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Los venezolanos empiezan a vislumbrar el impacto del terremoto: “Para todo el mundo va a cambiar la vida”

Por Osmary Hernández y Anabella González, CNN en Español

El miércoles por la tarde, Fernando Muñoz visitaba a un familiar en Caracas cuando los sorprendió el primer terremoto. Su situación podría considerarse privilegiada: más allá de algunos daños materiales en su casa, tanto sus amigos como su familia están a salvo, dice. Pero sabe que las semanas y meses por delante serán difíciles, y que la vida para muchos venezolanos ya no será la misma.

“Para todo el mundo va a cambiar la vida”, dice Muñoz a CNN.

A los años de crisis económica e inestabilidad política en el país se sumó el 3 de enero pasado la captura del presidente Nicolás Maduro en un operativo militar de Estados Unidos, que generó movimientos políticos y cambios en la estructura de poder que aún, para muchos, no están del todo claros. Ahora, las consecuencias de esta tragedia vuelven a poner presión sobre un escenario ya complejo.

“Veníamos de un momento ya crítico como país a nivel económico. Muchas personas no están preparadas para un gasto así”, dice Muñoz mientras habla de los daños que los dos terremotos consecutivos y las cientos de réplicas posteriores han dejado en su departamento y en miles de edificaciones de Venezuela.

Al menos 383 edificios han sido afectados de manera total o “importante”, la mayoría de ellas en el estado La Guaira, dijo este viernes el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, en la actualización más reciente sobre los daños de los sismos en el país. Son más de 1000 las infraestrcturas dañadas en total, agregó.

Un análisis de CNN señala que décadas de crisis económica y corrupción generalizada en Venezuela sugieren que muchos edificios construídos en las décadas de 1950, 1960 y 1970 probablemente han recibido un mantenimiento deficiente.

Muñoz cuenta que, en las primeras horas, muchos venezolanos pensaban que por los efectos del terremoto serían necesarias algunas remodelaciones, pero que ahora lo que ven “es una reconstrucción casi completa”, dice. “Van a venir momentos muy difíciles para el venezolano”.

Él tendrá que reconstruir gran parte de su hogar, ubicado en Los Palos Grandes, al este de Caracas. Paredes dañadas y agrietadas, puertas trabadas, y una pared interna que se derrumbó le hacen pensar que será costoso afrontar el gasto necesario para volver a habitar su casa.

Mientras tanto, para otros, la reconstrucción se vislumbra más difícil aún.

En la plaza Altamira Sur, las carpas de colores son parte del paisaje. En lo que parece un campamento urbano, decenas de venezolanos pasaron su segunda noche por el riesgo de nuevos derrumbes en sus casas. Muchos de ellos no saben todavía si tendrán un hogar al que regresar una vez que ya las autoridades determinen que es seguro volver.

En La Guaira, Zoely Parra intentaba el jueves por la tarde recuperar unas pocas pertenencias de su madre, Mercedes, que logró salir a tiempo y sobrevivir a los daños del edificio en el que vivía desde hace alrededor de 20 años.

“Estamos recuperando sus cosas, por lo menos lo que quedó a la intemperie, tratando de sacar lo más que se pueda”, cuenta Parra a CNN mientras señala a su izquierda una estructura que apenas se sostiene entre paredes rotas y caídas. Detrás de ella hay algunos cuadros y grandes bolsas negras con ropa de su madre que logró recolectar.

Este popular destino turístico venezolano, que hasta hace días era uno de los sitios de playa más importantes del país, ahora se asemeja a una zona de guerra, como sus propios residentes lo han descrito.

Una ciudad a orillas del mar Caribe con edificios y resorts que, luego de apenas horas en las que dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el país, se volvió un escenario irreconocible.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, visitó el jueves el estado La Guaira, donde tuvo una reunión con funcionarios para evaluar la situación. Aseguró que la prioridad “se centra en agilizar la toma de decisiones operativas para salvaguardar la vida de la población y asistir a las familias afectadas”, de acuerdo con el comunicado que difundió la Presidencia de Venezuela.

Ángel Pimentel, de 45 años, pasó la noche del miércoles a la intemperie junto a su esposa y su hijo. A su alrededor hay un colchón y algunos electrodomésticos que lograron sacar de su edificio de departamentos, ubicado a unos cien metros de donde ellos están sentados.

“Solo pude recuperar lo poco que se ve. Nadie quiere quedarse sin su residencia, son cosas de la naturaleza, cuando pasan tienen que pasar… qué podemos hacer”, dice Pimentel a CNN.

Al igual que ellos, hay más de 69.000 familias afectadas en el estado, de acuerdo con la información oficial, y este viernes el Gobierno venezolano informó que distribuyó 2.600 toneladas de alimentos y agua potable ante la emergencia.

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Con información de Mary Triny Mena.

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