Ötzi, el Hombre de Hielo, lleva mucho tiempo muerto, pero algunos de sus antiguos microbios siguen vivos
Por Mindy Weisberger, CNN
Ötzi, el hombre de Hielo —la momia bien conservada y exhaustivamente estudiada de un hombre que falleció hace 5.300 años—, constituye un “ecosistema dinámico” de microbios y algunos de ellos han permanecido viables durante milenios, según una nueva investigación.
Mediante un análisis exhaustivo del ADN de los microbios presentes tanto en el interior como en el exterior del cuerpo momificado de Ötzi, los científicos vincularon varias especies de hongos con el gélido entorno montañoso donde murió, y aseguraron que es probable que estos hongos colonizaran su cadáver y se congelaran junto con él. La resistencia natural de los hongos al frío los mantuvo en estado latente, pero vivos y con capacidad de reactivarse incluso después de miles de años, según el estudio publicado la semana pasada en la revista Microbiome.
De hecho, algunos de estos microbios “no son meras reliquias latentes”, sino que podrían estar multiplicándose lentamente en microbolsillos de humedad dentro de la momia, según informaron los autores del estudio. Este crecimiento sugiere que la longevidad y la actividad microbiana en restos antiguos podrían ser mayores de lo que se pensaba y deberían tenerse en cuenta al almacenar y manipular dichos restos.
“En muchos estudios de ADN de restos humanos antiguos, el ADN microbiano suele pasarse por alto; a menudo no está claro si el ADN microbiano recuperado es tan antiguo como el propio cuerpo humano o si se trata de una contaminación más reciente”, declaró por correo electrónico a CNN Anders Bergström, investigador de genómica evolutiva de la Universidad de East Anglia (Reino Unido). “Este estudio sobre Ötzi aporta ahora información fascinante al respecto”. Bergström no participó en la nueva investigación.
Los científicos habían planteado la hipótesis de que Ötzi no estaba acompañado por otros humanos cuando exhaló su último aliento en los gélidos Alpes de Ötztal; sin embargo, no estaba realmente solo. Billones de microbios poblaban su cuerpo cuando estaba vivo y permanecieron en su cadáver, incluidos algunos procedentes del lugar donde falleció. “Estos microbios nos ofrecen una captura instantéanea única y valiosa de cómo era el intestino humano en la Edad del Cobre, antes de que la industrialización transformara nuestro microbioma”, afirmó Frank Maixner, autor principal del estudio y director del Instituto de Estudios sobre Momias de Eurac Research en Bolzano (Italia), donde se llevó a cabo la investigación sobre la momia.
“Identificamos bacterias intestinales antiguas conservadas en el interior de Ötzi que son extremadamente inusuales en personas que llevan un estilo de vida moderno e industrializado hoy en día, aunque todavía pueden encontrarse en personas con modos de vida tradicionales y no industrializados”, declaró Maixner a CNN por correo electrónico.
Para los científicos, los microbios de Ötzi resultan casi tan interesantes como el propio Ötzi, ya que ofrecen pistas sobre su microbioma y su estado de salud, además de arrojar luz sobre la diversidad de las comunidades microbianas en entornos antiguos.
Sin embargo, cuando se trata de restos orgánicos preservados, los microbios también pueden causar problemas. Durante milenios, el hielo glaciar y las temperaturas gélidas protegieron el cuerpo de Ötzi y a sus microbios de la degradación y la descomposición. Tras el hallazgo de la momia por parte de unos excursionistas en 1991, cerca de la frontera entre Austria e Italia, los restos se trasladaron al Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en Bolzano. Allí se conservaron congelados a unos -6 °C (21 °F) y con una humedad relativa del 99 %, condiciones similares a las del glaciar donde se encontró a Ötzi.
No obstante, recientemente los científicos han cuestionado si esa estrategia realmente mantenía a raya a los microbios, dado que se sabe que ciertos tipos de microorganismos prosperan en entornos de frío extremo. Además, la manipulación de la momia la expone a una posible contaminación por bacterias y hongos actuales, lo que complica aún más la interpretación de su composición microbiana.
Para este nuevo estudio, los científicos realizaron un análisis detallado de los microbios de Ötzi. Examinaron depósitos de agua en el interior de su cuerpo, tomaron muestras con hisopos de la superficie de la momia y analizaron tejidos internos expuestos. También examinaron tierra recogida de debajo de la momia durante su excavación en 1991 y consultaron datos de muestras obtenidas anteriormente de las profundidades del tracto digestivo de Ötzi.
Los investigadores también recolectaron y cultivaron microbios presentes en el aire de la cámara de conservación de la momia y de la sala donde se manipularon los restos. A partir de los hisopos y las muestras, lograron cultivar algunos de estos microbios.
Posteriormente, mediante la extracción de ADN tanto de especímenes viables como no viables y el análisis del grado de daño en dicho ADN, los científicos pudieron identificar especies de hongos y bacterias y determinar si eran antiguas o modernas; así lograron distinguir qué microbios provenían originalmente de Ötzi, cuáles probablemente llegaron a su cuerpo tras la muerte y cuáles pudieron introducirse más tarde debido a su manipulación.
Según el estudio, los microbios más comunes en los tejidos superficiales de Ötzi eran las bacterias Methylobacterium y Sphingomonas, introducidas por los seres humanos durante su manipulación moderna. Otro tipo de bacteria, Staphylococcus, se atribuyó al microbioma propio de la momia.
Se hallaron cuatro tipos de levadura —Glaciozyma, Goffeauzyma, Mrakia y Phenoliferia— tanto en el interior como en el exterior de Ötzi. Las similitudes genéticas con hongos adaptados al frío, encontrados en lugares como la Antártida, sugerían que se trataba de microbios ambientales; además, el importante daño en su ADN los vinculaba con el antiguo ecosistema alpino de Ötzi.
“Nuestros resultados sientan las bases para futuros estudios microbianos sobre el hombre de hielo”, afirmó Maixner. Ahora que los científicos conocen qué microbios están presentes, esperan comprender mejor la función de estos hongos y bacterias, así como la forma en que podrían estar interactuando dentro del “ecosistema” que constituye el cuerpo de Ötzi, explicó.
Una de las levaduras, la Glaciozyma, estaba más presente en la momia que en 2010 y mostraba menos daños en el ADN, lo que sugiere que podía replicarse a pesar de las temperaturas extremadamente bajas del almacenamiento en el museo. Además, a excepción de Mrakia, todas las levaduras poseían genes que les permitían alimentarse tanto de materia orgánica como de compuestos utilizados en su día para proteger restos antiguos. Aunque la momia no presenta signos de deterioro, este hallazgo plantea dudas sobre su conservación y seguridad futuras.
La investigación es “un trabajo excelente que combina varios métodos de estudio”, incluidos dos tipos de secuenciación genómica que aportaron datos detallados sobre los hongos y las bacterias, señaló René Cerritos, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien no participó en este nuevo estudio.
“El análisis que me parece más interesante es el basado en cultivos”, comentó Cerritos a CNN por correo electrónico. “Este método permite recuperar organismos, incluso aquellos con una antigüedad de 5.300 años”.
No obstante, todavía no se puede descartar por completo la posibilidad de que uno de esos microbios antiguos supuestamente revividos —el Staphylococcus— se hubiera adquirido mediante una contaminación reciente, añadió Cerritos, dado que esta especie es común en la piel humana. Secuenciar el genoma de la muestra y compararlo con el ADN de cepas históricas y modernas de Staphylococcus podría arrojar luz sobre su antigüedad, señaló.
En las décadas transcurridas desde el descubrimiento de Ötzi, los científicos han reunido numerosas pistas sobre su vida y su violenta muerte, que ocurrió cuando el hombre tenía alrededor de 46 años. Su última comida incluyó cereales, plantas y carne de ciervo y de íbice. Un corte profundo en la mano y una flecha alojada en el hombro sugieren que sus últimos días estuvieron marcados por la violencia; es probable que muriera desangrado a causa de la herida en el hombro. Presentaba 61 tatuajes, que figuran entre los más antiguos del mundo. Los depósitos de calcio en su corazón apuntaban a problemas cardíacos, y en su sistema digestivo se halló Helicobacter pylori, un microbio vinculado al cáncer gástrico y a las úlceras.
Estos nuevos hallazgos sobre microorganismos podrían abrir la puerta a futuros descubrimientos, tanto en el caso de Ötzi como en el de otros especímenes de un pasado remoto.
“Esperamos que se puedan realizar estudios igualmente minuciosos en una gama más amplia de restos humanos y animales, especialmente en tejido óseo, que constituye la materia prima para la gran mayoría de los estudios de ADN antiguo”, añadió Bergström.
“Al estudiar cómo evolucionan con el tiempo las comunidades microbianas presentes en los restos, esperamos comprender mejor qué microorganismos estaban realmente allí en el momento de la muerte del organismo; eso es, en última instancia, lo que más nos interesa”.
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