Pese a la insistencia de Trump, los indocumentados no votan en Estados Unidos
Análisis por Juan Carlos López, CNN en Español
Algunos políticos, entre ellos el presidente Donald Trump, poseen una habilidad particular: ofrecen resolver problemas inexistentes. Es como la broma que cuenta que un candidato llegó a un pueblo a prometer un puente y cuando le dijeron que no había río, se comprometió a llevarlo también.
El puente que hoy ofrece Trump se llama el SAVE America Act, o la ley para “salvar a Estados Unidos”. ¿De qué quiere salvar Trump al país? Del fraude electoral, según insiste.
Suele ser difícil encontrar a alguien que esté a favor del fraude electoral; bueno, de pronto puede ser algún político que quiera ganar las elecciones aun si las pierde…
El puente, con río incluido, que ofrece Trump, quedó sintetizado en uno de sus recientes mensajes en su red social, en el que hasta inventó una palabra en inglés, “mutilization” por mutilación. “¡NO MÁS ELECCIONES AMAÑADAS! Identificación de votante, prueba de ciudadanía, no votación por correo manipulada (¡somos el único país del mundo que permite esto!), no hombres en deportes femeninos, ni MANIPULACIÓN transgénero de nuestros hijos. ¡90% a 99% TODOS PROBLEMAS! Solo personas enfermas, dementes o trastornadas en la Cámara o el Senado podían votar en contra del SAVE AMERICA ACT”, dijo.
Trump insiste en que ganó las elecciones que perdió en 2020 frente a Joe Biden. El margen fue muy amplio. En el Colegio Electoral, que define el ganador, Biden obtuvo 306 votos, 74 más de los 232 de Trump, y en el voto popular la ventaja para el demócrata fue de siete millones de votos. Cinco años después, Trump insiste en que hubo fraude, algo que no ha podido demostrar. El Centro Brennan, de la Facultad de Derecho de Universidad Nueva York, presentó un informe en el que desglosa la estrategia del gobierno de Trump para usar alegaciones infundadas de presunto fraude en 2020 para incidir en los resultados de los próximos comicios, que, según los sondeos, podrían no favorecer al partido de gobierno.
La Constitución Política establece que las elecciones son responsabilidad de cada Estado y que el Congreso puede legislar sobre la manera en que se llevan a cabo las mismas para garantizar equidad. Es decir: el gobierno federal no tiene un papel directo en las elecciones y mucho menos el presidente, que ni siquiera es mencionado en el artículo sobre comicios.
A pesar de eso Trump promulgó un decreto para implementar medidas que no son de su competencia, como exigir un documento de identidad para demostrar que la persona es ciudadana. Cada estado tiene sus propias normas y, por lo general, se basan en el principio de darle el beneficio de la duda a quienes se inscriben para votar. Solo ciudadanos por nacimiento o naturalización lo pueden hacer.
Según Trump el sistema electoral estadounidense está plagado de fraude, pero como muchas de las afirmaciones del mandatario, carece de sustento. Un análisis del Instituto Brookings reveló que, en el estado de Pensilvania, por ejemplo, en 32 elecciones, durante tres décadas, con más de cien millones de votos revisados, fueron detectados 39 casos de fraude. En Arizona, el porcentaje de votos fraudulentos entre 1999 y 2024, con 35 elecciones y más de 42 millones de votos, fue de 0,0000845 % o 36 votos fraudulentos y que ningún resultado electoral ha sido alterado nunca por fraude electoral en el país.
Tampoco es cierto que los indocumentados voten en las elecciones, versión alimentada por una teoría conspirativa racista conocida como “el gran reemplazo” según la cual se incentiva la inmigración para desplazar a los ciudadanos blancos por extranjeros que tomarán su lugar. Aunque prevalente entre supremacistas blancos, esa teoría no tiene mucho sentido. Para votar se debe ser ciudadano por nacimiento o naturalización.
Las estadísticas demuestran que aquellos en condición irregular cometen menos delitos que los nacidos en Estados Unidos. Incluso si lograran superar los pasos para registrase para votar, estarían cometiendo un delito federal y de paso anulando cualquier posibilidad para regularizar su situación en el país. Son indocumentados, no tontos.
Un informe del Centro Brennan de 2017 encontró que, solo en 2 de 42 jurisdicciones analizadas, fueron identificados unos 30 incidentes de sospecha, es decir ni siquiera casos confirmados, de no ciudadanos votando. El porcentaje, para 23,5 millones de votos de sospecha de fraude por extranjeros es de 0,00001 % en esas jurisdicciones.
Un estudio del Centro para la Democracia y la Participación Cívica de la Universidad de Maryland, revela que más de 21 de millones de estadounidenses habilitados para votar no cuentan con documentos a la mano que demuestren que son ciudadanos, como un pasaporte o un certificado de nacimiento o de naturalización. Bajo la nueva ley, el 9 % del electorado no se podría registrar para votar hasta conseguirlos.
Las personas casadas, que en Estados Unidos acostumbran a cambiarse el apellido por el de su pareja, enfrentarían otro reto, pues si su apellido no coincide con el que aparece en el certificado de nacimiento, tendría que presentar el de matrimonio, es decir obtener otro documento para poder votar. Es otro obstáculo, esta vez para el electorado más grande de Estado Unidos, en 2024 había casi 9 millones de mujeres más registradas para votar que hombres.
Trump también quiere acabar con el voto por correo, que 28 de los 50 estados permiten sin tener que presentar una excusa para hacerlo. En 8 estados y Washington, la capital, las elecciones pueden ser solo por correo. Además, el voto por correo tiende a favorecer a los republicanos, pues quienes más utilizan el sistema son las personas mayores de 65 años, que tienden a ser más conservadoras, según el Centro Pew, en 2016 prefirieron a Trump sobre Clinton; por eso no tiene mucho sentido prohibirlo, como plantea el actual presidente.
Trump ya amenazó con no sancionar más leyes hasta que sea aprobado la ley Save America, que pasó en la Cámara y debate el Senado. Además del tema electoral, el proyecto incluye una de las obsesiones del mandatario, su fijación con los transgénero, a quienes quiere restringir en competencias deportivas y prohibir operaciones de cambio de sexo para menores, algo que no ocurre en menores de 12 años, según un estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense, y en los mayores de 12 son muy poco frecuentes. Trump ofrece resolver problemas inexistentes, pero que generan reacción entre sus seguidores.
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