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Los republicanos intentan salvar a Max Miller mientras una disputa por la custodia de sus hijos sacude su campaña

Por Lauren Fox y Morgan Rimmer, CNN

En la recta final de la contienda, el representante Max Miller intenta convencer a los votantes de que los divorcios son procesos complicados y que las controversias que lo rodearon este verano ya han quedado atrás.

Sin embargo, el caso mediático por la custodia que sacudió su campaña por la reelección en este ciclo electoral irá a juicio apenas unos días después del día de las elecciones.

Miller hace campaña para conservar su escaño en el 7º Distrito Congresional de Ohio, una zona que debería ser territorio seguro para cualquier republicano. El distrito abarca desde las afueras de Cleveland hasta comunidades rurales más allá de la ciudad. Trump ganó aquí por 11 puntos en las últimas elecciones presidenciales.

Pero ante unas elecciones intermedias en las que los votantes pagan más por la gasolina y los alimentos, los republicanos se ven obligados a defender a candidatos en territorios que solían ser bastiones del partido. Si a esto se suman las acusaciones de la exesposa de Miller —quien afirma que él abusó de ella y le apuntó con un arma cuando su hija era una bebé (acusaciones que él niega rotundamente)—, lo que alguna vez fue un escaño republicano seguro se ha convertido en un campo de batalla clave en la lucha por la mayoría en la Cámara de Representantes.

Los republicanos a nivel nacional, que hace apenas unos meses intentaban convencer a Miller de retirarse de la contienda, han inyectado millones de dólares en las últimas semanas de campaña debido a que la recaudación de fondos de Miller se ha quedado rezagada. El congresista, proveniente de una familia acomodada, prestó un millón de dólares a su campaña el trimestre pasado, mientras que solo recaudó US$ 145.000 de donantes. A principios de esta semana, los informes de la Comisión Federal de Elecciones revelaron que otorgó otro préstamo de US$ 250.000 a su campaña.

El presidente de la Cámara, Mike Johnson, ha pedido que siga su curso el proceso de ética de la Cámara —que aún está en marcha— y no ha abandonado ni repudiado a Miller en vísperas de las elecciones. El Congressional Leadership Fund, el principal “super PAC” republicano de la Cámara, ha invertido más de US$ 5 millones en la contienda. En total, los republicanos han gastado más de US$ 9 millones en el distrito.

Los demócratas, que buscan una oportunidad para ampliar su mapa electoral, han gastado US$ 17 millones allí.

Miller se enfrenta al demócrata Brian Poindexter, un trabajador siderúrgico sindicalizado, quien asegura sentir un fuerte impulso (“momentum”) en el terreno electoral.

“Siempre estaré nervioso hasta que se cuenten los votos, pero hay un gran impulso positivo sobre el terreno”, dijo Poindexter a CNN en una entrevista el jueves. “Tenemos miles de voluntarios y partidarios; las encuestas se ven bien, pero, ya sabes, simplemente voy a seguir trabajando durante los próximos cinco días para asegurarme de llegar a la mayor cantidad de gente posible y garantizar que los ciudadanos ejerzan su derecho al voto”.

La contienda ha sido una batalla dinámica en la que el carácter de ambos candidatos ha sido objeto de escrutinio, mientras anuncios rivales buscaban resaltar sus respectivos pasados.

Uno de los primeros anuncios de Poindexter mostraba a sus hijas bromeando con él, en un claro intento por diferenciarse de Miller, quien en ese momento enfrentaba cuestionamientos sobre su trato hacia las mujeres. Sin embargo, Poindexter también ha tenido que abordar su propio historial, incluyendo una pelea con otro hombre en un partido de béisbol en 2013 —donde fue arrestado pero no se presentaron cargos en su contra— y un incidente de 1998 en el que la policía lo detuvo bajo sospecha de posesión de crack. Tampoco se presentaron cargos contra Poindexter por aquel incidente, y el jueves declaró a CNN que nunca ha consumido drogas duras en su vida. Asimismo, afirmó que se somete a pruebas de detección de drogas rutinarias por motivos laborales y que nunca ha dado positivo.

No obstante, estos incidentes han sido un elemento central de las campañas publicitarias republicanas contra Poindexter, incluida una lanzada la semana pasada por el CLF titulada “¿Qué está fumando?”, en la que un narrador dice: “Peor que el historial delictivo de treinta años de Poindexter —que incluye drogas y agresiones— es su agenda liberal extrema”.

“Poindexter apoya impuestos más altos para las familias trabajadoras y para la Seguridad Social de las personas mayores. El liberal Brian Poindexter incluso promueve la atención médica gratuita para inmigrantes indocumentados. Uno se pregunta: ‘¿Qué está fumando Brian Poindexter?’”, declara el anuncio.

El jueves, Poindexter dijo a CNN que su historial ha sido “exagerado”.

“He sido totalmente franco y honesto sobre mi historial: participar en algunas peleas, fumar marihuana unas cuantas veces y recibir algunas multas de tráfico; pero las acusaciones más graves que han hecho sobre mí son un completo disparate”, dijo Poindexter.

Poindexter intentó responder a algunos de los ataques en un anuncio en el que juega al billar y habla de una multa de tráfico que recibió, diciendo: “La gente que mejor me conoce sabe que estos anuncios son mentiras. La gente que mejor conoce a Max Miller contiene la respiración cuando él tiene la custodia de su hija”.

Sin embargo, el aluvión de ataques por parte de los republicanos parece haber tenido cierto impacto entre los votantes.

Kathy Brown, una votante independiente del distrito, dijo a CNN la semana pasada que tal vez no vote ni por Miller ni por Poindexter, ya que le preocupa el comportamiento de ambos hombres.

“No veo que ninguno de los dos tenga buen carácter, así que podría optar por un candidato independiente, lo cual es algo así como tirar el voto por la ventana”, comentó.

Corinne Bongers, otra votante del distrito que afirma haber votado más a los demócratas desde que Trump ganó la presidencia, dijo a CNN que “probablemente se decante por Poindexter”, aunque señaló que “los anuncios hacen que ambos parezcan malas personas”.

Durante el verano, a medida que las acusaciones contra Miller cobraban más atención en la prensa, los republicanos a nivel nacional intentaron discretamente convencer al congresista de que se retirara de la contienda para poder ser sustituido por otro candidato republicano antes de la fecha límite de agosto. Su exsuegro, el senador republicano Bernie Moreno, declaró que no debería servir en el Congreso, y otro republicano de Ohio, el senador Jon Husted, pidió que abandonara la carrera electoral.

Miller se mostró desafiante y dijo entonces a Jake Tapper, de CNN: “Tengo plena confianza en que mis electores me conocen”.

“Voy a seguir luchando. Voy a ganar esta elección”, dijo el congresista a Tapper a principios de agosto.

Miller declinó hacer comentarios para este reportaje.

En un anuncio reciente, Miller se dirigió directamente a la cámara para abordar de frente su divorcio y la batalla por la custodia. Dijo a los votantes: “Durante dos años, el sufrimiento de mi familia ha sido llevado a sus televisores porque, bueno, así es la política”.

Miller añadió que, “a pesar de las incesantes investigaciones de la prensa, todas las acusaciones en mi contra resultaron ser falsas. Como resultado, afortunadamente comparto la custodia a partes iguales de nuestra dulce hija”.

Pero Miller —si resulta reelegido— regresará al Congreso tras las elecciones de mitad de mandato con una investigación de la Comisión de Ética de la Cámara de Representantes aún pendiente sobre él. El propio Miller solicitó la investigación este verano, afirmando que limpiaría su nombre, pero la comisión no hace públicas las conclusiones de las investigaciones cuando faltan tan pocos días para unas elecciones. No está claro cuándo concluirá la comisión de ética su investigación ni cuándo dará a conocer sus hallazgos.

Miller también afrontará el juicio por la custodia de su hija pocos días después de las elecciones. Ambas partes están inmersas actualmente en un aluvión de escritos judiciales sobre el alcance de dicho juicio, ya que su exesposa, Emily Moreno, busca modificar el acuerdo de crianza compartida. A lo largo de esta disputa por la custodia, Moreno ha formulado varias acusaciones de maltrato contra Miller, entre ellas que él la empujó durante una entrega de la menor en febrero y que le arrojó agua caliente al final de su matrimonio. Miller ha negado haber cometido irregularidad alguna.

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