Tras los terremotos, un parque se convierte en refugio para las familias que esperan empezar de nuevo en Caracas
Por Mary Trini Mena y Rocío Muñoz-Ledo, CNN en Español
Las carpas ocupan buena parte de los espacios abiertos del Parque del Este, en Caracas. Allí, decenas de familias desplazadas por los dobles terremotos que azotaron el país hace una semana encuentran un lugar donde dormir, comer y resguardarse mientras intentan decidir qué hacer después de perder sus hogares.
No existe una cifra definitiva de personas alojadas en el lugar. Es un refugio temporal de puertas abiertas: quienes llegan pueden permanecer una noche o varios días, y también salir para buscar familiares o intentar resolver su situación. Hasta este lunes habían llegado alrededor de 200 familias, pero el número seguía creciendo.
La mayoría viene de distintas zonas devastadas de la capital aunque también han llegado familias desde La Guaira, el estado más golpeado y que fue declarado zona de desastre en un corredor de destrucción que va desde Catia La Mar hasta Caraballeda.
Los fuertes terremotos dejaron alrededor de 59.000 estructuras con algún tipo de daño en todo el país, según un análisis de imágenes satelitales realizado por la Universidad Estatal de Oregon.
Guardaparques, funcionarios policiales y otros organismos del Estado coordinan la recepción de donaciones y la distribución de ayuda. Durante todo el día llegan ciudadanos con agua, alimentos, ropa, cobijas, almohadas y artículos básicos. Las familias reciben carpas prestadas para pasar la noche y comidas sencillas, como arepas, sándwiches o platos preparados por voluntarios.
Este no es el único espacio habilitado como refugio improvisado. En Caracas hay otro parque, y en La Guaira el estadio de béisbol Jorge Luis García Carneiro también está lleno de carpas donde se alojan familias desplazadas.
Ronny Sandoval, de 36 años, llegó desde Caraballeda, en La Guaira, junto a su esposa y su hijo. La madrugada del terremoto estuvo marcada por la incertidumbre y la búsqueda de su hermano.
“Él me llamó ya a las tres de la mañana, que él ya estaba aquí arriba”, recuerda en entrevista con CNN. Poco después, un policía los ayudó a salir de la zona afectada y trasladarse hacia Caracas.
Fue su hermano quien le habló del refugio. Antes de instalarse en el Parque del Este, pasó por otro centro de atención habilitado en la ciudad. Finalmente encontró un espacio donde permanecer con su familia.
Desde entonces vive con lo indispensable. “Aquí como mi hijo, mi esposa y yo. Esto me lo regalaron ayer”, dice mientras muestra algunas de las pocas pertenencias que ahora tiene. Explica que procuran guardar parte de la comida porque no saben cuándo volverán a recibir más: “La comidita la hemos buscado conservar”.
Las lluvias y el sol complican la vida dentro de las carpas, pero asegura que poco a poco se han ido adaptando. “Tapándonos como tú ves. Y así vamos acomodándonos”.
No tiene otro lugar adonde ir: “Otro lugar no, no tengo. Estoy aquí, aquí me quedo con mi esposa y mi hijo hasta que Dios me dé ese lugar”.
Cuando habla de su casa, hace una pausa. Dice que no quedó nada: “Todo fue… ya, se acabó. Ahí todo fue ya. Se perdió todo. De la noche a la mañana ya no había más nada. En un abrir y cerrar de ojos ya todo se había echado a perder”.
Cuenta que lo único que lograron sacar fue lo que llevaban puesto. “Con lo que teníamos encima quedamos”, dice. Las sábanas, la ropa y el resto de sus pertenencias comenzaron a reunirlas después de llegar al refugio, gracias a las donaciones.
Décadas de crisis económica y corrupción generalizada en Venezuela sugieren que muchos edificios probablemente han recibido un mantenimiento deficiente o fueron construidos al margen de las normativas oficiales, según Matthew Blackett, profesor asociado de Riesgos Naturales en la Universidad de Coventry, en el Reino Unido.
También grupos de la sociedad civil venezolana han advertido que algunas de las zonas más afectadas son grandes complejos de vivienda pública, como Catia La Mar, a unos pocos kilómetros de Caraballeda —cerca de la casa de Sandoval— donde el gobierno de Hugo Chávez construyó cientos de apartamentos durante un periodo de rápido crecimiento demográfico, posiblemente sin un control estricto de las normas de construcción.
Noemí Arroyo, de 31 años, vive en una casa de tres pisos, en el municipio Baruta, en el área metropolitana de Caracas, donde el deterioro de la estructura ya era evidente antes del sismo. Cuando la tierra empezó a temblar intentó salir, pero la puerta quedó desnivelada y bloqueada.
Dentro de la casa solo estaban ella y sus seis hijos. “Nos tuvimos que meter bajo la mesa mis seis hijos y yo”, recuerda. Mientras el movimiento sacudía la casa, sostuvo las esquinas del mueble porque, dice, “la mesa se levantaba muy fuerte”.
Solo cuando terminó el temblor un vecino logró ayudarlos a salir. Al regresar vio que la vivienda había empeorado. Las grietas crecieron, parte del techo cedió y quedaron expuestos los hierros de la estructura. Para ella, regresar no era una opción.
“La casa está totalmente agrietada y yo no puedo dejar a mis hijos ahí”, afirma.
El Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció la creación de una comisión por la cual especialistas están recorriendo los edificios afectados y evalúan, a través de un sistema de “semáforo”, cuáles siguen siendo habitables y cuáles corren riesgo de colapso por los daños estructurales. Además, Rodríguez prometió este lunes nuevas viviendas para quienes hayan perdido su hogar tras los terremotos.
Noemí llegó al refugio un día después del terremoto junto a su esposo y sus seis hijos. Salieron con unas pocas mudas de ropa. Todo lo demás lo recibieron al llegar.
“Todo esto que tengo me lo regalaron: carpas, colchones, cobijas, almohadas, ropa, zapatos, comida por montón”, dice.
Agradece la solidaridad, aunque señala que todavía hay necesidades por cubrir. “La comida salada es como que lo vital”, explica. Hasta ese momento, el único plato caliente que habían recibido había sido “un platico de pasta”.
Antes de llegar al parque pasaron varias noches recorriendo plazas y calles de Baruta porque no querían volver a una vivienda que consideran insegura. El menor de sus hijos comenzó a enfermarse de tos durante esos días. Ahora espera que alguna institución ofrezca una solución.
“No sé qué voy a hacer. No sé, aquí estamos esperando a tomar decisiones, a ver si instituciones, gobiernos, quién se va a abocar a nosotros”, dice.
La posibilidad de volver a trabajar también está condicionada por el estado de su casa. “¿Cómo hago para salir a trabajar si una réplica se me cae la casa?… ¿Cómo saco a seis niños?”, pregunta.
La ONU prevé asistir a medio millón de personas en los refugios instalados tras los terremotos que azotaron a Venezuela la semana pasada, según estimó este martes la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para el país, Stephanie Hochstetter. La funcionaria explicó que ya han distribuido paquetes de alimentos de emergencia a unas 1.200 personas, aunque esperan que la cifra aumente en los próximos meses.
Casi una semana después de los fuertes terremotos que azotaron Venezuela, la ayuda permite que refugio como el de Parque del Este, sigan operando, pero no resuelve la incertidumbre de quienes perdieron sus casas. Para personas como Ronny Sandoval y Noemí Arroyo, el parque no es solo un lugar para dormir: es el inicio desde donde intentan volver a empezar.
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Con información de Lauren Kent, Osmary Hernández y Sol Amaya, de CNN, y la agencia EFE