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Nuevas amenazas y tensiones sacuden el alto el fuego de Irán y ponen a prueba el impulso de paz

Análisis por Stephen Collinson, CNN

Esta semana, el alto el fuego en Irán y las conversaciones de paz penden de un hilo mientras las tensiones se desbordan en la vía marítima estratégica que encarna la nueva capacidad de presión de Teherán y un conflicto que, según advierten los críticos, se ha escapado del control del presidente Donald Trump.

Trump dijo el viernes que Irán había “aceptado todo”, lo que impulsó un repunte en los mercados bursátiles ante la esperanza de que la guerra pudiera terminar pronto. Pero para el domingo, esto parecía otro caso de exagerar la diplomacia, y el presidente volvía a amenazar con destruir los puentes y las plantas eléctricas de Irán, mientras Teherán había vuelto a cerrar el estrecho de Ormuz. La falta de confianza mutua y el temor a un regreso total a la guerra quedaron en evidencia después de que la Marina de Estados Unidos disparara y se apoderara de un carguero con bandera iraní que intentó romper el bloqueo a la flota de Teherán.

Este vaivén es típico del liderazgo bélico de Trump, que oscila entre predicciones triunfalistas de una paz inminente y amenazas alarmantes de violencia. Sus opositores ven caos y ausencia de un plan, mientras que los asesores del presidente insisten en que está utilizando la presión de manera magistral para obligar a Irán a ceder.

Pero la niebla de la guerra de Trump se enfrenta a su próxima prueba de realidad, ya que se prevé una segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán, antes de la expiración programada del alto el fuego este martes. Los próximos días podrían mostrar si la ya conocida estrategia de intimidación de Trump puede abrir espacios diplomáticos o si su eficacia está disminuyendo. Si fracasa, Trump podría volver a enfrentarse a la disyuntiva de escalar la participación militar de Estados Unidos para intentar encontrar una salida, con resultados potencialmente desastrosos para la economía global y para su propia popularidad, que va en descenso.

Una de las características más confusas de esta guerra es que es prácticamente imposible juzgar la sinceridad y la exactitud de las declaraciones de Estados Unidos o de Irán al respecto.

Nadie fuera de Irán puede decir con exactitud qué líderes están tomando las decisiones tras oleadas de muertes de figuras del régimen. Esto dificulta evaluar su estrategia diplomática.

Pero el ánimo de Trump en la guerra —al menos según se refleja en sus declaraciones en redes sociales— cambia constantemente. La semana pasada, en varios reportes se citó a funcionarios estadounidenses diciendo que Irán estaba dispuesto a dejar de apoyar a aliados armados como Hezbollah y Hamas, y a entregar sus reservas de uranio altamente enriquecido. Esto representaría una enorme victoria para la administración. Pero la historia reciente y las declaraciones y el comportamiento recientes de Irán plantean dudas.

Sin embargo, detrás de la retórica y la beligerancia, hay razones de peso para que ambas partes eviten una reanudación de los combates. Quizá las dos estén aumentando las tensiones antes de posibles conversaciones para crear margen diplomático.

La insistencia reiterada de Trump en que un acuerdo está al alcance sugiere un entusiasmo menguante por una guerra que ha impuesto un alto costo económico y político en un año de elecciones de medio mandato. The Wall Street Journal informó el sábado que, pese a su fanfarronería, Trump alberga serios temores sobre sus consecuencias y los riesgos de una escalada.

Para el régimen de Irán, sobrevivir cuando la guerra termine sería una victoria en sí misma. El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes, por su parte, amenaza con convertir una economía devastada en un colapso social. Semanas de bombardeos implacables han causado una destrucción masiva que costará miles de millones de dólares reconstruir.

La administración está dando señales de que cree que puede quebrar la resistencia de Teherán aumentando la presión.

En “State of the Union” el domingo, Jake Tapper, de CNN, le pidió al secretario de Energía, Chris Wright, que explicara por qué su jefe publicó en redes sociales que ya no habría “Señor buena gente” y que bombardearía todos los puentes y plantas eléctricas de Irán si sus líderes no aceptan el acuerdo que Estados Unidos está ofreciendo.

“El presidente busca la máxima capacidad de presión”, dijo Wright. Afirmó que “no estaba preocupado” porque el “rumor y el ruido” en Irán mostraban a un régimen que se estaba desmoronando y que el fin de la guerra “no está demasiado lejos”.

Wright también atribuyó a la administración el haber manejado “de manera fantástica” el impacto energético de la guerra, que ha llevado los precios de la gasolina a superar los US$ 4 por galón.

El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, ofreció el domingo un panorama similar de mercados bursátiles al alza, precios del petróleo estables y fragmentación en el liderazgo de Irán, al decir que el país nunca había estado más aislado.

“Irán no tiene las cartas, y estamos seguros de que se sentarán a la mesa y finalmente abandonarán su obsesión por tener un arma nuclear”, dijo Waltz en “Face the Nation” de CBS.

“Estamos reduciendo sus capacidades. Sus fuerzas armadas están hechas trizas. Su programa de misiles está hecho trizas. Y ahora, con suerte, por la vía diplomática, lo harán por las buenas, en lugar de por las malas, y finalmente renunciarán a esta ambición ilegal”, dijo Waltz.

Estas expectativas ejercen una enorme presión sobre el vicepresidente J. D. Vance, quien ha estado encabezando la diplomacia estadounidense. CNN informó la semana pasada que Trump está preguntando a sus allegados por el desempeño de su número dos después de que fracasara una primera ronda de conversaciones.

Irán, por su parte, está contradiciendo las afirmaciones de Estados Unidos de que está listo para ceder.

Su principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, dijo a los medios estatales que, aunque “se han logrado avances” en la diplomacia, persisten brechas significativas sobre el estrecho y sobre asuntos nucleares. Afirmó que Irán no entregará el uranio enriquecido, al que el presidente estadounidense llama “polvo nuclear”.

Al igual que Trump, Ghalibaf —quien se desempeña como presidente del Parlamento iraní— se dirige a audiencias internas dentro y fuera del Gobierno y adopta la postura más dura posible antes de cualquier conversación.

Trump dijo el domingo que representantes de Estados Unidos viajan a Islamabad para negociaciones. Irán aún no ha confirmado públicamente que las conversaciones vayan a realizarse.

Al igual que Estados Unidos, Irán parece creer que tiene la ventaja.

Pero las pruebas y los acontecimientos en una situación compleja no respaldan plenamente las afirmaciones de la administración de un gran éxito.

Los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel sin duda causaron un daño considerable a las fuerzas de Irán, a su complejo militar-industrial y a sus arsenales de misiles y drones. Pero el régimen sobrevive. El pueblo iraní no ha podido levantarse y derrocar a sus represores.

El daño colateral para Estados Unidos ha sido severo. La cohesión de la OTAN está en entredicho en medio de la furia de Trump porque los Estados miembros eludieron una guerra a la que se oponían. Trump amenazó —aunque no lo llevó a cabo— con una advertencia de que la civilización iraní podría morir, en una de las declaraciones más contundentes jamás hechas por un presidente estadounidense. Y su administración pasó la semana pasada enfrentándose al papa León XIV y cuestionando su teología antibélica.

Los demócratas, conscientes de encuestas que muestran que el índice de aprobación de Trump se ha desplomado por la guerra —llegó al 37 % en una nueva encuesta de NBC News/SurveyMonkey el domingo—, lo presentan como atrapado en Irán y sin ideas.

“El uranio enriquecido sigue ahí. Tenemos allí un régimen más duro. Jamenei Jr. en realidad quiere desarrollar armas nucleares. ¿Alguien cree que de verdad tenemos más capacidad de presión sobre el estrecho de Ormuz? Tenemos menos. China tiene más influencia en Irán”, dijo a ABC el representante demócrata Ro Khanna.

La guerra ya supera por más de una semana el umbral de seis semanas que inicialmente sugirieron funcionarios como su duración máxima. Trump nunca ha estado bajo tanta presión para ponerle fin; y para demostrar que desarmará a Irán en lugar de envalentonar a un enemigo jurado de Estados Unidos.

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