El reto de controlar a los menores en las redes sociales: “Son muy vivos y pueden saltarse el bloqueo”
Por Pau Mosquera, CNN en Español
En el salón reina el silencio. El único sonido que se percibe de vez en cuando es el del lápiz que rasga su punta de carbón contra el bloc de notas donde Agustín Kouchoyan, de 14 años, hace sus deberes de Física.
A cierta distancia se encuentra su madre, Noelia Kouchoyan, quien le ofrece su ayuda por si precisa aclarar algún concepto. Pero no, parece que Agustín se las arregla solo.
“Es un niño responsable”, asegura Noelia a CNN. Y se le ve aplicado, sí, aunque de vez en cuando esa atención se escapa hacia su celular. Según relata su madre, se lo compró hace tres años, cuando empezó a ir solo al colegio. “Para mí era una necesidad, porque necesitaba saber dónde estaba”, detalla.
Pero lo que empezó como una herramienta para ganar tranquilidad empezó a generar otro dilema. “Es como el ying y el yang”, dice Noelia, “por un lado es una ayuda y por otro lado es un problema”. Concretamente, porque hay espacios en los que Agustín se queda solo en casa y donde usa ávidamente el celular.
“Veo que con el móvil hay muchos temas emocionales, como por ejemplo ansiedad”, señala la madre. “A la noche tarda en dormir o no duerme, de repente se pone irritable con el teléfono, con los jueguitos, básicamente”.
Pero esta no es una preocupación única de ella, sino de tantos otros padres con hijos adolescentes. “Las preocupaciones principales de los padres giran en torno al tiempo de exposición de los menores a estas pantallas y al contenido al que están expuestos a través de las redes sociales”, especifica Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil y director de Domínguez psicólogos.
Una inquietud legítima, dado que afirma que un uso excesivo de las pantallas y exposición a contenidos impactantes en redes sociales “pueden generar ansiedad”. “Pueden incluso generar trastornos de la conducta alimentaria porque, de alguna manera, los menores están recibiendo una presión sobre los ideales de belleza, sobre los cánones de belleza”, entre otros.
En el caso de Agustín, pidió a su madre abrir una cuenta en la red social Instagram hace un año. Un pedido que Noelia le concedió, pero “lo controlo yo”, asegura. “Usa mis cuentas de Google y de Youtube, o sea que yo puedo ver lo que ve y lo que no ve”.
Ahora bien, a pesar de estar atenta al contenido que consume, la preocupación es que pueda filtrarse en estas plataformas contenido que no le convenga. “Hay compañeros que tienen hermanos más grandes; entonces, les llega otro tipo de información”, comparte preocupada. “Eso lo van pasando a su grupo de amigos” a través de sus charlas en aplicaciones de mensajería instantánea, agrega.
Es por esta razón que Noelia ve con buenos ojos el último anuncio realizado por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien comunicó esta semana que prohibirán el acceso de menores de 16 años a las redes sociales como una de las cinco medidas que pretenden impulsar para garantizar un entorno digital más seguro para los jóvenes.
Para llevar a término este bloqueo, Sánchez señaló que las plataformas a las que se dirija esta regulación “estarán obligadas a implementar sistemas eficaces de verificación de edad”.
Pero a Noelia le entran las dudas. “Ellos (los jóvenes) son muy vivos y puede haber formas de saltarse el ‘capado’ de las redes”, argumenta.
Un temor con algo de fundamento, explica Domínguez: “No nos engañemos, muchas veces los controles parentales no están funcionando, no los estamos sabiendo usar los padres o no se están aplicando de manera adecuada”.
De ahí que los especialistas que se han pronunciado a lo largo de los últimos días apuesten por sistemas de acceso centralizados. “Estamos viendo que, si delegamos esa responsabilidad en las plataformas, pues no vamos a tener esa credibilidad”, reflexiona Fernando Suárez, presidente del Consejo General de Colegios de Ingeniería en Informática.
“No todas (las plataformas) tienen los mismos criterios éticos, no tienen los mismos criterios de responsabilidad social”, explica.
Y lo justifica: “Estamos viendo las dudas que generan plataformas como Grok, que usan inteligencia artificial en este modo ‘picante’ y el uso que, desgraciadamente, estamos viendo por parte de jóvenes”.
Por eso, Suárez apuesta por soluciones como la que ellos desarrollaron junto a la Agencia Española de Protección de Datos en meses anteriores. Según cuenta a CNN, se trata de una herramienta de verificación de edad que funciona a través de leer los chips que incorporan el Documento Nacional de Identidad y el pasaporte español.
Concretamente, la herramienta acredita que la persona que está entrando a ese servicio o plataforma es la persona poseedora del documento de identificación y que tiene la edad suficiente para garantizar su acceso. De no tenerla, se le deniega el acceso.
Aunque la medida anunciada por Sánchez encuentra partidarios entre las familias, no parece que vaya a solucionar el reto real que suponen las nuevas tecnologías, nos dicen los expertos.
“Creo que hay que educarlos (a los adolescentes), hay que acompañarlos”, insiste Suárez. “Porque nos podemos encontrar otro problema, que es que a los 16 años tendrán acceso a las redes sociales, ¿qué va a pasar en ese momento?”.
De ahí que la solución pase por un ejercicio conjunto donde se involucren los progenitores. “Creo que los padres tenemos la obligación y también la oportunidad de formarnos, de hacernos expertos en seguridad de móviles, de pantallas, de redes sociales”, argumenta Domínguez.
Y es que, a base de conocer más los entornos donde se pueden mover los más jóvenes, eso puede ayudar “a reforzar la comunicación con los hijos y, a través del ejemplo, pueden fomentar un uso saludable de las redes sociales”.
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