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Algunas aves sobrevivieron al asteroide que acabó con los dinosaurios. Un excremento fosilizado podría explicar por qué

Por Katie Hunt, CNN

Unas diminutas plumas atrapadas en excrementos fosilizados están ayudando a los científicos a comprender por qué algunas aves lograron superar la extinción masiva que acabó con los dinosaurios, mientras que otras no lo consiguieron.

Este hallazgo, desenterrado en Montana, corresponde a un ave que fue devorada y posteriormente excretada por un dinosaurio depredador —posiblemente un Tyrannosaurus rex o un pariente de menor tamaño— justo antes del impacto del asteroide que desencadenó la extinción hace 66 millones de años, según un nuevo estudio publicado en la revista Current Biology. Entre los restos se encuentra la pluma mejor conservada jamás extraída de depósitos del Mesozoico (rocas de la era de los dinosaurios), y el descubrimiento ofrece una perspectiva única sobre un momento decisivo para muchas especies.

“Es una pluma hermosa y muy bien conservada, proveniente de una fuente tan inesperada; resulta emocionante pensar que podría ayudarnos a responder a una gran incógnita de la paleontología”, afirmó en un comunicado Jingmai O’Connor, autora principal del estudio y conservadora asociada de reptiles fósiles en el Field Museum de Chicago.

Sin embargo, según el equipo responsable de la investigación, es probable que este impresionante espécimen pertenezca a una especie que no sobrevivió a las consecuencias del impacto del asteroide. Tras examinar los huesos hallados junto a las plumas dentro del coprolito —término científico para las heces fosilizadas—, los autores del estudio creen que las plumas pertenecían a una pequeña ave buceadora no voladora, similar a los colimbos actuales, que formaba parte de un grupo ya extinto conocido como Hesperornithiformes.

Hace décadas que los paleontólogos determinaron que las aves evolucionaron a partir de los dinosaurios. Esto significa que las especies de aves que hoy vemos revolotear en nuestros jardines son, en realidad, los únicos dinosaurios supervivientes. No obstante, resulta desconcertante que todas las aves actuales desciendan de un único grupo de la era de los dinosaurios llamado Neornithes, un pariente cercano de los Hesperornithiformes.

Las condiciones infernales provocadas por la colisión del planeta con una roca espacial del tamaño de una ciudad acabaron con el resto de las aves y dinosaurios, señaló O’Connor. Las plumas recién descubiertas podrían aportar pistas sobre la desaparición de los Hesperornithiformes.

O’Connor indicó que algunas de las plumas se asemejaban mucho a las de las aves modernas, con un raquis central de sección cuadrada que aportaba rigidez y ligereza a la pluma. Sin embargo, otras presentaban una estructura más primitiva —más pequeñas y de aspecto más plumoso— y no habrían ofrecido un aislamiento térmico tan eficaz como el plumaje corporal de las aves actuales, añadió.

“El plumaje corporal primitivo de los hesperornitiformes no suponía un problema para estas aves en el mundo de efecto invernadero del Mesozoico; sin embargo, el impacto del asteroide desencadenó un invierno de impacto y las temperaturas globales descendieron drásticamente”, explicó por correo electrónico.

Los científicos creen que la colisión liberó miles de millones de toneladas de polvo, azufre y otros gases a la atmósfera, bloqueando la luz solar y provocando un enfriamiento drástico del clima terrestre. Según sugieren las investigaciones, las plantas no pudieron realizar la fotosíntesis —un proceso biológico fundamental para la vida— durante casi dos años después del suceso.

“En ese contexto, el plumaje corporal primitivo y su menor capacidad de aislamiento térmico resultaban problemáticos: se requería más energía para mantener el calor, pero había menos alimento disponible para obtenerla”.

La investigadora señaló que se había observado un patrón similar en otras aves del Cretácico conocidas como enantiornitas. Su plumaje se ha conservado en fragmentos de ámbar, una resina de árboles prehistóricos.

O’Connor considera que una de las razones principales por las que la rama de las Neornithes sobrevivió a la extinción masiva reside en las diferencias de su plumaje. Otros científicos habían argumentado que, dado que las especies de Neornithes vivían cerca del agua, dicho hábitat contribuía a protegerlas de los efectos devastadores de la extinción masiva. No obstante, los hesperornitiformes también habitaban cerca del agua y se extinguieron.

Para confirmar su hipótesis, los paleontólogos necesitarían encontrar un fósil de Neornithes (aves modernas) de justo antes del impacto del asteroide y examinar su plumaje para confirmar que no conserva plumas con rasgos primitivos, señaló O’Connor.

“Tendría que estar preservado en ámbar o en otro coprolito excepcionalmente conservado, de modo que las plumas se mantuvieran en 3D y hubiera suficiente material óseo para asegurar la identificación”, apuntó.

“Quién sabe, tal vez alguien ya haya recogido un coprolito con estos vestigios en su interior”.

No es frecuente encontrar especímenes de plumas tan bien conservados; de hecho, ni siquiera las plumas estudiadas en esta nueva investigación resultaron evidentes a primera vista. David DeMar Jr., paleontólogo de la Universidad de Washington en Seattle, halló el coprolito que las contenía en 2016 mientras recolectaba fósiles de peces en Montana, concretamente en la Formación Hell Creek.

Dado que nunca se habían encontrado plumas en Hell Creek —a pesar de los 150 años de historia de búsqueda de fósiles en la zona—, O’Connor explicó que DeMar pensó inicialmente que la grieta en el nódulo de color marrón rojizo, hallado en un afloramiento rocoso, contenía una planta. Sin embargo, una inspección más detenida reveló que se trataba de una pluma.

“La recogí y examiné su superficie con una lupa de mano; fue entonces cuando no podía creer lo que veía: una diminuta pluma fosilizada”, declaró DeMar, coautor del estudio, en el comunicado de prensa.

No obstante, no fue hasta que los investigadores escanearon las heces fosilizadas mediante microtomografía computarizada (micro-TC) cuando se percataron de que el espécimen contenía múltiples plumas, huesos de las patas e incluso restos del contenido estomacal del ave. Muchos de estos restos se conservaban de forma excepcional en tres dimensiones.

Los excrementos fosilizados del dinosaurio también conservaban dos escamas diminutas con forma de diamante pertenecientes a un pez conocido como gar (o pejelagarto), que aún existe hoy en día. Según el estudio, el pez habría sido demasiado pequeño para saciar a un dinosaurio depredador y, por tanto, probablemente constituyó la última comida del ave antes de que esta fuera devorada por un T. rex.

“Si no hubiera sido por la rotura que dejó al descubierto las plumas, seguiríamos sin saber que los coprolitos pueden ser una fuente de este tipo de información”, afirmó O’Connor.

“No dejo de maravillarme ante los hallazgos en el registro fósil que jamás hubiéramos imaginado posibles”, comentó Anthony Fiorillo, profesor investigador adjunto de la Universidad Metodista del Sur y director ejecutivo del Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México, quien no participó en la investigación.

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