Por qué el mejor partido del US Open terminó después de las 3 a.m. y cómo podría afectar a Ben Shelton en semifinales
Por Ben Church, CNN
Tras la conclusión del partido de cuartos de final entre Ben Shelton y Carlos Alcaraz —que se prolongó hasta las 3:33 a.m. del miércoles en Nueva York—, ha resurgido el debate anual sobre la programación de los partidos en el US Open.
Aunque resultó insólito ver a ambos jugadores disputando el encuentro a esas horas de la madrugada, la situación no es ajena a la edición de este año del torneo. Con el paso del tiempo, las maratonianas sesiones nocturnas se han convertido en un sello distintivo del US Open. Para algunos, son precisamente lo que hace tan especial a este Grand Slam.
Sin embargo, para otros —especialmente los jugadores y los aficionados que poseen entradas—, se trata de una tendencia insostenible que lleva a los deportistas al límite de sus capacidades y provoca que las gradas luzcan vacías durante algunos de los partidos más importantes.
Entonces, ¿por qué terminan tan tarde los partidos del US Open y qué se puede hacer al respecto?
Si bien las finalizaciones tardías se han vuelto habituales en el US Open, la situación ha sido especialmente crítica este año.
La victoria de Shelton en cuartos de final marcó el cierre más tardío de una jornada en la historia del torneo. El partido no comenzó hasta pasadas las 11 p.m. (hora del este), lo que obligó a muchos aficionados a marcharse antes incluso de que empezara el juego.
Y, en muchos sentidos, esto era previsible.
La programación del US Open (al igual que la de otros dos de los cuatro torneos de Grand Slam) se divide en dos turnos —diurno y nocturno—, lo que permite a los organizadores vender dos tandas de entradas para las pistas y, esencialmente, duplicar los ingresos potenciales.
A menudo, los partidos más destacados, protagonizados por los mejores jugadores del mundo, se reservan para la sesión nocturna. Esto facilita acuerdos televisivos más lucrativos en horario de máxima audiencia, permitiendo que los aficionados vean los encuentros tras terminar su jornada laboral.
Sin embargo, dado que la sesión nocturna en Flushing Meadows no comienza hasta las 7 p.m. (hora del este) y no existe un toque de queda —a diferencia del límite de las 11 p.m. en Wimbledon—, no sorprende que los partidos se prolonguen habitualmente más allá de la medianoche.
Lo ocurrido anoche fue, sencillamente, la tormenta perfecta. Los dos partidos previos a los cuartos de final de Shelton fueron maratones que se decidieron en el último set posible, lo que retrasó 30 minutos el inicio de la sesión nocturna.
Pero, aunque lo sucedido la madrugada del miércoles fue un caso extremo, las finalizaciones tardías siguen siendo muy frecuentes y, con el formato actual, inevitables.
“Esto no es sostenible”, advirtió Martina Navratilova —ganadora de 18 títulos de Grand Slam en individuales— en X al inicio del torneo, tras una serie de partidos que terminaron muy tarde.
“Es, sencillamente, demasiado tarde para jugar al tenis”, respondió el ex campeón Boris Becker.
No cabe duda de que las sesiones nocturnas épicas pueden generar recuerdos inolvidables. Pero ¿a qué precio? Al fin y al cabo, es evidente que los jugadores sufren las consecuencias del calendario actual.
Tras una temporada ya de por sí cargada de partidos, las estrellas llegan al US Open fatigadas y, además, se les exige llevar sus cuerpos al límite a horas intempestivas y ante un público cada vez más reducido.
Los horarios de sueño, las comidas y los calentamientos se ven afectados por el paso del tiempo. Y no es que los jugadores se vayan directamente a casa al terminar el partido: Shelton y Alcaraz tuvieron que atender a la prensa, realizar los ejercicios pospartido y alimentarse e hidratarse adecuadamente para favorecer su recuperación.
¿Cómo no va a afectar esto a Shelton de cara a su partido de semifinales del viernes contra Frances Tiafoe?
“Cuando terminas tarde, el horario del día siguiente cambia considerablemente”, comentó Aryna Sabalenka, estrella del circuito femenino, al inicio del torneo. “Tienes que dormir las horas necesarias, así que empiezas más tarde. Realmente se te puede desajustar todo el horario”.
Sabalenka no es la única; Venus Williams también señaló que “no era lo ideal” que su partido contra Sofia Kenin, la semana pasada, no comenzara hasta pasada la medianoche.
“Creo que no fue bueno para ninguna de las dos, así que ambas dimos lo mejor de nosotras”, afirmó. “La verdad es que no conozco ningún otro deporte en el que haya que empezar tan tarde. Sin duda, creo que hay margen de mejora en ese aspecto”.
Para evitar que los partidos terminen tan tarde, lo más sencillo sería empezar antes, ¿verdad? Pero eso es más complicado de lo que parece.
Adelantar el horario podría reducir los ingresos por contratos televisivos y dificultar el desplazamiento de los aficionados a Flushing Meadows durante la caótica hora punta de Nueva York.
“El martes fue una de las jornadas de tenis más extraordinarias que ha vivido el US Open. Aunque seguimos maravillados por la increíble competición que se desarrolló en la pista del estadio Arthur Ashe —cuatro partidos que sumaron un total de 16 sets e incluyeron tres desempates en el set definitivo—, reconocemos que debemos evaluar todas las opciones de programación de cara al futuro”, declaró Brendan McIntyre, responsable de comunicación del US Open. “El foco y la atención deben centrarse en estos atletas excepcionales y en sus actuaciones asombrosas, más que en la hora de finalización”.
Irónicamente, el director del torneo, Eric Butorac, comentó a principios de este mes a ESPN que programar los partidos era como armar un “rompecabezas” y que esa era su parte favorita del trabajo.
“En Nueva York, empezar antes de las 7 p.m. supondría un reto. ¿Podríamos hacerlo a las 6 p.m.?”, se planteó. “Es algo que analizaremos cada año”.
No obstante, cabe destacar que señaló que las 7 p.m. seguían pareciéndole el “horario adecuado” por el momento.
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