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El último truco del mago: por qué Messi todavía puede definir un Mundial

Por Esteban Campanela, CNN en Español

Algo en su gesto había cambiado. Se lo veía pleno, relajado, feliz. Atrás quedaban todos los fantasmas que lo habían acosado durante años. Había conseguido el título más importante de todos, el que se le escapó por poco en 2014. Pensar que, unos años antes, había renunciado a la selección argentina tras otra final perdida.

Abandonar, sin embargo, no está en su ADN. Volvió sin haberse ido y ganó todo. Buscó a su familia en la tribuna del estadio Lusail. “Ya está, ya está”, les dijo, desde lejos. Era la imagen de un veterano al que ya no le quedaban desafíos.

Seis meses después de esa final dijo en una entrevista al medio chino Titan Sports: “Este fue mi último Mundial”. En julio de 2023 dejó las competitivas ligas europeas para jugar en el Inter Miami. Quería un lugar más tranquilo para disfrutar de su familia, y ya no tenía nada que probar. Las dudas habían sido despejadas y un amplio consenso empezaba a afianzarse: es el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos.

Sin embargo, quienes lo daban por retirado olvidaron algo muy importante. No solo es el mejor por su talento descomunal. También los es por su inacabable sed de gloria. Necesita competir y necesita ganar. Messi es adicto a ganar.

Tan solo tres meses después de esa primera declaración, en una conversación con el medio Olga planteó la duda sobre si iba a disputar otra Copa del Mundo: “No lo pienso todavía porque está lejos. […] Después de la Copa América se verá, depende cómo me encuentre yo”. Y, así las cosas, con 38 años (y 39 que cumplirá el 24 de junio) va a jugar su sexto Mundial. Y no va a Norteamérica de paseo. Messi siempre juega para ser campeón.

Desde que sonó el silbatazo final en Qatar 2022 hasta el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá, Messi jugó 153 partidos, convirtió 118 goles y brindó 68 asistencias. Consiguió seis títulos: la Ligue 1 y el Trofeo de Campeones con el PSG, la Copa América 2024 con Argentina y la Leagues Cup, Supporters’ Shield y la MLS con el Inter Miami. Además, su selección finalizó primera en las eliminatorias sudamericanas.

Si bien la MLS es una liga de menor nivel que las europeas, cada vez que le tocó disputar un encuentro ante jugadores de élite, ratificó su nivel. Tanto en la Copa América como en la clasificatoria mundialista, fue clave para Argentina. Y con Inter Miami no sólo disputó el Mundial de Clubes, sino que logró una sorpresiva clasificación a octavos de final.

Su vigencia es innegable. En el último partido que disputó, el amistoso ante Islandia, ingresó a los 70 minutos desde el banco de suplentes y segundos después brindó un pase mágico para dejar a Lautaro Martínez cara a cara con el arquero, que lo derribó dentro del área. A los 72 minutos, Messi convirtió ese penal. Es decir, en 120 segundos de juego dio una asistencia e hizo un gol. Así de determinante sigue siendo. De paso, rompió otro récord: se convirtió en el jugador más veterano en anotar con la selección argentina.

En la final de la Copa América 2024 ante Colombia se vivió un momento dramático. El capitán argentino se derrumbó en pleno partido, hizo un gesto hacia el banco de suplentes y dejó el campo de juego. El planeta se estremeció con la imagen de Messi llorando desconsolado, como si fuese su primera final. O como si fuese una final en su barrio natal de Rosario. Así vive el fútbol. A pesar de ya haber sido campeón de América y del mundo, Messi quería ganar. Lloraba de bronca por no poder terminar el partido.

Sus compañeros le devolvieron la sonrisa al derrotar al conjunto cafetero y demostraron que Argentina es un equipo con mucho talento, que mejora mucho con su capitán, pero que no depende exclusivamente de él. Esa lesión en el tobillo lo mantuvo 59 días afuera de las canchas: fue la tercera más grave de su carrera.

Tras esa afección, el rosarino fue más cuidadoso de lo que solía ser. Históricamente ha querido disputar todos los minutos de todos los partidos. Incluso discutió con algunos entrenadores que querían sustituirlo para cuidarlo. Ya no está en esa etapa. Elige preservar su físico y ahora no es una rareza que lo reemplacen o incluso que comience algún encuentro desde el banco. Para ser un verdadero crack, un jugador de fútbol no sólo necesita un inmenso talento, sino también una inteligencia aguda. El zurdo de Rosario sabe que ya no tiene 20 años y administra sus esfuerzos.

Siempre fue muy prudente en sus declaraciones públicas sobre si iba o no a disputar un nuevo Mundial. Pero hay indicios que muestran que estaba ilusionado. No fue él, sino su compañero Rodrigo De Paul el que reveló una preparación especial en una entrevista con Lo Del Pollo: “Hace tres meses que tenemos un plan de entrenamiento más allá de lo que hacemos en el club para llegar al Mundial de la mejor manera. Hacemos doble turno. Nos matamos”.

El vigente campeón del mundo y bicampeón de América llega al torneo como uno de los grandes candidatos. Mantiene la base del equipo que se consagró en Qatar y sumó talentos jóvenes, aunque sufrió el retiro de la selección de Ángel Di María. Además, muchos jugadores que fueron campeones del mundo están en un mejor momento ahora que hace tres años y medio. Argentina es un equipo con oficio, que está acostumbrado a ganar. Pero esa costumbre no lo lleva a perder ambición, sino que actúa como un reductor de presión.

Los números son impresionantes. Entre ambas Copas del Mundo, el seleccionado disputó 39 partidos: ganó 32, empató tres y perdió cuatro. Eso es una efectividad del 84% de los puntos. Convirtió 89 goles y le convirtieron 17. En la Copa América de 2024 fue campeón invicto y en las eliminatorias sudamericanas finalizó puntero, a nueve puntos (seis si no hubiera habido sanción) de Ecuador. El dominio en Latinoamérica fue total. Ahora le resta medirse con las fuertes selecciones europeas.

No es tarea fácil ser bicampeón del mundo. Únicamente lo lograron Italia (1934-1938) y Brasil (1958-1962) cuando sólo participaban 16 equipos (y en Francia 1938 sólo fueron 15 por la anexión de Austria a la Alemania nazi). Ahora serán 48 conjuntos y el ganador disputará ocho encuentros.

El sorteo no favoreció a la Albiceleste. Si se dan los resultados lógicos, debería enfrentar a Uruguay o España en dieciseisavos de final. Y si todo continúa como es esperado, se daría un choque de titanes que amenaza con quebrar récords de audiencia globales: Messi se mediría ante Cristiano Ronaldo en cuartos de final. Uno de los dos escribiría el punto final de la carrera de su némesis futbolístico en Mundiales. A todo o nada.

Solo 21 jugadores pudieron levantar el trofeo más importante del fútbol en dos ocasiones. Pelé es el único que lo ganó tres veces. Además, fueron bicampeones otros 15 brasileños, cuatro italianos y un argentino. La tarea es muy difícil, pero Messi está acostumbrado a romper récords.

Lionel Andrés Messi es adicto a ganar. Es un jugador que ganó todo, pero que juega como si no hubiese ganado nada. En una entrevista con Lo Del Pollo respondió cómo hace para mantener el hambre de gloria: “Porque amo jugar a la pelota, y lo voy a hacer hasta que no pueda más. Soy competitivo. Me gusta ganar a todo. Ni a mi hijo en los jueguitos lo dejo ganar. Si bien a veces es feo porque no sé perder, me cuesta perder, también es lo que me llevó a ser quien soy”.

El mundo está por descubrir si este mago del fútbol tiene un último gran truco en su galera.

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