Vance lucha por contener las dificultades del Partido Republicano en 2026, y podría sufrir las consecuencias en 2028
Análisis por Stephen Collinson, CNN
Durante las próximas dos semanas, el trabajo del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, será salvar el Congreso para los republicanos.
Pero después se dedicará a otro proyecto político: él mismo.
Los argumentos finales de Vance para 2026 sobre la guerra con Irán, los altos precios de la energía y la inmigración se están convirtiendo en una primera prueba de si, como posible candidato presidencial en 2028, podría gestionar el tumultuoso legado de su jefe, el presidente Donald Trump, y de qué manera.
No es una tarea fácil.
La actuación de Vance en un foro ciudadano de CBS emitido el fin de semana mostró que le resulta difícil desenvolverse en el sombrío entorno de las elecciones intermedias marcado por la impopularidad de Trump y sus decisiones políticas. Su incapacidad para prometer un alivio inminente en los precios de la gasolina; sus súplicas para que se dé más tiempo a una economía que los votantes detestan; y su falta de claridad sobre el fin de la guerra con Irán pusieron de relieve por qué, a dos semanas de los comicios, las probabilidades parecen favorecer a los demócratas.
“Fundamentalmente, estamos donde estamos”, dijo Vance. Su comentario respondía específicamente a las críticas del candidato demócrata al Senado Abdul El-Sayed sobre la política hacia Irán, pero también reflejaba la impotencia de los candidatos republicanos atrapados en el lastre político de Trump.
Las preguntas difíciles también presagiaron una decisión trascendental que se avecina para Vance sobre si se postulará a la presidencia en 2028. Una derrota aplastante de los republicanos el 3 de noviembre encomendaría a quien se convierta en heredero del presidente la tarea de reinventar el mensaje y el atractivo del partido en dos años, con Trump vigilando por encima de su hombro.
Vance abordó con bastante cautela cómo defender el enfoque desmesurado de Trump en cuestiones clave como la inmigración, que podría complacer a la base MAGA, pero que a menudo parece alejar a un público más amplio.
“Estamos tratando de encontrar el equilibrio adecuado”, dijo Vance cuando una monja le preguntó por qué las políticas de separación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas parecían carecer de compasión y traumatizaban a los niños.
Y otra de las tácticas de Vance —culpar al expresidente Joe Biden— probablemente será una estrategia aún más cuestionable dentro de dos años de lo que ya está demostrando ser en la campaña de las elecciones intermedias.
Sin embargo, Vance también es una figura política intrigante.
En el foro ciudadano se mostró elocuente e inteligente. Fue más convencional, cortés y empático que Trump. Y tras una década de liderazgo presidencial en manos de hombres de avanzada edad, su juventud planteó la posibilidad de un relevo generacional en la política estadounidense.
Vance, que tiene una familia joven y relatos de una infancia difícil, parece más cercano que muchos de quienes integran la burbuja dorada de multimillonarios y millonarios que rodea a Trump en la Casa Blanca y Mar-a-Lago.
El vicepresidente también hizo esfuerzos aparentemente sinceros por conectar con los miembros del público, incluido uno cuya esposa, la sargento mayor Nicole Amor, murió en la guerra con Irán y que, con gran pesar, exigía respuestas sobre lo que, según él, fueron fallos operativos previos a su muerte.
Pero Vance aún no es Bill Clinton cuando se trata de sentir el dolor ajeno. A veces dejó entrever la torpeza de un político que, en su meteórico ascenso, solo ha participado como candidato principal en una campaña: la del Senado en 2022. Esto podría convertirse en un problema bajo el escrutinio constante de una contienda electoral presidencial.
Los mayores desafíos de Vance surgieron al explicar las decisiones de Trump sobre la guerra y la economía, que son profundamente impopulares y han creado un vínculo tangible con las propias dificultades económicas de los votantes, según casi todas las encuestas de opinión.
Sus respuestas fueron un estudio en miniatura de toda la temporada de elecciones de medio mandato.
“Reconozco que los precios de la gasolina son demasiado altos en este momento”, dijo Vance, mostrando más franqueza de la que Trump suele mostrar y ejemplificando su retórica más directa sobre la economía en general. Pero su explicación de que Irán había tomado como rehén el estrecho de Ormuz no tenía en cuenta que este era un resultado obvio de la guerra elegida por Trump que, al parecer, la Casa Blanca no supo anticipar. Y las advertencias de Vance de que Irán no debía poseer un arma nuclear podrían haber tenido más repercusión si Trump hubiera intentado exponer ese argumento ante la nación antes de iniciar la guerra.
Después de que Vance culpara a Biden por los altos precios de la gasolina, el presentador de CBS Tony Dokoupil intervino para señalar: “Han pasado casi dos años. En cierto momento, se convierte en su economía, no en la economía de Joe Biden”.
Vance también tuvo dificultades para conciliar las reiteradas declaraciones de victoria de Trump al principio de la guerra con una realidad incierta casi ocho meses después. “Diría que, en cierto modo, hemos ganado de manera decisiva, pero los iraníes, el enemigo, también tienen voz y voto en esto”, dijo.
Ninguna de estas respuestas parece capaz de apaciguar a los votantes enfadados con la administración Trump. Una encuesta de The Washington Post/ABC News/Ipsos publicada el domingo situó el índice de aprobación del presidente en apenas un 33%, lastrado por percepciones profundamente negativas de sus políticas sobre la economía y la guerra con Irán.
Las encuestas realizadas a dos semanas de los comicios no pueden predecir los resultados electorales. Pero los republicanos han estado destinando grandes cantidades de dinero a estados republicanos, de una manera que refuerza la percepción de que los demócratas tienen buenas posibilidades de recuperar la Cámara de Representantes. Sin embargo, el Senado es un reto más difícil. Los demócratas necesitarían una ganancia neta de cuatro escaños en un mapa complicado, con contiendas clave en estados que Trump ganó cómodamente en 2024.
Vance no es ni mucho menos el único que se esfuerza por elaborar un mensaje electoral sólido. El candidato republicano al Senado por Michigan, Mike Rogers, mostró el domingo en “State of the Union” lo difícil que resulta para los candidatos lidiar con la imponente sombra de Trump.
Al preguntársele por el controvertido acuerdo de Trump con Rusia para adquirir diésel eludiendo las sanciones, que la semana pasada sorprendió incluso a muchos republicanos, Rogers respondió: “Bueno, esa simplemente no sería mi postura”. Le dijo a Dana Bash, de CNN, que Trump había realizado inversiones que beneficiarían a su estado cuando terminara la guerra. Pero admitió implícitamente que hablar con los votantes sobre el largo plazo no ayuda mucho en este momento. “La mayoría de las personas con las que hablo están frustradas por los costos, por supuesto. ¿Quién no lo estaría cuando se pagan más de US$ 4 por galón?”, dijo Rogers.
El secretario de Energía, Chris Wright, ofreció poca ayuda a los candidatos republicanos que se enfrentan a la ira de los votantes por los altos precios de la gasolina. En marzo, predijo que los precios tardarían semanas, no meses, en bajar. Al ser preguntado por Bash el domingo sobre esa evaluación, dijo: “Por supuesto que no estoy tranquilo, pero me alegra que estén bajando. Han bajado durante las últimas semanas, al igual que los precios del diésel, y seguirán bajando”.
Sin embargo, los conductores siguen pagando un promedio nacional de US$ 4,30 por la gasolina y hasta US$ 6,32 por galón de diésel. Ante esta cruda realidad, los republicanos poco pueden hacer salvo advertir de que las cosas serían peores si los demócratas obtienen el control del Congreso. El presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dijo en “Sunday Morning Futures” de Fox News que las políticas climáticas demócratas harían subir los precios. “Hay que mantener a los adultos al mando, con manos firmes al volante”, argumentó Johnson.
Pero defender la continuidad cuando los votantes indignados quieren un cambio es una propuesta difícil de vender.
Y, a menos que Trump logre de algún modo acabar con la crisis del costo de vida en los próximos dos años, cualquier candidato presidencial republicano se enfrentará al mismo problema.
Como vicepresidente, Vance es considerado ampliamente el sucesor más probable de Trump. Pero dijo a CBS que no había decidido si se postularía. “Ya sabes, cualquier cosa puede pasar, amigo. Cualquier cosa”, dijo Vance. Otro supuesto aspirante, el secretario de Estado Marco Rubio, ha dicho reiteradamente que no planea presentarse y que respaldaría a Vance.
Pero Donie O’Sullivan, de CNN, informó el sábado que encontró poco entusiasmo por Vance entre unos 200 miembros de la base del presidente con quienes habló durante los últimos seis meses. El nombre alternativo que escuchó con mayor frecuencia fue el de Rubio.
Las campañas electorales exitosas suelen centrarse en el futuro. Por eso, el próximo candidato presidencial republicano deberá plantear una visión más convincente que la que Vance ofreció en el foro ciudadano.
En un momento dado, el propietario de una pequeña empresa le preguntó por qué no se había materializado la promesa de Trump de una “edad de oro” para la economía.
Tras una extensa respuesta en la que destacó la falta de inversión a largo plazo y el potencial positivo de los recortes de impuestos de Trump y de los proyectos de apertura de fábricas, Vance concluyó: “Seré el primero en decirles que, así como este país no se deterioró en un solo mandato presidencial, se necesitarán más de 18 meses para arreglar las cosas y darles la vuelta”.
Eso no será suficiente en 2028.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.