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Las claves de lo que dicen las encuestas sobre las elecciones intermedias de 2026

Por Ariel Edwards-Levy, CNN

¿Se puede confiar en las encuestas? Depende de para qué.

Incluso las encuestas realizadas con mayor esmero son instantáneas imprecisas de la opinión pública, no instrumentos de precisión. Y cuando se utilizan para hacer predicciones, no siempre aciertan. Sin embargo, aunque los sondeos no pueden ofrecer una respuesta inequívoca sobre quién lleva la delantera en contiendas reñidas, a menudo sí retratan con claridad el panorama político.

Los contornos de algunos hallazgos están lo suficientemente definidos como para verse incluso a través de la incertidumbre de un posible margen de error. Encuesta tras encuesta se ha visto que el índice de aprobación del presidente Donald Trump a nivel nacional se sitúa en una franja de entre el 30% y el 35% aproximadamente. Los sondeos también muestran un amplio consenso en que los estadounidenses —preocupados por el costo de vida— tienen una visión mayoritariamente negativa de la economía y de la gestión que Trump hace de ella; que hay poco entusiasmo en los distintos sectores respecto al estado actual de la nación; y que los votantes buscan un cambio de forma abrumadora, aunque no todos coincidan en cómo debería ser exactamente ese cambio.

Del mismo modo, la ventaja de los demócratas en la intención de voto genérica a nivel nacional ha sido lo bastante constante y sólida como para sugerir que el partido goza de una ventaja general; haría falta un margen de error sin precedentes en las encuestas para revertir esa situación. No obstante, hay mucha menos certeza sobre el nivel exacto de esa ventaja o sobre cómo podría traducirse en contiendas individuales. Incluso una pequeña diferencia en la fuerza demócrata respecto a lo que sugieren las encuestas podría marcar la diferencia entre una “ola azul” que penetre profundamente en territorio republicano y una que no logre superar un mapa del Senado muy favorable a los republicanos.

Un aspecto que supone un desafío para los encuestadores este año es la aparición de otro dato que parece ser, al mismo tiempo, un factor decisivo de la contienda y una posible fuente de error en los sondeos: la enorme brecha de entusiasmo partidista a la hora de votar.

Las encuestas —en consonancia con los datos de voto anticipado— han revelado que, en comparación con los republicanos, los demócratas están mucho más motivados para votar este año. Este hecho influye tanto en las gestiones de los encuestadores por conseguir que la gente responda a los sondeos como en sus intentos por identificar qué votantes potenciales acabarán realmente depositando su voto en estas elecciones.

Según Gallup, la ventaja demócrata en cuanto a entusiasmo es la mayor registrada en unas elecciones intermedias desde 1994. Esto se debe en parte a que, especialmente en su segundo mandato, Trump provoca una oposición mucho más ferviente que el apoyo apasionado. Esto también se debe, en parte, a la creciente brecha educativa en la política estadounidense: los votantes con estudios universitarios tienen más probabilidades que aquellos sin título tanto de acudir a las urnas en un año de elecciones de mitad de mandato como de votar por el Partido Demócrata si lo hacen.

Sin embargo, esa misma diferencia en el nivel de entusiasmo también podría estar influyendo en la disposición de los votantes a responder a las encuestas.

En una encuesta realizada por el Washington Post y la Schar School en Kansas, por ejemplo, los demócratas registrados contactados por los encuestadores mostraron una probabilidad mucho mayor de completar el cuestionario que los republicanos registrados. Si bien esta disparidad no ha sido generalizada en este ciclo electoral, la última serie de encuestas del New York Times y Siena College también reflejó un patrón de respuesta similar.

Este tipo de variación, a veces denominada “falta de respuesta diferencial”, no representa un asunto nuevo para los encuestadores. Ciertos grupos de personas siempre han sido más propensos que otros a responder encuestas, entre ellos los adultos mayores, las personas con mayor nivel educativo y aquellas con un mayor compromiso cívico. Los encuestadores corrigen esta disparidad ponderando los resultados para que la composición demográfica de la muestra se asemeje más al universo general de la población que pretenden analizar. Cada vez con mayor frecuencia, este proceso incluye también la ponderación según parámetros partidistas conocidos, como los niveles de afiliación a partidos en un estado o la intención de voto para las elecciones de 2024.

Lo que preocupa a los encuestadores son aquellos patrones que no se corrigen totalmente, ni siquiera tras aplicar ponderaciones basadas en objetivos demográficos y partidistas. Una encuesta podría contar con el número “correcto” de republicanos y demócratas para reflejar el electorado, pero no lograr la combinación adecuada de votantes dentro de cada partido.

No todos los votantes registrados acuden a las urnas en cada elección —la mayoría de los años, un 40% o más se abstiene de votar—, lo cual también puede complicar el panorama para los encuestadores. Para reflejar las opiniones de quienes finalmente votan, los encuestadores identifican a los “votantes probables”; sin embargo, esta labor puede verse obstaculizada por los mismos factores que impiden llegar a los votantes potenciales menos entusiastas.

Está la posibilidad de que ciertos tipos de republicanos estén demasiado desconectados como para responder a las encuestas, pero lo suficientemente motivados como para votar; o bien, que los demócratas más comprometidos y entusiastas aparezcan sobrerrepresentados en los sondeos.

Aunque las encuestas reflejen con precisión la dinámica existente en el momento de su realización, siempre cabe la posibilidad de que se produzca un cambio posterior si los votantes republicanos terminan cerrando filas con sus candidatos en la recta final.

Las últimas encuestas estatales de CNN, por ejemplo, ofrecían a los votantes la opción de declarar que no apoyarían a ninguno de los candidatos en la próxima contienda por el Senado. Incluso tras una pregunta de seguimiento sobre hacia qué opción se inclinaban, entre el 6% y el 8% de los encuestados en cada sondeo afirmó que, entre los dos candidatos principales, no apoyaría a “ninguno” o preferiría a otra persona. La encuesta también instaba a los votantes a elegir qué partido preferirían que controlara el Senado, aun cuando inicialmente hubieran manifestado que el asunto les era indiferente. Al analizar ambas preguntas en conjunto, se observa que, en la mayoría de estos sondeos, los votantes partidarios de que el Partido Republicano controle el Senado fueron más propensos —en comparación con quienes preferían una victoria demócrata— a no elegir a ningún candidato de los partidos mayoritarios: la diferencia fue de unos 9 puntos en Texas, 6 puntos en Kansas y 4 puntos en Michigan.

Esto bien podría reflejar lo que ocurra el día de las elecciones. Los candidatos republicanos en Texas y Kansas, Ken Paxton y Roger Marshall, afrontan problemas de imagen específicos que han dificultado la consolidación del apoyo de su partido; resulta muy plausible que los votantes de tendencia republicana en dichos estados opten finalmente por no participar en la elección. No obstante, esto también sugiere que los demócratas aún no tienen la victoria asegurada. En un conjunto de contiendas relativamente reñidas, este factor podría bastar para reducir significativamente los márgenes o incluso alterar por completo el resultado de algunas elecciones.

Por otro lado, no es seguro que cualquier error en las encuestas favorezca a los demócratas. En los tres últimos ciclos electorales presidenciales, los sondeos subestimaron el porcentaje de votos de los republicanos frente al de los demócratas: alrededor de 3 puntos en 2016 y 2024, y cerca de 5 puntos en 2020.

Sin embargo, no se ha observado un patrón similar en las elecciones de mitad de mandato de la era Trump. Tampoco está garantizado que los errores de las encuestas se manifiesten de la misma manera en los diversos estados en disputa.

Como escribimos en 2024, los datos de las encuestas son un indicador único, aunque imperfecto, de la opinión pública. No obstante, los sondeos en Estados Unidos constituyen, en última instancia, una vía para dialogar con ciudadanos de muy diversos perfiles demográficos, experiencias vitales y puntos de vista, abordando temas que trascienden las elecciones e incluso la política. En una sociedad profundamente fragmentada —y donde las redes sociales suelen reflejar una muestra no representativa dominada por las voces más estridentes—, estas encuestas siguen siendo una herramienta valiosa para comprender al país en su conjunto.

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