Tiger Woods estaba listo para un nuevo regreso, pero terminó en un nuevo accidente
Análisis de Kyle Feldscher, CNN
Durante años, después de que Tiger Woods irrumpiera con fuerza en la conciencia deportiva, fue idolatrado por una sola cosa: ganar. Una victoria gloriosa y contundente.
Fue una victoria por 12 golpes en el Masters de 1997 la que anunció su llegada como el nuevo fenómeno del golf. Fue el legendario US Open de 2008, cuando luchó con una pierna fracturada para ganar un torneo dramático, el que cimentó su lugar en la historia del golf. A lo largo de toda esa trayectoria, su éxito disparó el interés por este deporte.
Era demasiado humano para ser verdad.
Luego vino un accidente automovilístico a las 2:30 a.m. en noviembre de 2009, y todo aquello se desmoronó después de que salieran a la luz sórdidas historias sobre sus infidelidades, que culminaron en un divorcio de gran repercusión mediática. Estas historias —silenciadas en al menos un caso mediante un acuerdo de confidencialidad— fueron erosionando su reputación a medida que se filtraban a lo largo de los años, socavando la credibilidad de su dramática disculpa pública de 2010. Desde aquel momento, Woods ha estado alternando entre estrellarse y resurgir.
Esta semana, otro intento de regreso terminó en otro accidente. Otra fotografía de un Woods con la mirada perdida, observando con aire desolado a la cámara de la cárcel para su ficha policial; una expresión en su rostro que parece reflejar lo que el resto de nosotros nos estamos preguntando: ¿cómo hemos vuelto a este punto?
Woods fue arrestado el viernes tras un accidente automovilístico que dejó su Land Rover volcado sobre el lado del conductor en una carretera de Jupiter Island, Florida. Según las autoridades, Woods había estado conduciendo de manera errática en los momentos previos al choque. Su Land Rover rozó a otro vehículo y volcó. El 15 veces ganador de torneos “majors” tuvo que salir a rastras por el lado del pasajero; afortunadamente, resultó ileso.
Cuando la Policía llegó al lugar de los hechos, sospechó de inmediato que Woods se encontraba bajo los efectos del alcohol. Al parecer no estaba ebrio: la prueba de alcoholemia arrojó un resultado completamente negativo, según declaró a la prensa el sheriff John Budensiek. Woods se negó a someterse a un análisis de orina y fue arrestado e imputado por dicha negativa, así como por conducir bajo los efectos de sustancias y por daños a la propiedad. Así fue como, el viernes por la noche, el mejor golfista que la mayoría de nosotros haya visto jamás salió sigilosamente de una cárcel de Florida, poco antes de la medianoche, y se dirigió hacia un futuro incierto.
La narrativa principal en torno a Woods durante las últimas semanas era sencilla: ¿regresaría a su antiguo terreno de juego, el Augusta National Golf Club, para el Masters del próximo mes? Woods se estaba poniendo nuevamente en forma para el golf tras otra dolorosa rehabilitación; esta vez, a causa de la rotura del tendón de Aquiles que sufrió mientras intentaba recuperarse de una cirugía de espalda realizada en 2024. A finales de 2025, se sometió a otro procedimiento quirúrgico en la espalda.
Ese violento “swing” que lo hizo grande —y que lo hizo ganarse el afecto de millones y millones de aficionados al golf— también lo dejó plagado de lesiones y condenado a vivir con un dolor intenso. En 2017, Woods fue arrestado por conducir bajo los efectos de sustancias tras ser hallado por la Policía dormido al volante de su automóvil. No tenía alcohol en el organismo, pero más tarde declaró que se trataba de una combinación de medicamentos recetados que estaba utilizando para mitigar el dolor derivado de otra cirugía de espalda. Posteriormente, afirmó que estaba buscando tratamiento.
Más tarde sobrevinieron las graves lesiones que sufrió en un accidente automovilístico en California en 2021, así como la larga rehabilitación que le siguió. El dolor ha atormentado a Tiger Woods incluso más que la certeza de que algo que en su día parecía una mera cuestión de tiempo —batir el récord de Jack Nicklaus de mayor número de “majors” ganados (18)— se había convertido ahora en una imposibilidad.
Incluso con todo ese conocimiento, incluso siendo consciente del daño que cada “swing” inflige a su espalda y a sus rodillas, persistía una idea: si alguien podía hacer retroceder el tiempo y obrar un milagro en Augusta durante ese majestuoso fin de semana de abril, ese era Woods.
Ese es ahora el ciclo para Woods y sus seguidores: una esperanza —una esperanza irracional, teñida de nostalgia— que les es arrebatada una vez más.
Las preguntas sobre si competirá en Augusta dentro de dos semanas, de repente, ya no parecen tan importantes. Los suspiros de admiración ante su impresionante velocidad de bola en las finales de la TGL, a principios de esta semana, parecen pertenecer a otra vida.
Sus seguidores tienen ahora una pregunta que resulta sencilla de formular, pero difícil de responder: ¿Se encuentra bien Tiger Woods?
El incidente del viernes supuso su segundo arresto por conducir bajo los efectos de alcohol o drogas, y su cuarto accidente automovilístico de gran repercusión pública. Es un episodio más en el que un hombre —que en su día parecía invencible mientras recorría las calles de los campos de golf, vestido con su característico rojo de los domingos, en las jornadas más importantes del año— ve cómo se levanta de nuevo el telón para exponer ante el mundo sus más profundas debilidades.
A cada una de estas caídas ha seguido una ardua escalada para regresar a los campos de competición: el lugar donde Woods realmente florece. En ocasiones, esos regresos han sido exitosos; nadie olvidará jamás el Masters de 2019, cuando Woods pareció retroceder en el tiempo y conquistó su quinta chaqueta verde.
Aquel fin de semana perdura aún en la memoria de muchos aficionados al golf. A pesar de todas las lesiones, las cirugías y las evidentes dificultades, resulta sencillo evocar aquel momento y recordar cómo Tiger Woods se sobrepuso a todo para volver a erigirse en la cima de la montaña más célebre del golf. Una pregunta persiste siempre en el aire: ¿Podrá Tiger lograrlo de nuevo?
El accidente del viernes no era, en absoluto, la forma en que se suponía que debía responderse a esa pregunta en esta ocasión. Millones de aficionados al golf esperaban ver a Woods concentrado y entregado en Augusta dentro de dos semanas, y no con aspecto desaliñado y abatido en una fotografía policial tomada en una cárcel de Florida.
El hombre que en su día electrizó a los aficionados al golf de todo el mundo se encuentra ahora recogiendo los pedazos de otro desastre más provocado por él mismo. Así, el ciclo que se ha repetido durante gran parte de las últimas dos décadas comienza de nuevo para Tiger Woods.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.