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Por qué es inevitable que México figure en los debates de las elecciones intermedias en EE.UU.

Análisis por Mario González, CNN en Español

En medio de la contienda de las elecciones intermedias de Estados Unidos, que se llevarán a cabo el martes 3 de noviembre, México ha resurgido como un tema en la política estadounidense, como ya comienza a ser una costumbre desde que Donald Trump lanzó su primera campaña por la presidencia en 2016 y entonces amenazaba con frenar la migración con un inmenso muro fronterizo, del que quedaron algunos vestigios y cimientos.

El 10 de septiembre, en la convención republicana que se realizó en Texas, un manifestante irrumpió en el evento con una bandera de México en el momento en el que el vicepresidente JD Vance pronunciaba su discurso. Vance confrontó al manifestante diciéndole: “amigo mío, si tanto amas a México vete para allá. Yo compro el boleto de avión”. Esto provocó abucheos hacia el manifestante por parte del público y aclamaciones para el orador.

Tres días después, el domingo 13, la comunidad mexicana en Nueva York realizó su acostumbrado desfile por la independencia de México y, por primera vez, el alcalde en turno encabezó los festejos. Esto pasaría casi inadvertido si no fuese porque el actual alcalde es Zohran Mamdani, un férreo opositor a la administración de Trump.

Mamdani, investido con la banda de Gran Mariscal, que otorga la comunidad mexicana a personajes relevantes, aprovechó el evento para reiterar su postura sobre la inmigración, que es radicalmente opuesta a la de Trump y su Gobierno. Manifestó en sus redes sociales el respeto a la comunidad mexicana por su gran aporte a la ciudad de Nueva York y escribió, en español, que la independencia de México representa “el triunfo de un pueblo decidido a forjar su propio futuro”, mientras en el desfile la multitud le coreaba “Mamdani, hermano, ya eres mexicano”.

México y Estados Unidos no comparten idioma oficial, pero sí la segunda frontera más grande del mundo, solo superada por la que Estados Unidos tiene con Canadá. Por esos 3.100 kilómetros lineales entre México y Estados Unidos sucede el intercambio comercial más grande del mundo, con unos US$ 900.000 millones anuales, superando cualquier otro flujo comercial del planeta. Por supuesto hablamos de mercancías legales por la frontera terrestre, porque también esa frontera es conocida por el tráfico de drogas, armas, personas y combustibles. Un mercado tanto o más grande que el legal.

La política arancelara y proteccionista de Trump no ha hecho más que consolidar la posición de México ante la economía estadounidense, siendo su socio comercial más importante. Según los datos más recientes de Instituto de Geografía y Estadística de México, correspondiente al mes de agosto, el 84,51 por ciento del total de exportaciones de México al mundo tienen como destino Estados Unidos. Y no, México no solamente exporta tamales y tomates a los estadounidenses, como dijo recientemente Trump. Las importaciones de Estados Unidos van desde equipos de cómputo, automóviles, camiones, cerveza, tequila, productos del campo, minerales, entre muchas otras cosas. Según el Departamento de Comercio estadounidense, cerca del 19 % del total de lo que se importa proviene de México.

A todo esto hay que sumar otra realidad: la cantidad de mexicanos por nacimiento y ciudadanos estadounidenses de origen mexicano -de segunda y tercera generación- que viven en Estados Unidos y que se sienten identificados con la bandera mexicana. Según el Pew Research Center, entre 40.5 y 42 millones de personas de origen mexicano viven en Estados Unidos, lo que la convierte en la comunidad hispana más grande en ese país. Tan solo de nacidos en México el cálculo es de entre 10 y 11 millones de personas, superando a cualquier otro país hispano o de cualquier otra lengua. Obviamente esto tiene implicaciones en la cultura binacional, en la música, en la comida y en muchas otras cosas tangibles e intangibles que sin duda están ahí, como el idioma y la historia.

En febrero de 1848 se suscribió el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos que comenzó dos años antes. Los acuerdos se suscribieron ya bajo la ocupación estadounidense en México. De hecho, fue una de las dos ocasiones en las que se ha ondeado una bandera extranjera en Palacio Nacional, sede del poder en el México. En el acuerdo, México, como país derrotado, otorgó la cesión de más de la mitad de su territorio: California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y algunas partes de otros estados. Adicionalmente, México se comprometía a renunciar el reclamo sobre Texas.

Perdóneme el repaso histórico, pero creo que es necesario para entender de qué estamos hablando cuando mencionamos la relación entre estos dos países tan cercanos y distantes al mismo tiempo. Por eso es importante entender qué pasa cuando, por ejemplo, se habla de cambiar de nombre por decreto a Nuevo México, o al Golfo de México, cuando casi la mitad de los territorios antes mencionados guardan nombre en español y ese idioma, el nuestro, se habla en esos lugares desde mucho antes de que Estados Unidos existiera como el país que hoy es.

Por eso México es inevitable para su vecino. Para bien o para mal. Como Estados Unidos lo es para México. Por eso sigue siendo importante hablar de independencia y respeto.

Ni más ni menos.

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