación es volátil y podría volverse más violenta, causando daños a personas inocentes”, señaló Bill O’Neill, experto de la ONU en derechos humanos para Haití.

Romain LeCoeur, experto en Haití de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, compartió esta preocupación. “La respuesta de seguridad en Haití ya no se basa en una estrategia única, sino en una yuxtaposición de actores multilaterales, nacionales y privados, cada uno de los cuales opera bajo sus propias reglas”, afirmó.

“Mientras nadie pueda decir quién toma las decisiones y a quién rinde cuentas, toda operación corre el riesgo de aumentar la confusión en lugar de contribuir a la seguridad”.

Con información de Merlin Delcid, de CNN, desde El Salvador.

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