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Rusia está intensificando sus ataques contra Europa. El riesgo de un paso en falso aumenta cada día

Análisis por Nick Paton Walsh, CNN

Se trata de una estrategia basada en una contradicción. Los ataques de Rusia contra Europa buscan hacer que la guerra parezca más cercana, sin empezarla oficialmente. Provocar, sin forzar una respuesta. Alarmar, sin causar un cambio real de comportamiento.

Moscú ha intensificado notablemente su conflicto en la “zona gris” con la OTAN en Europa durante la última semana. Desde el domingo por la noche, un dron ruso atacó una vía férrea en la que viajaban altos ex funcionarios occidentales. Otro dron, probablemente de origen ruso, fue derribado en Lituania. Un tercero apareció en las costas polacas. Un helicóptero danés estuvo a punto de ser alcanzado por una bengala rusa, y los trenes neerlandeses quedaron paralizados por un acto de sabotaje aún no reivindicado.

Nada de esto es casualidad. Y se produce tras semanas de advertencias de que Moscú intentaría intensificar la situación con la OTAN, pero quizás no porque busque o pueda permitirse un conflicto a gran escala con la mayor alianza militar de la historia.

En cambio, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, tiene dos objetivos, acelerados por el Gobierno de Trump, que no quiere disgustarlo ya que aún tiene medio mandato por delante, y por el lamentable estado de escasez de suministros de las defensas aéreas de Ucrania.

En primer lugar, Putin busca que el costo de apoyar a Ucrania se sienta real y creciente, y que pese sobre la mente de los votantes europeos, mientras los partidos de derecha prorrusos compiten por el poder electoral en varios países de la región. En segundo lugar, quiere poner a prueba el artículo 5, la piedra angular de la alianza de la OTAN, que establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. Esta es la mayor obsesión de Putin desde hace mucho tiempo. No cabe duda de que Rusia se está saliendo con la suya con actos de sabotaje, violaciones de fronteras y complots de asesinato que en la Guerra Fría habrían causado una profunda angustia existencial. Ahora hasta parecen algo común.

Como me comentó un diplomático europeo: “Lo que está sucediendo ahora habría activado el artículo 4 de la OTAN hace apenas unos meses”, en referencia a la cláusula del tratado de la alianza que exige una reunión de emergencia en caso de crisis. “Ahora, se está convirtiendo prácticamente en algo cotidiano”. Hablando bajo condición de anonimato por tratarse de un asunto delicado, el diplomático añadió que el objetivo de Rusia era “intimidar a Europa para que no apoyara a Ucrania” y “jugar con el miedo a una escalada”.

El principal problema de la OTAN es que probablemente esto no sea el punto álgido de la hostilidad rusa, sino los primeros ataques.

Un acuerdo de paz parece más que lejano, dado que Estados Unidos está ejerciendo una presión ineficaz y Putin claramente está decidido a tomar la región oriental del Donbás, y quizás luego más territorio de Ucrania. Y si bien el terrible derroche de capital humano por parte de Rusia en los ataques de infantería en primera línea, conocidos como “oleadas de carne”, frena en cierta medida sus ambiciones, el complejo militar-industrial del Kremlin ofrece nuevas opciones reales: una forma de poder aéreo barata y altamente efectiva que sus adversarios luchan por derrotar, y que puede producir en masa cada vez con mayor frecuencia.

Los drones rusos Geran 4 y 5 están propulsados ​​por motores turborreactores de fabricación china, que cuestan alrededor de US$ 40.000, según funcionarios ucranianos e informes de los medios, y cada unidad se vende por unos US$ 70.000. Su misil de crucero Banderol puede alcanzar velocidades de 600 km/h y, según se informa, podría costar tan solo US$ 100.000. Cualquier deficiencia en acabado o precisión de estas armas se compensa con su enorme producción. Y, una vez más, Moscú recien está comenzando. En paralelo, su fábrica de drones de Alabuga se está adaptando rápidamente para inundar el frente y más allá con esta nueva amenaza.

La producción es clave. Marina Miron, del Departamento de Estudios de Defensa del King’s College de Londres, afirmó que la adaptación en materia de producción, cadenas de suministro, logística y doctrina es fundamental para cualquier estrategia, aunque acapare menos titulares que la integración de la IA en el reconocimiento y ataque en el campo de batalla de Ucrania y Rusia. “Ambas partes intentan adaptarse e innovar para aprovechar una oportunidad limitada, mientras el adversario diseña contramedidas para frenar los nuevos avances”, me comentó.

“La OTAN está muy rezagada en lo que respecta a la preparación para afrontar estos cambios”, añadió Miron. “No se trata solo de construir sistemas de defensa contra drones, sino de replantear toda la doctrina”. Afirmó que, idealmente, la OTAN no copiaría a Ucrania ni a Rusia, sino que se adaptaría a “las lecciones aprendidas de ambos países”.

Miron afirmó que la probabilidad de una guerra convencional era “baja”, pero que lo que la OTAN enfrentaría en cambio serían “acontecimientos” por debajo del umbral, como hemos visto en Polonia, Rumania, Dinamarca, etc.

En esta crisis latente, parte del desafío para los miembros de la OTAN radica en cómo transmitir a su público la gravedad de la amenaza que enfrentan constantemente, sin generar pánico ni otorgar una victoria psicológica a Moscú. Es una tarea casi imposible. Un ataque con drones que estuvo a punto de ocurrir en un aeropuerto alemán, un misil balístico que impactó en terreno abierto en Polonia, supuestos complots de asesinato en las acusaciones presentadas en el Distrito Sur de Nueva York. La lista crece desde finales del verano, al igual que su potencial letalidad y alcance geográfico.

Moscú podría estar mejor preparado para este tipo de situación delicada. Un alto funcionario europeo afirmó que la mentalidad rusa se adapta mejor que la de la OTAN a la escalada errática. “Desde la época soviética, los rusos han teorizado sobre el ajuste flexible del poder y la agresión”, señaló. “Para la OTAN, gestionar la escalada de esta manera es algo relativamente nuevo. Por lo tanto, la OTAN tiene mucho que aprender”.

Y añadió: “Reaccionar de forma exagerada no es útil, pero tampoco lo es poner la otra mejilla”.

En algún momento, Moscú cometerá un error, se extralimitará y obligará a un miembro de la OTAN a responder con fuerza. No es algo sin precedentes: en Siria, un ataque de mercenarios rusos del grupo Wagner contra posiciones estadounidenses, en 2018, desató una feroz respuesta militar de Estados Unidos. Tampoco debemos olvidar que las armas y la inteligencia de la OTAN europea ayudan a Ucrania a diario a atacar a Rusia. A menudo se trata de armamento comprado y suministrado por la OTAN, pero son los ucranianos quienes aprietan el gatillo. Moscú, desde su perspectiva distorsionada de invasor, quizás sienta que está contraatacando.

Pero cuando Rusia comete un error, el salto en la confrontación que esto conlleva es algo para lo que ni las fuerzas militares ni la opinión pública de la OTAN están preparadas. Es probable que la situación se agrave cada día más.

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