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Un déficit de US$ 2 billones se cierne sobre las elecciones intermedias

Por Tami Luhby, CNN

El déficit presupuestario federal aumentó a casi US$ 2 billones en el último año fiscal, que concluyó el 30 de septiembre, informó este viernes el Departamento del Tesoro.

Fue el mayor déficit anual desde 2021, en plena pandemia, cuando el Gobierno federal distribuyó ayudas para mantener a flote la economía y a los estadounidenses.

El déficit del último año fiscal fue un 12% superior al de US$ 1,78 billones registrado el año anterior.

Los pagos netos de intereses de la deuda pública superaron por primera vez US$ 1 billón, impulsados en parte por el vertiginoso aumento de la deuda del país y por las tasas de interés más altas. Estados Unidos gastó más en intereses que en cualquier otra categoría, salvo el Seguro Social y Medicare.

El déficit también aumentó porque el Gobierno de Trump tuvo que pagar reembolsos después de que la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos determinara que ciertos aranceles globales impuestos por el Gobierno violaban la ley federal. El Departamento del Tesoro calcula que durante el último año fiscal se pagaron alrededor de US$ 145.000 millones en reembolsos arancelarios.

Aunque la economía se encuentra en condiciones relativamente buenas, la salud fiscal del país ha empeorado en los últimos años, sin que republicanos ni demócratas en el Congreso estén dispuestos a abordar plenamente el problema.

“Las cifras de déficit de hoy culminan un año notablemente sombrío para nuestra salud fiscal”, dijo en un comunicado Maya MacGuineas, presidenta del Comité para un Presupuesto Federal Responsable. “La disciplina fiscal exige encontrar algo que sea viable y contundente a la vez… Se necesitarán decisiones difíciles para lograrlo y se nos acaba el tiempo para tomarlas”.

La deuda de Estados Unidos alcanzó en agosto un récord de US$ 40 billones, un hito preocupante que tendrá consecuencias durante años para los estadounidenses, las empresas y el Gobierno. Sin embargo, se prevé que la “gran y hermosa ley” que el presidente Donald Trump y los republicanos del Congreso promulgaron el año pasado añada billones de dólares más a la deuda nacional durante la próxima década, porque sus generosas reducciones de impuestos superan los recortes de gastos incluidos en el paquete.

Los crecientes problemas financieros del país, junto con el aumento de la oferta de deuda empresarial y las expectativas de tasas de interés más altas por parte de la Reserva Federal, han causado turbulencias en los mercados de bonos durante los últimos meses. La creciente inquietud de los inversionistas ha disparado las tasas de la deuda estadounidense: el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzó recientemente su nivel más alto desde 2002. Eso también elevó las tasas hipotecarias, lo que dificulta aún más la compra y venta de viviendas.

Ante el aumento del déficit, el Gobierno tiene que emitir más bonos para financiar sus gastos. Los rendimientos de los bonos se han disparado este año porque los inversionistas exigen una mayor compensación por mantener deuda estadounidense. Eso eleva los costos de endeudamiento del Gobierno y agrava la preocupación por la creciente carga de la deuda.

La tasa de interés promedio ponderada de la deuda pendiente se situó en el 3,53% al cierre del año fiscal, frente al 3,36% registrado al final del ejercicio anterior, de acuerdo con el Departamento del Tesoro.

Mientras tanto, el déficit superó el 6% como proporción de la economía del país durante el último año fiscal, según una estimación preliminar del Tesoro. Esa cifra es más del doble del objetivo del secretario del Tesoro, Scott Bessent.

Las amplias reducciones de impuestos impulsadas por los republicanos también están empezando a surtir efecto. Aunque muchas empresas registran mayores ganancias, la recaudación bruta del impuesto corporativo disminuyó US$ 43.000 millones, o un 9%.

La “gran y hermosa ley” permitió a las empresas aplicar mayores deducciones por determinadas inversiones. La mayoría de los históricos recortes incluidos en la ley —en particular los de Medicaid— no comenzarán a entrar en vigor hasta el próximo año.

Al mismo tiempo, las prestaciones del Seguro Social son cada vez más costosas a medida que envejece la población, lo que también contribuyó a ampliar la brecha entre los ingresos y el gasto.

Es probable que los legisladores tengan otra oportunidad de abordar los problemas fiscales del país el próximo año, cuando se prevé que Estados Unidos vuelva a alcanzar el techo de la deuda.

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Con información de John Towfighi, de CNN.

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