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Las graves advertencias sobre la IA son más complejas de lo que piensas

Análisis de Zachary B. Wolf, CNN

Las recientes advertencias sobre la IA parecen tener la intención de desconcertar y conmocionar a todo el mundo para que actúe.

El CEO de Anthropic, Dario Amodei, uno de los líderes de la carrera de la IA, pidió el sábado una desaceleración deliberada del desarrollo de la IA en un ensayo publicado en su sitio web. La IA se desarrolla cada vez más rápido y podría superar la capacidad de los seres humanos para gestionarla, escribió.

“Si no se la controla, podría superar nuestra capacidad para comprender y controlar estos sistemas, por lo que debe desarrollarse con mucho cuidado, si es que debe desarrollarse”, escribió Amodei.

El llamado a actuar se produce apenas unos días después de que un exempleado de ingeniería de la empresa de Amodei fuera aún más lejos y dijera que la IA podría causar el fin de la humanidad.

“Las personas que desarrollan la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes del final de la década”, dijo Jacob Coxon, quien trabajó tanto en OpenAI como en Anthropic antes de publicar en las redes sociales su advertencia, que se volvió viral.

Nadie sabe exactamente cómo acabaría la IA con la humanidad, tal y como Coxon explicó a Anderson Cooper, de CNN.

El argumento es que la IA se vuelve más inteligente todo el tiempo y pronto podrá hacerse más inteligente por sí sola, superar en ingenio a los seres humanos y desatar… algo. ¿Hackear armas nucleares? ¿Liberar un virus devastador? ¿Sumir al mundo en la oscuridad? ¿Crear una sociedad mediocre en la que personas insatisfechas no puedan encontrar trabajo? Elija usted.

Tal vez debería resultar tranquilizador que, aunque el Pentágono depende de la inteligencia artificial, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, haya dicho: “La IA no toma decisiones letales”. Más allá de eso, la ley no impone límites explícitos sobre dónde puede utilizarse la IA en la denominada cadena de ataque.

El mensaje de Coxon fue amplificado por grupos de interés público y legisladores que buscan seguir los consejos de las empresas de IA que quieren que el Gobierno imponga un marco y límites a la forma en que se desarrolla la IA.

Empresas como Anthropic y OpenAI han pedido públicamente al Gobierno que las regule para poder frenar su actual carrera por dominar la IA, que coincide con su carrera hacia el mercado bursátil.

Lo que estamos viendo es “un grupo muy pequeño y poderoso de empresas que avanzan juntas hacia lo que, según ellas, es un precipicio por el que no parecen poder evitar caer”, dijo el periodista de tecnología y colaborador de CNN Jacob Ward a Kasie Hunt, de CNN, el jueves.

Sostuvo que no deben ignorarse los llamados de estas personas que están en proceso de ganar mucho dinero.

“Están diciendo: ‘Oigan, estamos construyendo esto y es emocionante, pero podría no solo costarles su empleo, sino también la vida’. Creo que es importante que empecemos a prestar atención”, comentó Ward.

Entre quienes piden medidas gubernamentales está el senador Bernie Sanders, quien se toma en serio las advertencias.

“Casi todos los días surge una nueva historia aterradora sobre cómo las grandes empresas tecnológicas están perdiendo el control de la tecnología que desarrollan, con resultados potencialmente catastróficos”, dijo Sanders al anunciar un proyecto de ley para prohibir la superinteligencia artificial. “Es irresponsable que la sociedad les permita seguir adelante y hacer que estos productos sean aún más avanzados”.

Sanders también habló sobre su propuesta con Kaitlan Collins, de CNN.

David Sacks, un inversionista tecnológico que también es copresidente del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del presidente Trump, ha impulsado la postura contraria: un enfoque de la IA abierto y con base en el mercado.

Durante una aparición el jueves en Fox News, Sacks cuestionó las motivaciones de Coxon y sembró la idea de que su advertencia formaba parte de una conspiración de “catastrofistas”, quizá financiada por China, para obstaculizar la innovación en IA en EE.UU.

El sábado, el presidente de EE.UU. Donald Trump amplió esa opinión y dijo durante una conferencia de prensa en Irlanda que quienes están preocupados por las consecuencias finales de la IA “plantean cosas que no ocurrirán”.

Cuando se le preguntó si la industria necesita ser regulada, Trump repitió su declaración anterior sobre la competencia con China.

“Estamos a la cabeza de China en IA”, aseguró. “Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gana en IA, gana. Y podemos establecer salvaguardas”.

Sacks está entre quienes sostienen que las empresas estadounidenses deben seguir innovando en lugar de permitir que China alcance la supremacía en IA.

“En China no tienen esta gigantesca operación de influencia de grupos catastrofistas”, dijo Sacks a Bret Baier, de Fox News. “Sin embargo, lo que tenemos aquí en EE.UU. es una enorme campaña mediática contra la IA, y está poniendo a la opinión pública en contra de la IA”.

Sacks agregó sobre China: “Les encantaría que detuviéramos aquí el desarrollo de la IA”.

En un video de su pódcast “All-In”, que Sacks publicó en su cuenta de X, sostuvo que las empresas de IA quieren regulaciones para poder controlar efectivamente la IA. Lo calificó como un “duopolio en el mercado de vanguardia”.

Los funcionarios del Gobierno no tendrán idea de cómo regular la IA, sostuvo.

“Así que recurrirán a los laboratorios líderes para decir: ‘Oigan, ¿cómo deberíamos regularla?’. Y, por supuesto, Anthropic tendrá todas las respuestas al respecto”, indicó, al sugerir que las advertencias sobre una IA fuera de control forman parte de una estrategia para dominar el mercado.

En lugar de promover la idea de que la IA tiene el potencial de acabar con la humanidad, Sacks ve una conspiración para concentrar el poder sobre la IA en unas pocas manos selectas. Ese, dijo en otra publicación en X, sería el verdadero peligro.

“Mantener la innovación descentralizada y accesible es la clave para evitar un futuro inseguro y distópico en el que las capacidades avanzadas de IA estén centralizadas y controladas por unas pocas manos”, afirmó.

Ese tipo de mentalidad coincide con los esfuerzos de Trump para impedir que estados como California impongan sus propias regulaciones sobre la IA ante la falta de medidas de Washington.

Cuando los esfuerzos para prohibir las regulaciones estatales se estancaron en el Congreso el año pasado, Trump firmó una medida ejecutiva con la que intentó hacer lo mismo.

Hasta ahora, el Gobierno de Trump ha considerado la regulación de la IA más como parte de una carrera tecnológica con China que como un esfuerzo para proteger a la humanidad, como explicó Hadas Gold, de CNN, en su reciente artículo, ‘Se parece un poco a los inicios del covid-19’: la caótica carrera por regular la IA.

El Gobierno bloqueó, por ejemplo, la exportación de algunos chips de Nvidia a China o retrasó temporalmente el lanzamiento de productos para evaluar su impacto en la seguridad nacional.

Para quienes ven un peligro existencial en la IA, todo esto podría evocar la carrera armamentista nuclear de la Guerra Fría, cuando los países finalmente dejaron de lado sus diferencias para establecer una serie de tratados en la década de 1960 y en los años posteriores sobre la no proliferación nuclear, la prohibición de pruebas, la limitación de armas estratégicas y otros asuntos.

Pero es difícil imaginar que el Gobierno de Trump —o China— participe en alguna iniciativa para establecer un tratado mundial, aunque Europa ha intentado seguir la vía de un tratado sobre regulaciones de la IA.

La amenaza que plantean las armas nucleares sigue impulsando la política exterior de EE.UU. y es una de las principales razones citadas por Trump para su guerra contra Irán.

Aunque las advertencias más alarmantes sobre la IA tienen que ver con el fin de la humanidad, el tema tiene mayor fuerza para movilizar a los votantes preocupados por la expansión de la IA en sus comunidades.

A los estadounidenses les inquietan los antiestéticos centros de datos que alimentan la mente colmena de la IA y con los que los gigantes tecnológicos quieren llenar el paisaje, afectando la calidad del agua, elevando las facturas de energía y acabando con tierras agrícolas.

La oposición populista, al estilo de una revuelta con horcas, contra los enormes proyectos de construcción ha sido la historia política del verano, al trascender las divisiones partidistas y unir a personas de izquierda y derecha, incluso mientras desconcierta a responsables políticos como Trump, que ven signos de dólar.

Por lo general, no se puede acusar a los votantes estadounidenses de pensar a largo plazo.

Expresan preocupación por el cambio climático, pero parecen votar en función de los precios de la gasolina. Se estremecen ante la deuda nacional de US$ 40 billones, pero a menudo votan por legisladores que reducen impuestos y aumentan el gasto. Y, en cuanto a la IA, parecen estar mucho más motivados por la preocupación sobre los centros de datos que por la posible amenaza existencial.

Pero también es posible que el rechazo a los centros de datos refleje su papel como la manifestación física más evidente de la IA generativa. Las empresas tecnológicas prometen que esta tecnología cambiará el mundo, y algunos expertos temen que pueda acabar con la humanidad, pero muchos estadounidenses comunes y corrientes simplemente la consideran torpe y desagradable, y no pidieron que invadiera tantos ámbitos de sus vidas.

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