Los votantes latinos, los centros de datos y los tropiezos republicanos dan a demócratas en Texas su mayor ilusión en 20 años
Por Edward-Isaac Dovere, CNN
“¿Y ahora qué?”, preguntó Gina Hinojosa, mirando la casa a medio construir al otro lado del terreno, donde la cuadrilla no se había presentado esa mañana.
¿Habrían detenido a los trabajadores? ¿Vendrían mañana? ¿Simplemente llegarían tarde?
“Tu suposición es tan buena como la mía”, dijo Ronnie Cavazos, presidente de la Alianza de Constructores del Sur de Texas, mientras guiaba a la candidata demócrata a gobernadora en un breve recorrido por un vecindario que había tenido una gran demanda de viviendas para los nuevos trabajadores de SpaceX, la empresa de Elon Musk.
Cavazos tiene una larga lista de problemas a los que se enfrenta su sector. Los aranceles han elevado el precio de la madera y otros materiales. Las redadas de inmigración en los lugares de trabajo provocaron un temor mucho más generalizado entre una fuerza laboral preocupada por quedar detenida indefinidamente si salía de casa. La inflación elevó todos los costos, al igual que las tasas de interés más altas sobre los terrenos que permanecieron sin terminar durante mucho más tiempo. Y, además, está el aumento histórico del precio del diésel.
De pie sobre unos cimientos en los que no se ha construido nada desde que se vertió el concreto 60 días antes, Cavazos dijo que él no votó por el presidente Donald Trump, pero que conoce a muchos que sí lo hicieron hace dos años, especialmente en estas localidades de la frontera entre Estados Unidos y México, donde los latinos se inclinaron marcadamente por el presidente en lo que muchos consideraron entonces una señal de lo desconectada que estaba la comunidad del Partido Demócrata.
El Partido Republicano ha controlado todos los cargos estatales de Texas durante casi dos décadas. Pero una combinación de factores económicos, la reacción nacional contra las redadas de inmigración y el crecimiento de la inteligencia artificial, además de que el Partido Republicano está postulando a candidatos con mucho lastre que podrían ofender a los votantes moderados, hace que este otoño sea quizá la oportunidad más probable para que los demócratas rompan el control unipartidista del segundo estado más grande del país.
“La diferencia es que antes pensábamos que podíamos ganar solo por lo malo que era el otro bando y por el carisma del nuestro. Y eso no basta”, dijo Hinojosa más tarde esa tarde, sentada en el pequeño café de una librería independiente de Brownsville. “En este ciclo electoral nos han caído regalos en medio de una tormenta perfecta de circunstancias que han confluido. Tenemos un sólido esfuerzo coordinado como no lo habíamos tenido en la historia moderna, en el que todos trabajamos juntos sin fisuras para asegurarnos de movilizar el voto en el estado”.
Esa coordinación significa que Hinojosa aparece ocasionalmente con su colega de la Cámara de Representantes de Texas, el candidato demócrata al Senado James Talarico, quien libra una reñida contienda por el Senado contra el fiscal general del estado, Ken Paxton, salpicado por varios escándalos. Pero, en su mayor parte, se dividen para abarcar más territorio en el enorme estado, la primera vez en el siglo XXI que hay más de un demócrata fuerte compitiendo por un cargo estatal.
Barack Obama ya hizo una aparición conjunta sorpresa con ambos en Taco Joint, en Austin, y ellos, a su vez, han estado presentando en sus propios actos a candidatos a la legislatura estatal y a otros cargos locales, mientras que Talarico está redirigiendo US$ 600.000 de la enorme cantidad de fondos nacionales que ha estado recaudando hacia campañas locales. Por primera vez desde al menos 1972 —hasta ahí se remontan los registros del Partido Demócrata de Texas—, los demócratas presentan candidatos para todos los escaños de la legislatura estatal; muchos de ellos fueron reclutados en parte por el grupo Powered by People de Beto O’Rourke, que además ya ha recopilado casi 100.000 números de teléfono celular mientras registra y organiza a votantes, principalmente en campus universitarios.
“Es una locura que esto esté sucediendo en Texas”, declaró O’Rourke a CNN mientras conducía de una parada a otra. “Pero está sucediendo por una razón”.
Luego, apenas la semana pasada, el candidato republicano a comisionado estatal de ferrocarriles publicó una foto de estudiantes de piel morena en un partido de fútbol americano de la Universidad de Texas y dijo que la sustitución de estadounidenses por extranjeros está “en todas partes y es mucho peor de lo que cualquiera de nosotros podría imaginar”. Muchos republicanos consideraron esa publicación tan racista que el célebre estratega republicano Karl Rove dijo en un artículo de opinión: “Este noviembre votaré por apenas el segundo demócrata de mi vida”. (El primero fue el exvicegobernador Bob Bullock, el último demócrata en ganar una elección estatal).
Pero incluso los demócratas más entusiastas que trabajan en el estado admiten que los enormes fondos de campaña del gobernador republicano Greg Abbott, sumados al ingente gasto de grupos aliados con Trump y Musk, dificultarán lograr un gran avance.
Toda conversación sobre las esperanzas de los progresistas está marcada por los recuerdos de cuando esas esperanzas se vieron frustradas, desde Wendy Davis hasta O’Rourke y Colin Allred. Pero también creen que este año quizá hayan dado, casi por casualidad, con la manera de hacerlo realidad.
El año pasado, Abbott respaldó las exigencias de Trump de redibujar los mapas de los distritos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos basándose en parte en el Valle del Río Grande, la zona más meridional del estado. Los republicanos apostaron a que los latinos que contribuyeron a darle amplias victorias al presidente en los cuatro condados de la región eran votantes con los que podían contar cuando él no figurara en la boleta.
Una encuesta reciente del Texas Politics Project de la Universidad de Texas revela que los votantes latinos del estado tienen una opinión negativa de Trump: el 51 % lo ve desfavorablemente y el 41 % favorablemente, después de que en octubre de 2024 estuvieran divididos por igual, con un 48 % en cada caso. Esas cifras reflejan un giro nacional más amplio de los latinos contra Trump y el Partido Republicano.
Los votantes de aquí presenciaron el fuerte aumento de los cruces no autorizados de migrantes que se convirtió en un lastre primero para el expresidente Joe Biden y luego para Kamala Harris, cuando la entonces vicepresidenta tomó las riendas de su campaña. Esos cruces se han desplomado durante el segundo mandato de Trump. Pero los demócratas ven una oportunidad de recuperar esta región en medio de las dificultades económicas y el pronunciado aumento de los arrestos y deportaciones de inmigrantes sin antecedentes penales.
La campaña de Hinojosa sostiene que, si ella y Talarico obtienen el mismo porcentaje del voto latino que O’Rourke consiguió en 2018 (y mantienen estable el apoyo entre los demás votantes), eso sería suficiente para ganar, dado el crecimiento de la población y los cambios demográficos.
El senador Ruben Gallego, quien hizo campaña con Hinojosa en la primavera, dijo que ve entre los latinos de Texas posibilidades similares a las que se dieron cuando ganó su escaño en Arizona en 2024, aun cuando Trump también ganó en su estado. “No permitan que las ideas preconcebidas y el desempeño pasado les hagan pensar que eso predecirá el desempeño futuro. Realmente creo que las cosas están cambiando muy rápido en Texas”, dijo Gallego, y agregó que les diría a los escépticos líderes demócratas: “Están enojados por lo que pasó con los latinos en 2024. Una manera de cambiar realmente ese entorno es, de hecho, conseguir buenos candidatos, y les conseguimos buenos candidatos”.
Hinojosa nunca habla de manera activa sobre la posibilidad de convertirse en la primera gobernadora latina, incluso cuando se le insiste, pero sí se refiere con frecuencia a lo que significaría ser la primera gobernadora proveniente del Valle, donde creció y cursó la secundaria. Cuando un periodista le preguntó después de su mitin en Brownsville cómo se sentía al estar de regreso en casa, habló de que, adondequiera que iba, la gente se presentaba como primos perdidos, y luego cambió al español para responder la siguiente pregunta.
El representante Vicente Gonzalez, el demócrata de la Cámara de Representantes que intenta conservar uno de los escaños que los republicanos pusieron en la mira con la redistribución de distritos, tiene un anuncio que se emite con mucha frecuencia en la televisión local en el que se queja de que los medicamentos cuestan la mitad al otro lado de la frontera. Ese anuncio está dirigido a las personas que habitualmente esperan en el tráfico de los puentes fronterizos para surtir sus recetas en ciudades como Matamoros o Progreso.
Bobby Pulido, la estrella de la música tejana que entró en la política para competir contra la representante republicana Mónica de la Cruz, dijo a CNN que está destacando los valores conservadores compartidos y abordando las necesidades de la región con el ingreso per cápita más bajo del estado. Se alió desde el principio con Talarico y comenzó a hacer más actividades con Hinojosa a medida que su campaña cobraba fuerza, incluso en un mitin de 2.500 personas celebrado el mes pasado en el que participaron los tres en Beeville, ubicada en un condado cuya población es un 64 % latina y donde el 70 % votó por Trump en las últimas elecciones.
Los llamados a los latinos no solo definirán 2026 en Texas y más allá, sino también las elecciones presidenciales de 2028 y, aún más, la contienda de 2032, a medida que las tendencias demográficas desplacen el Colegio Electoral más hacia el sur.
“Los latinos”, dijo Pulido, “son el enigma que ni los republicanos ni los demócratas han podido descifrar”.
Aun así, este es un estado que Trump ganó por 14 puntos hace apenas dos años, el mayor margen para los republicanos en el estado desde que algunos asesores de Obama salieron de su campaña de reelección de 2012 prometiendo convertir el estado en demócrata con un grupo llamado Battleground Texas —que pronto prácticamente desapareció— y donde Abbott derrotó a O’Rourke por 11 puntos hace cuatro años.
Con casi US$ 70 millones en efectivo disponible, según se informó a principios de este verano, la campaña de Abbott está intensificando sus esfuerzos para tocar millones de puertas y gastar millones de dólares en anuncios.
Eduardo Leal, secretario de Prensa de Abbott, no puso al gobernador a disposición para una entrevista y se negó a responder varias preguntas sobre si Abbott debatirá con Hinojosa o si cree que el apoyo a Trump está en los mismos niveles que en 2024.
Abbott “ha dedicado su gestión a reducir impuestos, controlar el gasto y dejar más dinero en los bolsillos de los texanos, ayudando a hacer de Texas uno de los estados más asequibles del país”, dijo Leal. “Y está concentrado en hacer aún más para reducir los impuestos sobre la propiedad y el costo de la vivienda, los seguros, la atención médica, la electricidad y la universidad. Gina Hinojosa ofrece lo contrario: impuestos más altos y costos más elevados. Puede usar el lema de campaña que quiera”.
En McAllen, en un bar al aire libre llamado The Gremlin, Hinojosa pidió a la multitud que levantara la mano si confiaba en el Gobierno. Nadie lo hizo.
En un centro de llamadas instalado en una tienda de bicicletas y cafetería de Brownsville, se llevó la mano a la frente mientras una mujer al otro lado de la línea le contaba que tenía que ayudar a pagar las facturas de electricidad de su madre y que estaba tan atrasada en el pago de los intereses de su impuesto sobre la propiedad que iba a mudarse a una casa rodante.
“No está sola”, le dijo Hinojosa.
Esa noche, bajo las flores artificiales y los candelabros de un salón de quinceañeras y bodas situado a 10 minutos en automóvil de la frontera por una carretera azotada por el viento, recurrió a otra de sus frases favoritas: “¿Esto va a ser del pueblo y para el pueblo, o este es el mundo de los multimillonarios y nosotros simplemente vivimos aquí?”.
“La gente votó por Trump porque dijo que el sistema está amañado. Y la gente sabe que eso es cierto. Yo sé que eso es correcto. Los demócratas no han estado diciendo eso. Los demócratas han estado defendiendo un sistema que es totalmente indefendible, un sistema que está trabajando en nuestra contra”, dijo Hinojosa. “Los republicanos han estado en el poder, así que son los principales culpables, pero hay culpas para todos. Poder reconocerlo, verlo y decirlo: hace apenas un par de semanas me di cuenta de que de eso se trata nuestra campaña”.
La campaña no cuenta solo con sus simpatizantes tradicionales.
Lynn Davenport estuvo en la Elipse de Washington el 6 de enero de 2021, hasta que se marchó a mitad del discurso de Trump para comprar un perrito caliente y echarse una siesta en el hotel porque, según dijo, sentía que “él no estaba diciendo nada”. Para entonces, había llegado a conocer a Hinojosa al verla luchar contra los vales escolares cuando formaba parte del comité de educación de la Cámara estatal. Ahora es una de las integrantes de un grupo de madres de MAHA y MAGA que se han sumado a la campaña de Hinojosa.
“No voy a cambiarme al Partido Demócrata”, dijo Davenport a CNN. “Probablemente, de ahora en adelante, simplemente dejaré algunas opciones sin marcar y votaré por la persona”.
Clarissa Quintanilla, de 37 años y estudiante de posgrado en ingeniería civil, fue a ver a Hinojosa en McAllen y señaló cuántos carteles ha visto tanto de Hinojosa como de Talarico.
Reconoció que los últimos ciclos electorales se han caracterizado por el auge y posterior desvanecimiento de las esperanzas demócratas.
“Pasa siempre”, dijo. “Esta vez se siente un poco más cerca”.
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