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La inflación se acelera en Argentina, que enfrenta otra vez a sus fantasmas del pasado

Por Emiliano Giménez, CNN en Español

Hace ocho meses que no baja. Solo entre julio y agosto del año pasado (1,9 %) encontró un descanso en una escalera ascendente que no se detuvo hasta hoy. En tanto en enero, el costo de vida en Argentina subió un 2,9 %, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Fue el quinto mes consecutivo de aceleración desestacionalizada, en el que también la variación interanual resultó positiva, ya que en enero de 2025 la inflación fue del 2,2 %.

Esto significa que el proceso de desinflación en Argentina se enfrenta a un límite tras retornar a valores similares a los de comienzos del año anterior, llegando a su piso en mayo (1,5 %). A partir de ahí, no ha podido continuar su descenso, en el contexto de un año electoral que generó incertidumbre y una fuerte demanda de dólares para protegerse de una posible devaluación del peso.

Todos estos indicadores contradicen los pronósticos del presidente de Argentina, Javier Milei. Durante una entrevista con la Televisión Pública hace cuatro meses, sostuvo que “a mediados de 2026 la inflación va a desaparecer, va a estar viajando al cero”. El mismo presupuesto que el gobierno remitió al Congreso estima una inflación para este año, medida punta a punta, del 10,1 %. Es decir que, en solo un mes, se agotó casi el 30 % de la pauta fijada para todo 2026.

Los rubros que más aumentaron en enero fueron Alimentos y Bebidas no alcohólicas (4,7 %); Restaurantes y hoteles (4,1 %) y Comunicación (3,6 %), todos por encima del nivel general. Mientras que la inflación núcleo, que despeja de la medición valores estacionales y regulados, arrojó una subida del 2,6 %, lo que significa que el nivel total estuvo afectado levemente por aumentos propios de la época del año.

Una semana antes de que se conociera el primer índice de inflación de 2026, el director del INDEC, el economista Marco Lavagna, renunció a su cargo. Había llegado a ese puesto durante la presidencia de Alberto Fernández (2019-2023) y, si bien no aclaró los motivos de su decisión, se dio en medio del debate por la actualización de la canasta de consumo que se toma para calcular la inflación.

Hasta hoy, el costo de vida en Argentina se fundamenta en el análisis de patrones de consumo de 2004. El funcionario saliente quería medirlo a partir de enero sobre la base de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017-2018. Sin embargo, el ministro de Economía, Luis Caputo, informó la postergación de esa metodología actualizada sin fecha de inauguración. “Siempre la bajada del presidente Milei fue que el cambio se hiciera una vez que el proceso de desinflación estuviera terminado”, sostuvo ante el canal LN+. Dijo también que la salida de Lavagna había sido en términos amigables y confirmó a Pedro Lines, un técnico del organismo, en su reemplazo.

Nadie desconoce la necesidad de actualizar los parámetros que se toman en cuenta para medir la inflación por razones a la vista: entre 2004 y 2017-2018, hubo cambios en los hábitos de consumo que explican el valor de tener un índice más fiel con la realidad. El avance de la tecnología y la composición de la sociedad son factores clave que la nueva canasta pondera, aunque también tiene algunas diferencias con la situación actual, dado que pasaron casi ocho años de su elaboración. Por caso, si se aplicara la fórmula que el gobierno suspendió, rubros como Vivienda, Agua, Electricidad, Gas y otros Combustibles tendrían una incidencia mayor en la medición general que, por ejemplo, Alimentos y Bebidas no Alcohólicas.

Paradojas al margen, si el deseo de actualizar la metodología en enero, como quería Marco Lavagna, se hubiera cumplido, la inflación habría sido menor al 2,9 %, dado que la comida y las bebidas fueron lo que más aumentó en ese período, frente a una subida de los gastos de vivienda del 3 % y del 2,7 % en la categoría Bienes y servicios varios, los dos segmentos de mayor peso en la medición aggiornada.

Por supuesto que el gobierno sabía que era conveniente aplicar en enero una fórmula nueva, pero también que podía ser una victoria pírrica. Es que está en marcha un proceso de eliminación total de subsidios para ciertos sectores, que hasta aquí contenían el aumento de tarifas de servicios públicos y transporte. Por lo tanto, la aplicación de una canasta que eche luz sobre el aumento de esos rubros no le redundará en buenas noticias en los próximos meses, al menos hasta que se estabilice ese incremento tarifario. La baja de la inflación, hoy en tensión, es uno de los principales activos del gobierno, de manera que allí puede rastrearse el origen de la decisión de prorratear el cambio de pesquisa.

Los trabajadores del INDEC realizaron una radio abierta el miércoles, durante los minutos previos a la publicación del índice de enero. Allí pregonaron una convicción que pretende superar toda incidencia política: “en el INDEC no se miente”, poniéndose como garantes de la fiabilidad de las estadísticas. No desconocen que es preciso un cambio metodológico, pero eso no pone en tela de juicio el rigor de las mediciones vigentes.

Para una sociedad como la argentina, cualquier ruido relacionado con la medición del índice de inflación rememora historias no tan lejanas. La intervención del instituto durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015) generó estadísticas que muchas consultoras privadas desmentían y provocó una distorsión en varios indicadores que toman a la inflación como base de cálculo. La manipulación fue comprobada por la justicia, que condenó en agosto de 2024 al exsecretario de Comercio Interior Guillermo Moreno a tres años de prisión condicional y a seis de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por los delitos de abuso de autoridad en concurso ideal con el de destrucción e inutilización de registros públicos.

El consenso sobre la credibilidad del INDEC regresó a partir de la gestión del economista Jorge Todesca, durante la presidencia de Mauricio Macri. Y continuó hasta nuestros días de la mano del mencionado Lavagna. ¿Qué pasará de ahora en más? Está claro que el gobierno procura mantener la inflación a raya, pero también que los argentinos ya saben descubrir cuando les hacen trampa.

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