Dijeron que no podía viajar debido a su discapacidad. Ya ha visitado los siete continentes
Por Sandee LaMotte, CNN
A sus 36 años, Cory Lee cuenta con un historial de viajes que pocos pueden igualar: 56 países y los siete continentes (sí, incluida la Antártida).
Lo más notable es que ha logrado esta hazaña utilizando una silla de ruedas eléctrica de unos 180 kilos (400 libras), enfrentándose no solo a los desafíos de recorrer el mundo, sino también a formidables barreras de accesibilidad.
“Físicamente, no puedo usar el baño en un avión; por eso, suelo pasar un par de días antes del vuelo sin comer ni beber casi nada”, comentó Cory a CNN. “El día del vuelo, tienen que levantarme de mi silla de ruedas para trasladarme al avión y colocarme en mi asiento. En varias ocasiones, me les he caído”.
“Me preocupa constantemente si mi silla de ruedas eléctrica sufrirá daños en la bodega de carga, ya que, a menudo, no la sujetan”, añadió. “Es algo que ocurre todo el tiempo: hace un par de años, al llegar a Barcelona, la rueda delantera estaba partida por la mitad. En Atlanta, faltaba el mando de control (joystick) y no pude salir del aeropuerto”.
El esfuerzo que le supone a Cory viajar es “una locura, muchísimo mayor del que yo tengo que realizar”, afirma Kelly Narowski, amiga de Cory y defensora de los derechos de las personas con discapacidad, quien utiliza una silla de ruedas manual tras perder la movilidad de sus piernas en un accidente automovilístico.
“Su nivel de determinación y perseverancia resulta inspirador tanto para mí como para muchos otros, y no uso la palabra ‘inspirador’ a la ligera”, señala Kelly, quien ha viajado junto a Cory a Chile, España, Grecia, México, República Dominicana y las Bahamas.
Cory comparte sus aventuras y ofrece consejos sobre accesibilidad en su popular blog de viajes, “Curb Free with Cory Lee”, que llega a una audiencia internacional compuesta por personas usuarias de sillas de ruedas y sus cuidadores, todos ellos en busca de formas de enriquecer sus vidas.
“Alguien lo reconoció en un pequeño pueblo de Chile, y también en España”, cuenta Kelly. “Él enseña a los jóvenes con discapacidad que, a pesar de todo, pueden viajar. Es algo realmente conmovedor; de verdad, cambia vidas”.
Desde que comenzó su blog en 2013, Cory ha vivido tantas aventuras que le resulta difícil elegir sus favoritas. Un safari en África destaca entre ellas: “Pude tocar a un hipopótamo; todo el viaje fue, en realidad, una experiencia increíble”.
Tailandia, cuenta Cory, “me dejó boquiabierto: pude alimentar a elefantes y un monje me hizo un tatuaje en un monasterio; ¡fue algo realmente extraordinario!”.
“He practicado parapente en los Alpes suizos, me he lanzado en tirolesa y he esquiado sobre nieve”, relata. “Viajar me impulsa a salir de mi zona de confort y a abrirme al mundo”.
Al llegar a la Antártida, Cory recuerda haber llorado. “Fue un momento muy emotivo para mí, porque había trabajado mucho y durante tanto tiempo para llegar hasta allí”, comentó a CNN en un perfil publicado en 2020.
Una de sus experiencias más inusuales fue un paseo en camello en Marruecos, en 2018; fue el primero de muchos viajes grupales anuales, bajo el nombre “Curb Free”, que Cory organiza para personas que utilizan silla de ruedas.
“Una empresa en Marruecos inventó la primera montura para camello adaptada del mundo”, explica. “Nunca olvidaré estar sobre aquel camello, contemplando las dunas del desierto del Sahara, pellizcándome y pensando: ‘¿Es esto real?’. Nunca imaginé que, como usuario de silla de ruedas, podría vivir una experiencia así”.
La madre de Cory, Sandy Gilbreath, de 57 años, es su compañera de viaje inseparable; ella se encarga de casi todo: el equipaje, las reparaciones de la silla de ruedas, la búsqueda de baños, las comidas, el aseo y la hora de dormir.
“Él ha cambiado mi vida por completo, así como mi forma de ver a otras personas con discapacidad”, confesó Sandy a CNN. “Ahora, cuando veo a alguien en silla de ruedas, lo primero que percibo es a la persona”.
“La silla de ruedas no es lo que les causa la discapacidad; al contrario, es su libertad, su independencia”, añade. “El verdadero problema reside en la sociedad y en las limitaciones que el mundo impone a las personas con discapacidad”.
Cuando a Cory, de un año de edad, le fallaban las rodillas al intentar caminar, Sandy supo que algo andaba terriblemente mal.
“Sus piernas simplemente cedían, y su cabeza llegaba a golpearse contra el suelo antes de que yo pudiera acercarme corriendo para evitarlo”, relató. “Lo llevé a varios pediatras y preguntaba: ‘¿Es esto normal? ¿Qué está pasando?’. Ellos solo respondían: ‘Oh, eres una madre sobreprotectora’. Finalmente, cuando cumplió los dos años, dije: ‘Tenemos que hacer algo’, así que le realizaron una biopsia muscular”.
A Cory le diagnosticaron atrofia muscular espinal (AME) tipo 2, un trastorno genético progresivo causado por la pérdida de neuronas motoras en la médula espinal. Después de la fibrosis quística, la AME es la segunda enfermedad hereditaria grave más frecuente en la infancia.
A medida que la enfermedad avanza, los músculos se deterioran, lo que limita la capacidad de mantener la cabeza erguida, sentarse sin apoyo, levantar los brazos o incluso respirar. Tradicionalmente, alrededor del 70% de las personas con AME llegan a los 25 años; algunas alcanzan la treintena.
“Fue devastador, absolutamente devastador”, dijo Sandy. “Llamé a mis padres y les dije: ‘Tiene una enfermedad degenerativa muscular para la que no existe cura, y la situación solo va a empeorar con el tiempo’”.
“Ese día contestó mi padre; él siempre ha sido mi pilar, mi apoyo incondicional”, comentó. “No dudó ni un segundo. Me dijo: ‘Las personas pueden tener muchos problemas de salud, pero lo que marca la diferencia es cómo afrontas esos desafíos’. Desde ese día, pensé: ‘Esto es lo que hay. Así es la vida’”.
“Vamos a aprovecharlo al máximo y, a partir de ahí, seguimos adelante”.
La enfermedad avanzó rápidamente. A los 4 años, Cory dependía de una silla de ruedas eléctrica, lo que requería una furgoneta adaptada. Sandy, que para entonces era madre soltera, no tenía dinero para una rampa adecuada ni para el equipo que habría facilitado su cuidado.
“Cuando digo que éramos pobres, no es ninguna exageración”, comentó. “Me costaba mucho comprar comida o conseguir dinero para la gasolina necesaria para llevarlo a sus terapias —terapia en el agua, porque allí no sentía su peso y podía mover los brazos y las piernas—. El centro estaba a 45 minutos de casa y debíamos ir tres días a la semana; a veces, ni siquiera tenía para la gasolina”.
A pesar de las dificultades que enfrentaba la familia, Cory salió adelante. Carolyn Huggins, quien fue su cuidadora diaria durante toda su etapa escolar —desde la primaria hasta la secundaria— en su pequeño pueblo rural de Georgia, recuerda a Cory como un niño sumamente inteligente y “muy sensible a los sentimientos de los demás”.
“Las chicas de la escuela adoraban a Cory”, cuenta Carolyn. “Siempre querían ayudarlo durante la jornada escolar: le llevaban la mochila, la bandeja del almuerzo, lo que fuera. Creo que era porque Cory era un chico muy dulce; simplemente, le encantaba la gente”.
Cory aprovechó cada oportunidad que se le presentó. Fue vicepresidente del consejo estudiantil en dos ocasiones y formó parte del Club de Alemán, el Club Beta y el Club de Teatro. Además, participó en actividades fuera del ámbito escolar, protagonizando varias obras de teatro en el noroeste de Georgia.
“A veces digo, en tono de broma, que tengo la impresión de que Cory ni siquiera era consciente de su discapacidad”, comenta Sandy. “Es evidente que, a nivel mental, conocía sus limitaciones, pero nunca se comportó como alguien con una discapacidad. Le gustaba ser el centro de atención; jamás se mostró tímido, avergonzado ni trató de ocultar su silla de ruedas. No sé de dónde le venía esa actitud, pero me alegra mucho que la tuviera”. Cory atribuye su actitud positiva ante la vida a su familia, y especialmente a su madre.
“Cuando yo era pequeño, mi madre siempre me decía: ‘Si no puedes ponerte de pie, destaca’. Ese ha sido un lema que me ha acompañado siempre”, cuenta Cory. “Además, como nunca he conocido una vida fuera de una silla de ruedas, no me considero necesariamente una persona con discapacidad”.
“La sociedad me ve así, pero yo no. Me enseñaron a destacar siempre y a superar cualquier situación que la sociedad pretenda imponerme”.
Mientras se acercaba el momento de graduarse con una licenciatura en marketing, Cory comenzó a buscar empleo, aunque con poco éxito. Entonces, surgió una oportunidad: una agencia de publicidad le pidió que viajara a Pensilvania para una entrevista.
“Estaba muy emocionado. Al día siguiente, volé a Pittsburgh”, relata Cory. “Nada más entrar en el despacho del responsable de contratación, este me miró de arriba abajo; enseguida me di cuenta de que, en realidad, solo veía la silla de ruedas y no a la persona”.
Antes de que empezara la entrevista, ya había terminado.
“Ni siquiera pasaron cinco minutos”, contó Sandy, quien esperaba en el vestíbulo. “Cory salió enseguida, con lágrimas recorriéndole el rostro. Me dijo que el responsable de contratación lo miró y le comentó: ‘Este puesto requiere muchos viajes, y definitivamente usted no es el candidato más adecuado para ello’. Dicho esto, el hombre salió de la sala”.
“Resulta increíble, dado que la carrera profesional de Cory gira precisamente en torno a los viajes. Pero, mientras regresábamos a casa tras aquella entrevista, ambos llorábamos en el avión y yo me preguntaba: ‘¿Cómo será su vida a partir de ahora? ¿Qué hará? Nadie es capaz de ver más allá de su silla’”.
Irónicamente, antes de la entrevista, Cory soñaba con realizar un viaje a Australia tras su graduación. Sus búsquedas en internet sobre información para viajes accesibles no dieron resultados, lo que puso de manifiesto un obstáculo más para las personas con discapacidad.
“Pensé en crear un blog sobre viajes accesibles como simple pasatiempo; jamás imaginé que terminaría ocupando un lugar tan central en mi vida. Aun así, ha sido lo mejor que me ha podido pasar”, comentó Cory. “Por fin puedo conectar con otras personas que realmente entienden lo que significa vivir y viajar con una discapacidad. Ha sido la mejor experiencia del mundo”.
A medida que la audiencia de Cory en internet crecía, empezó a recibir invitaciones para dar charlas y asistir a conferencias profesionales sobre viajes accesibles, lo que amplió su alcance.
“Varios destinos turísticos comenzaron a contactarlo con propuestas del tipo: ‘Si vienes y muestras lo que ofrecemos, nosotros cubrimos los gastos’. ‘Te pagaremos’. Para Cory y para mí, esto se ha convertido en algo increíble”, comentó Sandy.
A medida que la empresa prosperaba, Sandy pudo dejar su trabajo como especialista en Medicaid y dedicarse a tiempo completo a este proyecto, documentando sus viajes mediante videos y fotografías, además de gestionar las redes sociales. También escribe libros infantiles junto a Cory y forma parte de la junta directiva de The Curb Free Foundation, una organización sin ánimo de lucro que pusieron en marcha en 2022 para ofrecer becas de viaje a personas que utilizan silla de ruedas.
“Me brindaron la oportunidad de hacer realidad un sueño”, señaló Maylan Chavez, una apasionada de la cultura francesa residente en Florida, quien obtuvo una beca para visitar París tras años estudiando francés.
“Cuando estaba en la ópera o en el Louvre, no podía evitar llorar un poco y decir: ‘¡Guau, no puedo creer que esté aquí! ¡No puedo creer que lo haya logrado!’”, relató Maylan, quien además padece atrofia muscular espinal (AME) tipo 2.
“Muchos de nosotros, con AME, ni siquiera podemos hacer un viaje de tres horas por carretera, ya sea porque no tenemos los medios, porque no disponemos de un vehículo accesible o porque no contamos con cuidadores que nos acompañen”, explicó. “Sé que muchas personas en nuestra situación están confinadas en casa; por eso, ver a Cory viajar a Indonesia y a otros lugares del mundo, y luego tener la oportunidad de realizar un viaje yo misma, ha sido algo increíble”.
A medida que su salud ha empeorado en los últimos años, Cory se ha propuesto visitar tantos lugares como sea posible antes de que viajar se vuelva demasiado difícil. Él y su madre realizaron 24 viajes en un periodo de seis meses durante 2025 y, en lo que va de 2026, han hecho 17 viajes en cuatro meses. Los planes para el próximo año incluyen Beijing, Hong Kong y cuatro viajes en grupo a Italia, además de otros proyectos futuros.
Sandy también se preocupa por su propia salud. A pesar de realizar ejercicios de fortalecimiento central a diario desde hace años —200 abdominales antes de acostarse y 50 sentadillas mientras se cepilla los dientes por la mañana—, teme que el esfuerzo físico que supone subir y bajar a Cory de aviones, taxis, trenes y tranvías pueda pasarle factura.
“No solo me preocupa su salud o que su equipo sufra daños; también me preocupo por mí. ¿Qué pasaría si me enfermo durante un viaje? ¿Quién lo ayudará a él?”
“Intento mantener una actitud positiva, de verdad. Siempre trato de ver el vaso medio lleno. Pero, por dentro, duele ver a tu hijo esforzarse incluso para levantar los brazos y poder comer. Veo cómo su estado va decayendo”, confiesa Sandy. “Aun así, vivo el presente. Seguiremos haciéndolo mientras yo pueda y él esté dispuesto a permitirme ayudarlo”.
Para Cory, el deseo de seguir viajando pesa más que las dificultades. Viajar le hace sentirse vivo, y espera pasar años dedicándose a lo que más le gusta, desafiando al mismo tiempo las expectativas limitadas que la sociedad tiene sobre las personas con discapacidad.
“Tengo el mejor trabajo del mundo”, afirma Cory. “Espero que mi legado sirva para mostrar a las personas sin discapacidad de lo que somos capaces quienes vivimos con una discapacidad; que podemos lograr mucho y disfrutar de experiencias increíbles. Cuanta más información y visibilidad logremos transmitir al mundo, mejor”.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.