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Fueron preparados para un rescate de alto riesgo. Sin embargo, estos aldeanos salieron de la cueva por sus propios medios

Por Will Ripley, Rebecca Wright, Kocha Olarn, Isaac Yee y Kara Fox, CNN

Tras una larga y compleja operación en el interior de una cueva inundada en una zona remota del centro de Laos, este sábado, los hombres que protagonizaban la misión hicieron algo que pocos esperaban: salieron caminando por sus propios medios.

No era lo que la operación internacional de rescate había planeado.

Después de que el primero del grupo de cinco hombres atrapados se sumergiera a través de los túneles inundados el viernes, el rescate se detuvo y existía la idea de que podrían pasar horas, o incluso días, antes de que los demás lograran salir.

En cambio, después de que los niveles del agua descendieran, el grupo se abrió paso hacia el exterior por sus propios medios, tomando por sorpresa incluso a los rescatistas, quienes habían planeado una estrategia de alto riesgo para guiar a los aldeanos a través de túneles inundados y visibilidad nula.

“Literalmente me estaba poniendo el traje de neopreno para entrar cuando ellos salieron por su cuenta”, relató el buzo de rescate australiano Josh Richards, uno de los miembros del equipo de buzos internacionales.

Los cinco se adentraron bajo tierra hace más de una semana en busca de oro, antes de quedar atrapados por la crecida del agua de lluvia. Para sus familias, el fin de semana ha traído un alivio abrumador.

Uno de los lugareños que participaba en el rescate intentaba encontrar a su propio padre. Cuando este emergió, Thao Oun cayó de rodillas y lo abrazó con fuerza. Momentos después, mientras envolvían a su padre en una manta térmica de emergencia —plateada y dorada— antes de colocarlo en una camilla, Oun se limpió un torrente de lágrimas: era la liberación de más de una semana de angustiosa incertidumbre.

Sin embargo, la alegría es incompleta para esta comunidad, ya que otros dos aldeanos —de quienes se cree que entraron en el sistema de cuevas antes que los cinco hombres rescatados— continúan desaparecidos.

El equipo de buceo —algunos de cuyos miembros aportaban una experiencia inestimable adquirida en un dramático rescate en una cueva en la vecina Tailandia en 2018— había pasado días preparando a los aldeanos atrapados para navegar por un entorno subterráneo extremadamente complejo y peligroso.

Estrechos pasadizos rocosos descendían en ángulos pronunciados hacia secciones inundadas de agua turbia y limosa que Richards comparó con el café. En algunos puntos, la ruta se estrechaba hasta medir poco más de 60 centímetros —aproximadamente el ancho de un refrigerador—, obligando tanto a rescatistas como a supervivientes a atravesar canales confinados e inestables.

Ninguno de los aldeanos tenía experiencia previa en buceo; sin embargo, se enfrentaron al desafío de salir de un laberinto subterráneo inundado tras haber permanecido bajo tierra, sin comida ni agua, durante casi una semana antes de ser descubiertos. Si bien los hombres lograron mantener la moral alta, el hecho de permanecer bajo tierra durante más de 10 días les cobró un comprensible precio físico. El entorno húmedo y confinado los dejó cubiertos de barro, y algunos de ellos desarrollaron problemas cutáneos e intestinales.

Antes del ascenso programado del grupo —y agachados en cámaras oscuras y claustrofóbicas, iluminados únicamente por linternas frontales—, los buzos de rescate Norrased Palasing y Mikko Paasi impartieron a los hombres un tutorial sobre cómo utilizar el equipo especializado para abrirse paso hacia la salida, demostrándoles cómo manejar los tanques de oxígeno y utilizar los aparatos de respiración: una tarea abrumadora para unos novatos en un entorno de alto estrés.

El viernes, el primero de los hombres atrapados fue guiado con éxito hacia el exterior a través de aguas turbias de visibilidad nula y cámaras rocosas, para ser recibido al salir entre vítores y muestras de alivio.

Mientras se ultimaban los planes para sacar a los cuatro hombres restantes, las operaciones de bombeo de emergencia continuaron ininterrumpidamente durante la noche del viernes, lo que ayudó a reducir significativamente los niveles de agua dentro de la cueva antes de la llegada de una tormenta el sábado, la cual amenazaba con paralizar la operación.

El buzo finlandés Mikko Paasi, veterano del rescate tailandés de 2018, comentó que, durante la operación, el equipo de rescate bromeaba diciendo que si el bombeo funcionaba lo suficientemente bien, tal vez no harían falta los buzos. Y eso fue exactamente lo que sucedió.

“Fue el mejor desenlace, porque el bombeo siempre fue el plan previsto y constituye la vía más segura, aquella en la que nadie corre riesgos; por eso nos alegra no haber tenido que volver a intervenir y ver que las bombas funcionaron”, afirmó Paasi.

Ahora, la atención se ha vuelto a centrar en los dos aldeanos restantes que continúan desaparecidos.

Los equipos de rescate están evaluando si reanudar las operaciones de búsqueda, dado que podrían estar acercándose condiciones meteorológicas adversas. Si las lluvias torrenciales volvieran a inundar la cueva, las condiciones podrían volverse demasiado peligrosas para que los buzos intenten entrar de nuevo.

Se cree que todos los aldeanos habían entrado en la cueva en busca de oro, como parte de una economía minera informal que se ha expandido por diversas zonas de Laos en los últimos años, especialmente en regiones remotas de terrenos calizos y cuencas fluviales, donde las oportunidades de sustento formal son escasas y la vigilancia de las autoridades es limitada. Este fenómeno se enmarca en un auge más amplio de la minería aluvial, a pequeña escala y sin regulación, que abarca toda la cuenca del Mekong y comprende cientos de yacimientos que operan totalmente al margen de la supervisión oficial, según el Stimson Center, un centro de estudios con sede en Washington.

Los peligros inherentes a esta economía informal están ampliamente documentados. En 2021, en la montañosa provincia noroccidental de Xieng Khouang, siete personas perdieron la vida durante una operación ilegal de extracción de oro, cuando las intensas lluvias desestabilizaron el terreno y provocaron el derrumbe catastrófico de un pozo minero.

Diversos grupos de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales (ONG) de la región llevan mucho tiempo advirtiendo que la desesperación económica en las comunidades rurales —donde la escasez de empleo asalariado y la vulnerabilidad de la agricultura de subsistencia dejan pocas alternativas— empuja a los habitantes locales a asumir riesgos que ponen en peligro sus vidas.

El repunte histórico de los precios mundiales del oro no ha hecho más que intensificar esta tendencia. Atraídos por la posibilidad de obtener ganancias capaces de cambiarles la vida, los buscadores de oro asumen riesgos aún más extremos al adentrarse en cuevas y pozos profundos y sin refuerzos estructurales, incluso durante la peligrosa temporada de lluvias.

Los medios de comunicación estatales de Laos que han cubierto el incidente de esta semana han hecho especial hincapié en las advertencias contra la minería ilegal, resaltando los graves riesgos ambientales y de seguridad que esta actividad plantea para las comunidades rurales, lo cual proyecta una sombra de incertidumbre sobre el futuro de los hombres que han sido rescatados.

Si bien su supervivencia se celebra como un milagro, su triunfo podría verse pronto ensombrecido a medida que las autoridades buscan reprimir el creciente comercio ilícito de oro.

Por ahora, sin embargo, tales inquietudes se mantienen a raya, dado que el rescate ha brindado a estos hombres una segunda oportunidad en la vida.

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Con información de June Jeong y Angie Puranasamriddhi, de CNN.

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