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La posibilidad de que Trump le haga perder el control del Senado al Partido Republicano es cada vez más real

Análisis de Aaron Blake, CNN

Es muy probable que el presidente Donald Trump haya costado a los republicanos la mayoría en el Senado tanto en 2020 como en 2022.

En el primer caso, incluso el propio Trump reconoció que su cruzada sobre el supuesto robo de las elecciones pudo haber perjudicado la participación en las decisivas segundas vueltas de Georgia. Y en el segundo, Trump cargó a su partido con varios candidatos mediocres del movimiento MAGA a los que respaldó, quienes terminaron perdiendo escaños que eran perfectamente ganables.

¿Podría volver a ocurrir en 2026?

Ciertamente parece posible. Y acontecimientos recientes hacen que esta posibilidad cobre mayor peso.

El ejemplo más destacado es la contienda por el Senado en Texas. Pero Trump también ha complicado las cosas para que su partido retenga escaños en Georgia, Carolina del Norte y Carolina del Sur.

No está claro si la intervención de Trump habría cambiado el resultado final en alguna de estas contiendas. Pero si la batalla por la mayoría resulta reñida, es muy probable que el partido lamente —una vez más— algunas de las maniobras de Trump.

Trump declaró esta semana que no se arrepiente en absoluto de haber apoyado al fiscal general del estado, Ken Paxton, frente al senador John Cornyn en la segunda vuelta de mayo. Sin embargo, probablemente no puedan decir lo mismo muchos miembros de su partido.

Paxton aún no ha logrado reparar su imagen tras aquella feroz segunda vuelta, y algunos sondeos recientes sugieren que, de hecho, ha perdido terreno desde entonces. Su imagen pública arroja cifras negativas de dos dígitos en la mayoría de las encuestas —llegando a una diferencia de unos 20 puntos en dos estudios recientes— y ha quedado por detrás del demócrata James Talarico por hasta seis puntos en tres encuestas distintas hasta la fecha.

Cornyn tampoco goza de gran popularidad en este momento. Y a juzgar por lo competitivos que se han mostrado los demócratas en estados republicanos como Alaska, Iowa y Ohio, es posible que él también hubiera sido vulnerable. No obstante, los problemas de Paxton son enormes y evidentes para todos: una encuesta reciente de Fox News reveló que Talarico está captando el 20 % de los votantes probables que apoyaron a Cornyn en las primarias de marzo.

(Cornyn ha evitado apoyar a Paxton hasta el día de hoy. Además, Patrick Svitek, de CNN, informó el viernes sobre una grabación filtrada en la que Paxton afirmaba en privado que Cornyn quería que él perdiera).

Incluso Trump parece ser muy consciente de las deficiencias de Paxton como candidato, a juzgar por cómo se ha burlado de su aspecto, su forma de vestir y su manera de hablar. Paxton arrastra también otros problemas, incluidos un proceso de destitución (impeachment) y cargos penales.

Tras las primarias, la opinión generalizada era que Trump probablemente respaldaría a Cornyn —a pesar de que este lo había criticado levemente en ocasiones—, ya que Cornyn tenía mayores probabilidades de retener el escaño. Trump había dicho que el respaldo llegaría “pronto”.

Sin embargo, Trump simplemente… no lo hizo. Semanas más tarde, cuando Paxton estaba a punto de ganar la segunda vuelta, Trump le dio su apoyo y selló el acuerdo.

Si Paxton pierde y los demócratas obtienen una mayoría ajustada, esa falta de respaldo a Cornyn podría resultar ser el momento decisivo de las elecciones de 2026.

Por supuesto, Cornyn no es el único republicano del Senado al que Trump hizo a un lado.

El senador Thom Tillis, de Carolina del Norte, ha hablado abiertamente sobre cómo los ataques de Trump lo empujaron a retirarse. En su nuevo libro, relata cómo decidió no buscar la reelección justo después de que Trump lo atacara en las redes sociales y dijera que estaba buscando otros candidatos.

“Entendido, señor presidente”, le escribió a Trump por mensaje de texto, según el libro. “Ahora sería un buen momento para empezar a buscar a mi sustituto”.

Trump respondió: “¡En ello estoy! DJT”.

Eso no ha salido muy bien para el Partido Republicano. Tillis se retiró y, posteriormente, entró en la contienda el popular exgobernador demócrata Roy Cooper. Hoy en día, parece que el Partido Republicano podría estar tirando la toalla en Carolina del Norte, a pesar de que Trump ganó allí en sus tres campañas electorales.

Es muy probable que Tillis hubiera tenido dificultades frente a Cooper en este contexto político. Pero eso habría ocurrido solo si Cooper realmente hubiera competido contra él; además, Tillis al menos habría contado con la ventaja de ser el titular del cargo.

Hay pocas dudas de que habría resultado ser un rival más formidable que el hombre por el que optó el Partido Republicano: el expresidente del Comité Nacional Republicano, Michael Whatley. La imagen de Whatley ha registrado índices negativos en las encuestas más fiables realizadas por la Universidad de Elon y Fox News.

En junio, Trump decidió apoyar al representante de Georgia, Mike Collins, frente al exentrenador de fútbol americano de la Universidad de Tennessee, Derek Dooley, en la segunda vuelta de las primarias republicanas para el Senado. La decisión tenía sentido, dado que Collins era el candidato más alineado con el movimiento MAGA, mientras que Dooley contaba con el respaldo del gobernador de Georgia, Brian Kemp, quien ha tenido roces con Trump en ocasiones anteriores.

Sin embargo, ya entonces estaba bastante claro que Collins podría resultar un candidato problemático, debido a algunas controversias de su pasado. La situación no ha hecho más que empeorar desde entonces, tras revelarse los aparentes vínculos de Collins con nacionalistas blancos.

El senador demócrata Jon Ossoff goza de gran popularidad, por lo que tal vez sea poco probable que Dooley hubiera logrado una contienda reñida. No obstante, al igual que ocurrió en Carolina del Norte, es probable que Trump haya sentenciado el resultado. Y, también como en Carolina del Norte, hay indicios de que el Partido Republicano podría estar tirando la toalla.

El último estado de esta lista es un escaño que, probablemente, los republicanos no pierdan. Aun así, Carolina del Sur está resultando ser un dolor de cabeza innecesario.

Ante cierta inquietud en el estado —donde Trump ganó por 18 puntos en 2024—, el Partido Republicano decidió recientemente invertir US$ 5 millones para reforzar la campaña de la senadora designada Darline Graham frente a la demócrata Annie Andrews. Además, Trump optó hace poco por atacar a Andrews en las redes sociales utilizando un insulto transfóbico.

Graham, hermana del difunto senador Lindsey Graham, salió del anonimato casi total cuando Trump respaldó su nombramiento para sustituir a su hermano en julio. Posteriormente, ambos decidieron que ella también debía postularse para un mandato completo. Ganó la segunda vuelta de las primarias con el apoyo de Trump, a pesar de atravesar momentos de gran inestabilidad.

Promover a una recién llegada por encima de varios políticos consolidados, que llevaban años esperando una vacante en el Senado, no fue bien recibido por la cúpula del partido. Incluso se ha hablado de que algunos votantes republicanos podrían escribir el nombre del representante Ralph Norman —quien perdió las primarias ante Graham por un estrecho margen— en la papeleta.

No está del todo claro cuán reñida está la contienda; estamos a la espera de encuestas fiables. Sin embargo, la maniobra de Trump para imponer a Graham en su partido resultó extraña desde el principio. Parecía haber pocas razones para que Trump se involucrara.

Y ahora, el partido está lidiando con las consecuencias de ello.

Lo que resulta especialmente llamativo de todo esto es que Trump y su equipo político ya han pasado por situaciones similares. Deberían conocer los inconvenientes de postular a malos candidatos, ya que eso les ha pasado factura en años anteriores. Deberían saber que las acciones de Trump han dificultado la obtención de escaños en el Senado.

Existían pruebas abundantes de que las maniobras de Trump para intentar anular las elecciones de 2020 le costaron al partido las segundas vueltas electorales de Georgia, celebradas el 5 de enero de 2021. La participación cayó de forma desproporcionada en zonas de marcada tendencia conservadora. Hasta ese momento, el Partido Republicano casi siempre había ganado terreno en las segundas vueltas de Georgia, pero en aquella ocasión perdió terreno.

Trump incluso reconoció en una entrevista posterior que los votantes republicanos se sintieron desmotivados debido al supuesto fraude electoral (que él prácticamente se sacó de la manga). También admitió que no los instó a confiar en los funcionarios electorales de Georgia con la firmeza que podría haberlo hecho, porque estaba enfadado.

Trump se libró de afrontar las verdaderas consecuencias de este asunto debido a los sucesos ocurridos poco después de la segunda vuelta, el 6 de enero de 2021. Sin embargo, resultó sorprendente verlo reconocer tan abiertamente que tal vez contribuyó a que su partido perdiera la mayoría en el Senado, aunque él crea haber actuado por motivos legítimos.

A pesar de ello, en 2022 siguió tomando una serie de decisiones cuestionables a la hora de otorgar su respaldo a candidatos. Y ahora, hasta cierto punto, la historia se repite.

La diferencia en 2026, por supuesto, radica en que Trump, como presidente, tendrá que lidiar directamente con quienquiera que ostente la mayoría en el Senado.

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