Con la ayuda de China, Cuba lleva adelante una de las revoluciones solares más rápidas del planeta
Por Laura Paddison, CNN
Cuba se enfrenta a devastadores apagones a nivel nacional, mientras el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos asfixia el suministro de combustible. Sin embargo, esta crisis podría estar acelerando también una revolución de energía limpia respaldada por China, que se ha estado gestando discretamente en la nación caribeña.
Actualmente, Cuba está llevando a cabo una de las revoluciones solares más rápidas del planeta, con la ayuda de China, según datos del centro de estudios energéticos Ember. Las importaciones de paneles solares y baterías chinas se han disparado durante el último año y, gracias a la inversión china, Cuba ha construido docenas de parques solares.
El país sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, pero algunos expertos creen que la intensa presión estadounidense —acompañada de amenazas de tomar el “control” de la isla— podría acelerar la transición de Cuba hacia la energía limpia. Un mayor uso de energías renovables implica una menor dependencia de las importaciones de combustible, lo que ayudaría a “eliminar esta palanca de coerción”, afirmó Kevin Cashman, economista del Transition Security Project, una organización de investigación anglo-estadounidense.
Otros advierten, no obstante, que la situación energética de Cuba es tan sombría, su red eléctrica está tan deteriorada y su situación económica es tan precaria, que las energías renovables solo pueden constituir una pequeña parte de la solución en este momento. Mientras tanto, persisten los apagones prolongados y disruptivos, y la mayoría de los cubanos de a pie aún no han percibido los beneficios de este auge de la energía solar.
Una revolución de energía limpia “suena muy bien sobre el papel, pero es necesario contar con los recursos”, señaló Ricardo Torres, economista cubano de la American University en Washington.
El petróleo constituye la columna vertebral del sistema eléctrico cubano, y la mayor parte del mismo es importada. En la década de 1980, provenía principalmente de la Unión Soviética. Tras la desintegración de esta en la década de 1990, Cuba recurrió a Venezuela mediante un acuerdo singular: Cuba enviaba profesionales de la salud a Venezuela a cambio de petróleo.
A principios de enero, después de que la administración Trump emprendiera acciones contra el presidente de Venezuela, se interrumpió este suministro de petróleo. Poco después, las importaciones hacia Cuba procedentes de otros proveedores petroleros —incluido México— también se agotaron, luego de que Estados Unidos los amenazara con imponerles aranceles adicionales.
Los impactos han sido devastadores. En marzo, el país sufrió tres apagones a nivel nacional que dejaron sin electricidad a sus aproximadamente 10 millones de habitantes. La basura se acumuló en las calles, las cirugías hospitalarias se vieron limitadas y la gente tuvo que quemar leña para cocinar.
Se trata de la peor crisis energética de Cuba en décadas; sin embargo, los apagones han formado parte de la vida cotidiana durante muchos años, dado que la envejecida infraestructura eléctrica del país cede con frecuencia ante el peso de una demanda que no logra satisfacer.
La crisis alcanzó nuevos niveles en 2024, con apagones nacionales que se prolongaron durante varios días. Aquello marcó un “punto de inflexión”, señaló Torres, y fue el año en que la energía solar comenzó a despegar, impulsada por el Gobierno cubano como solución a los problemas energéticos.
La velocidad de este auge solar ha sido asombrosa. China exportó a Cuba paneles solares por un valor aproximado de US$ 3 millones en 2023. Esa cifra se disparó hasta los US$ 117 millones en 2025, según datos de Ember.
Una parte fundamental del impulso del país hacia las energías limpias es un acuerdo con China para inaugurar 92 parques solares en todo el territorio nacional para el año 2028. Se proyecta que estos aporten un total de 2 gigavatios de energía solar a la red, cantidad suficiente para abastecer a más de 1,5 millones de hogares.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, inauguró el primero de ellos en febrero de 2025, y actualmente hay cerca de 50 parques operativos distribuidos por toda la isla. Cuba ha instalado aproximadamente 1 gigavatio de capacidad solar tan solo en los últimos 12 meses, afirmó Graham.”Esto supone, de hecho, un impacto bastante significativo en la matriz energética de un país del tamaño de Cuba”, explicó.
Las energías renovables representan ahora cerca del 10 % de la electricidad generada en Cuba, un aumento considerable respecto al 3 % registrado en 2024. “Se trata de un auge verdaderamente vertiginoso”, comentó Graham. El país se ha comprometido a elevar esa cifra hasta alcanzar, como mínimo, el 24 % para el año 2030.
Los beneficios de la energía solar para Cuba resultan evidentes. Los costos de las tecnologías limpias se han desplomado en los últimos años y la instalación de sistemas solares es un proceso relativamente rápido, explicó Graham. La infraestructura tiene una vida útil de varias décadas y, una vez instalada, su funcionamiento solo requiere la luz del sol. También existe un beneficio para China que trasciende lo meramente financiero, señaló Jorge Piñon, colaborador sénior de investigación en el Instituto de Energía de la Universidad de Texas. Esto “generará buena voluntad; no solo buena voluntad dentro de Cuba, sino también con el resto de América Latina”, afirmó Piñon.
Sin embargo, los expertos advierten que existen grandes obstáculos para lograr una revolución solar de mayor envergadura.
Si bien el auge puede ser rápido, la energía solar aún no está disponible a gran escala. Los parques solares de Cuba son pequeños y están dispersos, explicó Piñon. Además, la energía solar solo se genera cuando brilla el sol, lo que significa que no puede satisfacer la demanda máxima de las horas vespertinas. Las baterías podrían solucionar este problema —y, de hecho, las importaciones de baterías se han disparado—; no obstante, Cuba carece todavía de sistemas de almacenamiento a escala de servicios públicos, apuntó Piñon.
Quizás el mayor obstáculo, sin embargo, sea el costo. Una revolución solar no resultará barata. “Estamos hablando de una renovación integral de un sistema que es antiguo, está averiado y se encuentra desgastado”, comentó Piñon.
Según un análisis realizado en abril por Cashman, a Cuba le costaría US$ 8.000 millones generar alrededor del 93 % de su electricidad a partir de fuentes renovables, lo que implicaría dejar de importar petróleo y gas para la producción eléctrica. Un sistema eléctrico 100 % renovable tendría un costo de US$ 19.000 millones. “El primer umbral neutraliza la principal herramienta externa de coerción por parte de Estados Unidos; el segundo completa la transición eléctrica”, concluyó el informe.
La pregunta del millón es quién asumirá dicho costo. “Por un lado, tenemos un Estado en bancarrota, que carece de fondos. Por otro, tenemos al consumidor cubano, que no puede permitírselo. Entonces, ¿quién queda?”, planteó Piñon.
El informe de Cashman sugiere que las instituciones de financiación para el desarrollo desempeñarán un papel fundamental. No obstante, Cuba tendría que demostrar su capacidad para reembolsar los préstamos, un proceso que requerirá tiempo, “un tiempo del que Cuba no dispone”, concluyó Piñon.
El apoyo de China también tiene sus límites. Es poco probable que ofrezca a Cuba un “cheque en blanco”, señaló Torres. La independencia energética sería fantástica, añadió, pero Cuba “es un país pobre inmerso en una crisis económica”.
Para algunos cubanos, el auge de la energía solar ya está dando sus frutos. En la primera estación de carga alimentada por energía solar del país, situada en la ciudad de Santa Clara, los cubanos pueden cargar desde teléfonos móviles y baterías portátiles hasta motocicletas eléctricas.
“Han resuelto muchos problemas para mucha gente”, comentó Yudelaimys Barrero Muñoz en una entrevista con la Associated Press. Ella utiliza la estación para cargar el vehículo eléctrico de tres ruedas de su familia.
Sin embargo, para la mayoría, las ventajas aún no son visibles, afirmó Torres. Él ha comprado pequeños módulos solares para sus familiares en Cuba, pero la energía solar sigue estando fuera del alcance de la mayoría de la población, que a duras penas logra costearse la comida.
Si se le pregunta al cubano promedio si ha percibido algún beneficio del programa solar en su vida cotidiana, dijo Torres, “lo más probable es que responda que no… Porque los apagones son ahora peores que hace un año”.
Él considera que las energías renovables deben desempeñar un papel en la matriz eléctrica del país. Pero lo que Cuba necesita no es solo una electricidad más limpia, sino una mayor cantidad de ella, y con urgencia, señaló. La gente necesita un suministro garantizado, y les resulta indiferente si este proviene del petróleo más pesado y contaminante o de la energía solar, añadió.
Otros, no obstante, vislumbran un futuro más prometedor para el rápido despliegue de las energías renovables, no solo en Cuba, sino también en otras partes del mundo, a medida que los costos de las tecnologías limpias continúan descendiendo y la turbulencia geopolítica pone de manifiesto los peligros de depender de las importaciones de combustibles fósiles.
“Independientemente de lo que suceda con Cuba —afirmó Cashman—, esta es una señal inequívoca para otros países de que las energías renovables son un ámbito en el que deben centrar su atención”.
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