El optimismo de Ucrania en el campo de batalla se desvanece a medida que Rusia amenaza su “cinturón de fortalezas”
Por Ivana Kottasová y Kosta Gak, CNN
Iryna Rybakova es terriblemente consciente de que el frente avanza lentamente hacia Kramatorsk. Tras servir en el este de Ucrania durante varios años, ha visto cómo sus unidades eran expulsadas de un centro estratégico tras otro. Pero afirma que las últimas semanas han sido una locura.
La ciudad sigue siendo uno de los últimos bastiones de Ucrania en la región del Donbás, pero los rusos se acercan peligrosamente. Casi todos los puentes de la ciudad han sido destruidos, y los bombardeos con proyectiles guiadas y drones son ahora una realidad cotidiana.
“Los ataques se producen decenas de veces al día. Decenas de coches, edificios de servicios públicos, inmuebles residenciales, administrativos y garajes han sido atacados. Simplemente le prenden fuego a todo”, declaró el lunes a CNN Rybakova, que trabaja como oficial de prensa en la 93.ª brigada mecanizada de Ucrania y está destinada en Kramatorsk.
“Al anochecer y al amanecer, casi no hay nadie en la calle”, contó. “Durante el día, hay hombres armados por todas partes… todo el mundo anda con un rifle, sale a tomar un café con un rifle, va a la tienda con un rifle, etc., porque ahora hay drones por todas partes y nunca se sabe. Pueden atacar en cualquier momento”.
Tras la primera visita a Kyiv de los enviados del presidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff, y su yerno Jared Kushner, que transcurrió el domingo sin avances significativos, Ucrania se encuentra cada vez más a la defensiva en muchos puntos del frente oriental.
Se trata de un cambio radical en la situación con respecto a la primavera, cuando Kyiv recuperaba más territorio del que perdía.
Jennie Olmsted, analista de Rusia en el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), un organismo estadounidense de seguimiento de conflictos, afirmó que, si bien es improbable un avance rápido, la situación ha cambiado a favor de Moscú.
“(Los rusos) están llevando a cabo misiones de infiltración continuas y avanzan lentamente hacia Sloviansk y Kramatorsk, y también en Kostyantynivka, pero a un ritmo muy lento”, declaró.
Según ISW, Rusia avanzó o se infiltró en unos 124 kilómetros cuadrados (47,8 millas cuadradas) del territorio ucraniano en agosto, lo que representa aproximadamente una cuarta parte del terreno que ocupó en el mismo mes del año pasado.
Este ritmo es glacial y tiene un costo enorme para Moscú. Los servicios de inteligencia occidentales estiman que Rusia está perdiendo unos 40.000 soldados al mes, lo que equivale a unas 340 bajas por cada kilómetro cuadrado.
Pero, por desgracia para Ucrania, Rusia está erosionando el llamado “cinturón de fortalezas” en el este, una cadena de cuatro ciudades industriales que forman la columna vertebral de las defensas orientales de Ucrania.
Este cinturón es clave para defender lo que queda de la región del Donbás, pero también para el resto del este y centro de Ucrania.
La topografía y los núcleos de población, junto con las carreteras y vías férreas que los conectan, crean una barrera natural frente a las llanuras menos defendibles y escasamente pobladas del oeste.
La preocupación radica en que, si Rusia lograra atravesar esta zona, podría avanzar hacia el interior de Ucrania a un ritmo mucho mayor.
Por eso, Ucrania ha dedicado los últimos años a invertir recursos en el fortalecimiento de las ciudades que conforman esta línea defensiva: Sloviansk, Kramatorsk, Druzhkivka y Kostyantynivka.
El cinturón de fortificaciones se ha ido erosionando paulatinamente durante los últimos cuatro años y medio. Su bastión más meridional, Kostyantynivka, se ha perdido prácticamente por completo como fortaleza.
Los rusos han pasado casi un año intentando tomarla y, si bien aún quedan focos de resistencia ucraniana en el norte de la ciudad, su utilidad operativa para Kyiv ha desaparecido hace mucho tiempo.
Es un tema recurrente en el frente. El ejército ruso no puede tomar ciudades y pueblos en una ofensiva rápida que deje intacta la mayor parte de la infraestructura. En cambio, Moscú libra una guerra lenta y agotadora que los vuelve inhabitables.
Las fuerzas rusas tardaron nueve meses de combates en tomar la cercana ciudad de Bakhmut y casi dos años en conquistar Pokrovsk, otro importante centro de abastecimiento.
Para cuando lograron hacerse con el control total, ambas ciudades estaban prácticamente destruidas y su valor estratégico para Ucrania se había perdido, según Olmsted.
Aun así, cada pequeño avance logrado por Rusia conlleva un gran potencial propagandístico.
El presidente Vladimir Putin ha dejado claro en repetidas ocasiones, incluso durante el fin de semana, que no está dispuesto a renunciar a sus objetivos bélicos en Ucrania, que incluyen la toma de la totalidad de las regiones de Donetsk y Luhansk.
Rusia ya ocupa cerca del 81 % de Donetsk y casi la totalidad de Luhansk. Moscú afirmó en abril haber logrado tomar esta última en su totalidad, pero Kyiv asegura mantener algunos focos de control.
Según Yury Ushakov, asesor y negociador del Kremlin, Putin les dijo a Witkoff y Kushner que las fuerzas rusas estaban logrando “avances tangibles” en el campo de batalla y que pronto alcanzaría sus objetivos allí.
CNN no ha podido verificar la afirmación, pero esta pone de manifiesto la importancia de la guerra de información que libra Rusia.
Según se informa, Putin ha declarado que espera que las fuerzas rusas se apoderen del resto de las dos regiones para finales de año (después de que sus 14 plazos anteriores para lograrlo hayan expirado).
Según la administración militar regional de Donetsk, controlada por Ucrania, cerca de 93.000 ucranianos, entre ellos más de 4.800 niños, siguen viviendo en las zonas que permanecen bajo control de Kyiv.
Sin embargo, la vida allí se está volviendo cada vez más difícil. Hennadiy Yudin, un agente de policía de los “Ángeles Blancos”, una unidad especial que ayuda a las fuerzas militares a evacuar a civiles de las aldeas del frente, afirmó que ahora es imposible para sus agentes entrar en la ciudad de Dobropillya y las aldeas vecinas.
“Los militares están evacuando a la gente a pie y nuestros hombres los recogen a unos 10 kilómetros de Dobropillya. Es lo más cerca que podemos llegar. De lo contrario, la evacuación es completamente imposible. Toda la zona está minada y la cantidad de drones es increíble”, declaró Yudin a CNN.
Rybakova declaró a CNN que todavía hay muchos civiles viviendo en Kramatorsk, aunque afirmó que esperaba que la situación cambiara.
“La vida sigue su curso. (Las autoridades) aún no han impuesto un toque de queda… esto tuvo un gran impacto (en las ciudades más al este). Todos los negocios empezaron a cerrar. Dicen que lo impondrán pronto”, afirmó.
Kramatorsk ha servido durante mucho tiempo como punto estratégico de retaguardia para las unidades ucranianas desplegadas en el frente oriental, y como lugar donde las tropas exhaustas podían retirarse para descansar unos días antes de su próxima misión. Pero eso ya no es posible.
“Aquí hay bombardeos todos los días. Bombas guiadas, un ataque masivo, ocho a la vez”, declaró Rybakova. “Anoche mismo bombardearon la casa donde vivía. Nos mudamos hace unos meses y ahora está completamente destruida”.
A medida que Rusia avanza lentamente hacia estas ciudades, los residentes que aún permanecen allí temen que Moscú esté preparando el terreno para un futuro ataque.
“Están creando las condiciones y preparando el terreno de batalla para las ofensivas contra Sloviansk”, apuntó Olmsted.
Y agregó: “Están intentando debilitar la logística y las defensas ucranianas en la zona, y están dificultando que las fuerzas ucranianas hagan llegar suministros a sus posiciones avanzadas y a la ciudad”.
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Con información de Niamh Kennedy, de CNN.