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El súper El Niño ya está aquí y seguirá intensificándose

Por Por la meteoróloga Mary Gilbert, CNN

Un fenómeno de El Niño que ya era fuerte acaba de convertirse en un “súper El Niño” al adentrarse en territorio sin precedentes.

Este ciclo climático natural se ha estado intensificando a un ritmo vertiginoso desde que se declaró por primera vez en junio; ahora es más fuerte de lo que jamás había sido en esta época del año, y aún no ha terminado de ganar potencia.

Durante meses, los meteorólogos han previsto que El Niño alcanzaría una intensidad “muy fuerte” o de categoría “súper” para este otoño boreal. El indicador clave de su fuerza ya ha superado ese umbral y seguirá aumentando.

A modo de recordatorio: El Niño se caracteriza por temperaturas del agua superiores a la media a lo largo del ecuador en el océano Pacífico. El agua más cálida desencadena cambios atmosféricos que provocan un efecto dominó en los patrones meteorológicos de todo el mundo.

Una temporada de huracanes activa en el Pacífico —que ha generado múltiples amenazas para Hawai—, una temporada de huracanes en el Atlántico sin tormentas de esta categoría hasta la fecha y los devastadores incendios forestales en Indonesia son solo algunos de los efectos de este El Niño tan intenso.

Cuanto más fuerte es El Niño, mayor es la probabilidad de que influya en estos patrones meteorológicos, aunque esto no garantiza necesariamente impactos más extremos.

Para medir la intensidad de El Niño, los meteorólogos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) calculan cuánto superan las temperaturas de la superficie del mar los valores normales en una región específica del Pacífico, utilizando una métrica denominada Índice Oceánico Niño Relativo (RONI, por sus siglas en inglés) para la región Niño 3.4.

El valor semanal más reciente del RONI alcanzó los 2,0 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit) por encima de la media. Este es el umbral para la categoría “muy fuerte”, la clasificación oficial más alta establecida por los meteorólogos. Es también el punto en el que El Niño recibe el apelativo no oficial de “súper”.

Estos valores semanales de la NOAA ofrecen una imagen fiable de la intensidad de El Niño en tiempo real, lo cual resulta crucial dada la rapidez con la que el fenómeno está ganando fuerza.

Hace un año, estaba presente un episodio débil de La Niña —la contraparte fría de El Niño—, y solo unos pocos años han registrado una transición tan rápida hacia un El Niño potente, incluido el evento más intenso jamás registrado, ocurrido entre 1982 y 1983.

No obstante, el uso de valores semanales supone una ligera desviación de la norma habitual.

La métrica de intensidad más reconocida de la NOAA es el promedio móvil trimestral del RONI. El objetivo de este promedio móvil es suavizar las fluctuaciones a corto plazo de los datos para obtener una media a largo plazo más clara; ese valor se actualiza una vez al mes.

Así es como se construye un registro climático que abarca décadas, pero el desfase en los datos implica que pasarán semanas antes de que esa medición refleje realmente la magnitud actual de este fenómeno de El Niño.

No se trata de un evento habitual: además de ser el fenómeno de El Niño más intenso registrado hasta la fecha, es probable que termine superando en intensidad a cualquier evento anterior.

Según el último pronóstico de la NOAA emitido la semana pasada, existe un 75 % de probabilidades de que, para finales de año, este fenómeno de El Niño alcance su punto máximo como el más intenso desde que comenzaron los registros en 1950.

El fenómeno de El Niño de este año también se desarrolla en un mundo mucho más cálido que durante los eventos récord anteriores, debido al cambio climático. Basta con comparar las temperaturas de la superficie del mar de este año con las de eventos récord pasados para apreciar cómo la contaminación por combustibles fósiles ha cambiado las reglas del juego.

El cambio climático ha modificado literalmente la métrica utilizada para monitorear El Niño. Este evento es el primero en ser registrado mediante el ya mencionado índice RONI de la NOAA, implementado por primera vez en febrero.

La métrica anterior tomaba las temperaturas de la superficie del mar tal cual, pero el RONI resta el aumento de temperatura del océano Pacífico atribuible al cambio climático para determinar la intensidad “real” de El Niño.

Aun así, este fenómeno de El Niño sigue superando etapas en su camino hacia una intensidad récord, que podría alcanzarse a finales de este otoño o principios del invierno.

Se prevé que El Niño alcance su máxima intensidad en invierno —época en la que suele ser más pronunciada su influencia en el clima global—, pero ya ha dejado huella este verano al intensificarse rápidamente.

Ha sido, y sigue siendo, un factor determinante en las temporadas de huracanes tanto del Atlántico como del Pacífico. En el Atlántico, ha elevado a niveles extremos la cizalladura del viento —que impide la formación de tormentas— y los ha mantenido así, incluso durante el periodo que debería ser el de mayor actividad de la temporada. Esto ha provocado una espera récord para la aparición del primer huracán de la temporada.

Por el contrario, El Niño ha evitado que se produzca ese mismo tipo de cizalladura sobre un Pacífico excepcionalmente cálido, lo que ha disparado la actividad. Hasta la fecha, se han formado y desarrollado dieciséis tormentas —incluidos dos huracanes de categoría 5— en las zonas oriental y central del océano; tan solo Hawai se ha visto afectado por tres sistemas tropicales en menos de un mes.

Catorce de esas tormentas se originaron en el Pacífico oriental; dado que aún quedan dos meses y medio de temporada, es muy probable que se supere ampliamente el promedio estacional de 15 tormentas.

Por otra parte, Indonesia lucha contra incendios forestales generalizados y las condiciones podrían empeorar aún más: los años de El Niño provocan una sequedad inusual en el país, lo que deja abundante vegetación extremadamente seca lista para arder y limita las lluvias necesarias para que los equipos de extinción puedan sofocar los incendios activos.

Está claro que El Niño ya desempeña un papel fundamental, pero alcanzará su máxima intensidad en los próximos meses, justo a tiempo para condicionar las condiciones meteorológicas invernales en Estados Unidos.

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