Cómo la administración Trump podría estar perjudicando la ya dañada imagen de Israel
Análisis por Aaron Blake, CNN
El presidente Donald Trump se alió con Israel para lanzar la guerra con Irán en un momento poco propicio para la relación entre Washington y Tel Aviv.
Justo un día antes de los primeros ataques, una encuesta de Gallup había mostrado que la opinión de los estadounidenses sobre Israel había alcanzado su nivel más bajo del siglo XXI.
Lo más sorprendente es que, por primera vez, los estadounidenses no simpatizaban más con los israelíes que con los palestinos.
Para complicar aún más las cosas, la derecha se ha dividido en los últimos meses sobre cómo abordar lo que muchos consideran un preocupante aumento del antisemitismo entre sus bases y su electorado influyente.
Algunas de las figuras más destacadas del pensamiento conservador han vinculado cada vez más —y a menudo con tintes conspirativos— a Israel con todo tipo de males estadounidenses.
Dado que los estadounidenses se mostraron bastante escépticos ante esta guerra desde el principio, no hacía falta mucha imaginación para suponer que algunos culparían a Israel e incluso elaborarían teorías conspirativas al respecto.
Y eso, sin duda, ha sucedido. Pero, curiosamente, esto se debe en gran parte a la retórica de la administración Trump sobre la guerra.
El presidente y quienes lo rodean no le han hecho ningún favor a Israel con algunas de sus afirmaciones.
En dos ocasiones importantes, la administración ha insinuado que Israel es el principal responsable de los momentos decisivos de la guerra, aunque las pruebas en ambos casos no son del todo claras.
En primer lugar, el secretario de Estado Marco Rubio esgrimió un argumento simplista sobre por qué Irán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos.
Rubio afirmó que Israel atacaría a Irán sin importar las consecuencias, y que Irán respondería atacando objetivos estadounidenses. Por lo tanto, según su argumento, Irán constituía una amenaza inminente para Estados Unidos.
El problema político de esta formulación, sin embargo, era que sonaba como si el Gobierno de Estados Unidos estuviera siendo presionado por Israel.
Así pues, la administración Trump abandonó rápidamente ese argumento y pasó a otro de su larga lista de justificaciones para la guerra.
Pero esta semana ha quedado demostrado que el problema de relaciones públicas de Israel no parece que vaya a desaparecer.
El martes supimos la dimisión del primer alto funcionario de la administración Trump que cita como justificación la guerra con Irán.
El director saliente del Centro Nacional Antiterrorista, Joe Kent, no solo criticó la guerra, sino que culpó duramente a la “presión de Israel y su poderoso lobby” por haber obligado a Estados Unidos a participar en el conflicto.
En su carta de renuncia, Kent citó repetidamente a Israel y lo culpó también de otras guerras. Y en una entrevista con Tucker Carlson el miércoles, se prestó a las teorías conspirativas sobre Israel y el asesinato del fallecido activista conservador Charlie Kirk.
La reacción de gran parte de la derecha tradicional ha sido tachar a Kent de excéntrico antisemita. Pero se trata de alguien a quien Trump colocó en una posición de poder, a pesar de sus conocidos vínculos con extremistas, incluidos nacionalistas blancos y un simpatizante nazi.
Ahora Kent está utilizando la credibilidad que la administración le otorgó para atacar a Israel.
Y finalmente llegó la extraña misiva de Trump a última hora del miércoles por la noche.
En una publicación en redes sociales alrededor de las 10:00 p.m., hora de Miami, negó cualquier participación de Estados Unidos en los principales ataques israelíes contra instalaciones vinculadas al yacimiento de gas de South Pars en Irán.
“Estados Unidos no sabía nada sobre este ataque en particular”, sostuvo Trump.
El ataque fue de gran importancia porque Irán respondió atacando la parte del yacimiento de gas perteneciente a Qatar, lo que elevó las tensiones entre los países vecinos de la región. (Trump también amenazó con “destruir masivamente” la parte iraní del yacimiento si continúa atacando a Qatar).
Además, este yacimiento es el más grande del mundo, lo que significa que su destrucción podría tener un impacto desproporcionado en los mercados y el suministro energético mundiales, que ya se encuentran en dificultades.
Lo primero que cabe destacar es que la versión de Trump ha sido desmentida.
Una fuente estadounidense declaró a CNN que Estados Unidos estaba al tanto del ataque, mientras que un funcionario israelí afirmó que ambas partes lo coordinaron. (Otros expertos, entre ellos el exembajador de EE.UU. en Israel, Dan Shapiro, han señalado que sería sorprendente que Israel no hubiera informado a Estados Unidos sobre un ataque de esta magnitud).
Pero dejando eso de lado, los comentarios de Trump, al igual que los de Rubio, implican que Israel es el único responsable de esta escalada y sitúan a Estados Unidos en el papel de responder a esa escalada impuesta por la nación hebrea.
Negar la implicación puede servir a los intereses políticos internos de Trump, pero no beneficia la reputación de Israel en Estados Unidos. En todo caso, la postura de Trump de que Estados Unidos no sabía nada alimenta a quienes albergan teorías como la de Kent.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, declaró el jueves que su país había “actuado solo” en un ataque contra una planta procesadora vinculada al yacimiento de gas de South Pars, sin abordar directamente si Estados Unidos estaba al tanto de la operación con antelación.
Netanyahu también rechazó la idea de que Israel obligara a Estados Unidos a entrar en la guerra, poniendo en duda que alguien pudiera hacerle eso a Trump.
“Esta patraña de que hemos involucrado a Estados Unidos no es solo una patraña; es ridícula. Es simplemente ridícula”, declaró Netanyahu en su conferencia de prensa.
El jueves, Trump pareció reafirmar los comentarios de Netanyahu al manifestar a los periodistas que Estados Unidos e Israel eran “independientes” pero que “se llevaban de maravilla”.
Sobre Netanyahu, dijo: “Está todo coordinado. Pero en ocasiones hace algo que no me gusta, así que dejamos de hacerlo”.
Pero la situación vuelve a plantear interrogantes incómodos para la administración.
En la rueda de prensa del Pentágono del jueves, un reportero del sitio web de derecha Gateway Pundit preguntó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, sobre la publicación de Trump del miércoles en Truth Social.
“¿Por qué estamos ayudando a Israel a librar esta guerra si van a perseguir sus propios objetivos?”, preguntó el periodista.
Hegseth no abordó el contenido de la publicación de Trump, sino que ofreció vagas garantías de que se estaban cumpliendo los objetivos de Estados Unidos.
“Tenemos el control. Tenemos objetivos. Esos objetivos son claros”, respondió. “Tenemos aliados que también persiguen objetivos, y la verdad habla por sí sola”.
Esa misma mañana, durante una audiencia del comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, se le preguntó a la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, por qué Israel atacaría la infraestructura energética iraní (supuestamente) en contra de los deseos de Trump.
“No tengo respuesta para eso”, respondió ella.
A continuación, se le preguntó a Gabbard si los objetivos de Israel coincidían con los de Estados Unidos, y volvió a mostrarse perpleja. Tras una larga pausa, declaró que estaba “reflexionando detenidamente” sobre lo que podía declarar públicamente.
(Finalmente reconoció que Israel estaba más centrado en eliminar a los líderes de Irán, mientras que Estados Unidos estaba más centrado en desarmar a Irán, tanto en el frente nuclear como en el convencional).
Asimismo, durante la audiencia, el director de la CIA, John Ratcliffe, confirmó que lo que reveló Rubio tenía una base real en la inteligencia estadounidense.
Ratcliffe afirmó que existía un conjunto de pruebas que indicaban que, “en el caso probable de un conflicto entre Irán e Israel, Estados Unidos sería atacado de inmediato, independientemente de si se mantuviera al margen de dicho conflicto”.
Esta guerra siempre iba a ser difícil de justificar ante el pueblo estadounidense y una verdadera prueba para la relación entre Estados Unidos e Israel.
Pero debido a su incapacidad para elaborar un mensaje coherente y a la tendencia de Trump a decir lo que sea conveniente en el momento, la administración ha complicado aún más la segunda parte de esa ecuación.
La sociedad estadounidense —y la reputación de Israel— podrían sufrir las consecuencias durante mucho tiempo.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.