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Messi, el inmigrante que nunca se olvidó de su tierra

Análisis por Esteban Campanela, CNN en Español

Todo a su alrededor era un caos. Camisetas rojas corrían con el abrazo como destino final, envueltos en euforia y gloria. Lágrimas y bronca llevaron a sus compañeros a convertir lo que había sido un enfrentamiento deportivo en un combate una vez terminado el encuentro. La música del estadio se mezclaba con gritos de algarabía de los ganadores y cantos de orgullo y agradecimiento de los perdedores. Su mirada estaba clavada en la tribuna más poblada por sus compatriotas. Algunos dijeron que le dio la espalda a la premiación por enojo.

Pero, en realidad, lo que Lionel Messi estaba tratando de hacer era grabar en su retina cada imagen, retener cada sonido, cada sentimiento. Quería absorberlo todo porque ese momento era la materia prima de infinidad de veces que iba a recordar este día. Estaba triste por haber perdido la final del Mundial. Pero lloraba desconsolado porque sabía que había sido su último partido con la selección argentina.

Messi es un inmigrante que se fue de niño a vivir lejos de su tierra, en busca de una mejor oportunidad para él y su familia. Al igual que millones de personas abandonan sus países todos los días. Y como la mayoría de esos migrantes, nunca se olvidó del amor a su patria. Pudo haber representado a España en lugar de Argentina. Si lo hubiese hecho, probablemente hoy tendría tres o cuatro campeonatos del mundo en su haber. Pero jamás renegó de sus raíces. Además, al igual que la mayoría de los inmigrantes, siempre trabajó con humildad y respeto. Más allá de su inmenso talento, ese es uno de los motivos por los cuales es un referente latinoamericano en todo el mundo.

El mejor jugador de la historia del fútbol solo vivió los primeros 13 años de su vida en Rosario. Es conocida su historia: tenía un problema de desarrollo y requería una terapia con hormonas de crecimiento. Su familia no podía pagarlo, el club en el que jugaba no quiso hacerse cargo y fue el FC Barcelona de España el que costeó el tratamiento médico. La situación económica en Argentina, al igual que en la mayoría de los países de la región, siempre es complicada, y muchas veces el aeropuerto es la única salida.

En las divisiones inferiores del conjunto catalán se destacó inmediatamente. Pronto empezaron gestiones para que “la Pulga”, como se lo apodaba en ese momento, jugase para la selección española. Pero su arraigo y el de su familia eran muy fuertes. Ya de muy pequeño dijo en una entrevista que le realizaron que su sueño era “jugar en la selección argentina”. Rápida de reflejos, la Asociación del Fútbol Argentino organizó un partido amistoso para que Messi debutase con la selección Sub20 y quedase “blindado”. Así fue como inició su camino, un 29 de junio de 2004, con 17 años recién cumplidos.

Los argentinos estaban ansiosos por verlo jugar para la selección mayor. Ese momento llegó el 17 de agosto de 2005 en un amistoso ante Hungría. Increíblemente, Messi ingresó a los 19 minutos del segundo tiempo y se fue injustamente expulsado pocos segundos después. Tal vez fue un presagio de que no iba a serle tan fácil el camino con la celeste y blanca.

Vale la pena hacer un breve repaso para entender la magnitud de la leyenda de Lionel Messi con la Albiceleste. Su recorrido cumplió con el “camino del héroe” de cualquier buen guion cinematográfico. Del barro al cielo. Su debut se dio en el medio de una era llena de desilusiones y frustraciones en Argentina. Había una búsqueda permanente para encontrar al “Nuevo Maradona”, el salvador que lideraría al país hacia una nueva gloria. Para colmo, Messi era zurdo, jugaba con la 10 en la espalda y deslumbraba a todos. La comparación era tan inevitable como injusta. La presión era enorme.

Mientras ganaba absolutamente todo con el Barcelona, se le negaban los títulos con la selección mayor. Dentro de su amado país, las críticas eran feroces. Le cuestionaban su amor por la camiseta, su actitud, todo. Incluso se criticaba permanentemente que “no cantaba el himno nacional” en la previa del comienzo de los partidos. Justamente a él, que podría haber elegido un destino más sencillo en otro lugar del mundo. Soportó todas las críticas con altura. Mantuvo su conducta, dio la cara y el ejemplo.

Así llegó Brasil 2014. Un Mundial en tierras del “enemigo íntimo”. Argentina llegó a la final después de 24 años. Todo cerraba perfecto, era la copa definitiva, con la final en el mismísimo Maracaná. Pero Alemania tenía otros planes. Siguieron dos desilusiones durísimas, dos finales de Copa América perdidas en los penales ante Chile. Messi besó la lona y se rindió:

Pero como un verdadero campeón, supo asimilar el golpe pronto, y al poco tiempo regresó a la selección argentina, sin haberse ido realmente.

Ese fue el tramo más complicado de su ciclo en el seleccionado. Tras las finales perdidas, el equipo se clasificó sufriendo a Rusia 2018 y tuvo un papel muy flojo. En 2019 dio una de las declaraciones más inspiradoras de su carrera. Dejó en claro en Fox Sports que no se iba a rendir:

Entonces, llegó la Copa América 2021 en Brasil, donde finalmente pudo ser campeón 16 años después de su debut. A partir de ahí, todo fue gloria. Como si la presión hubiese desaparecido para que su talento pueda fluir sin límites. En Qatar 2022 Messi consiguió lo que más quería. Que le haya costado tanto lo hace aún más grandioso. Los aficionados se identificaron con su humildad, su tenacidad, su resiliencia, su amor por su país y por su fútbol. Su perseverancia sirvió de ejemplo para otros.

A los 38 años (cumpliendo 39 durante el torneo) jugó su sexto Mundial y fue determinante. Por si quedaba alguna duda en el camino, tachó otro casillero que siempre le reclamaban en las comparaciones con Maradona: eliminó a Inglaterra, el gran rival, con una actuación descollante. Esta vez su físico no le permitió disputar la final ante España con el nivel supersónico habitual, y eso hizo que el cierre perfecto no fue posible. Pero, tras este torneo, se generó un amplio consenso en cuanto a que Messi es el mejor de todos.

El retiro del capitán del seleccionado no debería ser una sorpresa para nadie. La muerte de su padre lo destrozó. En su declaración pública escribió:

A los 39 años, el paso del tiempo empieza a pesar. Sin embargo, por evidente y anunciada que fuera esta despedida, no es menos dolorosa.

Hay experiencias únicas e irrepetibles en la vida. Los amantes del deporte entienden el privilegio de ver en vivo a Michael Jordan, Roger Federer u otros GOAT (Greatest Of All Time, el mejor de todos los tiempos). Es como ver pasar por el inmenso cielo una estrella fugaz con un color único, más brillante a las demás, única e irrepetible. Todavía se podrá apreciar el talento de Messi en la liga estadounidense, aunque ya dio varios indicios de que le queda poco tiempo como profesional.

Sin dudas, se terminó una era, no solamente para los argentinos sino para todos los amantes del fútbol. En su posteo de despedida, Messi cierra escribiendo: “Gracias, Dios, por hacerme argentino”. El amor por el país propio no depende de donde uno viva. Depende de donde uno es. Y Messi es argentino.

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