Vance lidera las conversaciones de paz con Irán. Ahora Trump pregunta a aliados y asesores cómo evalúan su desempeño
Por Kristen Holmes y Kevin Liptak, CNN
Con el vicepresidente J. D. Vance, un antiguo escéptico de una guerra con Irán, ahora encargado de negociar un acuerdo para ponerle fin, el presidente Donald Trump ha estado supervisando de cerca su progreso y preguntando a diversos amigos y asesores cómo calificarían su desempeño, según tres personas familiarizadas con las conversaciones.
El presidente se ha preguntado en voz alta cómo creen que Vance se compara con el secretario de Estado, Marco Rubio, un posible rival para el nombramiento presidencial republicano de 2028, dijeron estas personas.
Nunca en el transcurso del segundo mandato de Trump su segundo al mando había estado más en el centro de atención que en la última semana, cuando un par de visitas al extranjero y un enfrentamiento entre el presidente y el líder de los católicos del mundo —del cual Vance es uno— lo colocaron de lleno en el centro del torbellino de Trump.
Por ahora, Trump parece tener plena confianza en las capacidades de negociación de Vance, con el vicepresidente en espera para regresar a Pakistán y reanudar las negociaciones con Irán si parece que un acuerdo está empezando a concretarse, de acuerdo con fuentes familiarizadas con las conversaciones.
Sin embargo, el presidente, que habló por teléfono con Vance hasta una decena de veces durante la primera ronda de conversaciones en Islamabad el fin de semana pasado, ha dejado claro que está observando con cuidado.
“Si no sucede, le echaré la culpa a J. D. Vance”, dijo Trump, algo en broma, sobre un acuerdo con Irán durante un almuerzo de Pascua este mes. “Si sucede, me atribuiré todo el mérito”.
A medida que cobra impulso otra ronda de conversaciones con Irán, la Casa Blanca expresó pleno apoyo al papel de Vance.
“El vicepresidente Vance sigue demostrando por qué el presidente Trump lo ha elegido para liderar las negociaciones con Irán junto con Steve Witkoff y Jared Kushner. Su capacidad para afrontar de frente algunos de los mayores desafíos lo convierte en un miembro invaluable del Gobierno, lleno de personas de alto rendimiento”, dijo en un comunicado el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung. Cheung viajó a Pakistán con Vance el fin de semana pasado.
Navegar por este panorama polémico supone un reto para Vance. El férreo leal a Trump ha defendido públicamente una guerra a la que se opuso en privado, y respaldó la crítica de Trump al papa León XIV, incluso en medio de la indignación de algunos de sus compañeros católicos.
No obstante, en ambos frentes, Vance también ha ofrecido posturas que —aunque no estén en desacuerdo con su jefe— permiten cierto grado de distinción.
Enfrentado a abucheadores que denunciaban la política de Medio Oriente del Gobierno en un evento de Turning Point USA en Georgia esta semana, Vance desvió la crítica hacia el Gobierno de Biden. Pero más tarde en el evento, reconoció la impopularidad de la guerra con Irán.
“Reconozco que a los votantes jóvenes no les encanta la política que tenemos en Medio Oriente”, dijo a la arena medio vacía. “Lo entiendo”.
En la antesala de las maratónicas conversaciones con Irán del fin de semana pasado en Pakistán, Vance minimizó su papel en las negociaciones como simplemente “responder a muchas llamadas telefónicas”.
Sin embargo, cuando Trump convocó una reunión de gabinete el 26 de marzo, fue a Vance a quien recurrió primero para una actualización sobre la guerra, no a sus secretarios de Estado o de Defensa. Para entonces, el vicepresidente había estado en contacto regular con el jefe del Ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, para trabajar en propuestas que pusieran fin a las hostilidades.
En el momento de la reunión de gabinete, la vacilación inicial de Vance sobre iniciar una nueva guerra en el extranjero era bien conocida. Trump incluso la había reconocido, restándole importancia como una diferencia menor de punto de vista.
“Diría que, filosóficamente, era un poco diferente a mí”, explicó Trump a principios de marzo. “Creo que quizás estaba menos entusiasmado con la idea de ir, pero aun así estaba bastante entusiasmado”.
Aun así, algunos aliados de Trump dicen que han estado observando cuidadosamente en busca de señales de que Vance establezca alguna distancia entre él y el presidente, sobre Irán u otros asuntos que han causado consternación entre algunos conservadores.
En el evento en Georgia esta semana, Vance fue presionado sobre la disputa de Trump con el papa, a la que muchos cristianos, republicanos e incluso partidarios vocales de Trump se han opuesto.
“Le tengo mucho respeto al papa. Me cae bien. Lo admiro. He llegado a conocerlo un poco”, dijo Vance, quien pronto publicará un libro sobre cómo encontró su fe católica. “No me molesta cuando habla sobre los temas del día, francamente, incluso cuando no estoy de acuerdo con cómo está aplicando determinados principios”.
Si fue un enfoque más moderado hacia el pontífice que el de Trump, a quien claramente le molestaron las críticas de León a la guerra con Irán y a su política migratoria, también vino con una advertencia: “Creo que es muy, muy importante que el papa sea cuidadoso cuando habla de asuntos de teología”, dijo Vance, provocando preguntas incluso de parte de sus compañeros republicanos.
“¿Cuándo habla de asuntos de teología? ¿No es ese su trabajo?”, preguntó, desconcertado, el líder de la mayoría del Senado, John Thune, un día después. Sugirió que el Gobierno de Trump abandone su desacuerdo en curso con el pontífice, lo cual podría ofender a los republicanos católicos y a otros votantes del Partido Republicano.
“Yo me mantendría enfocado”, dijo Thune, “en los temas económicos —los temas del bolsillo que creo que a la mayoría de los estadounidenses les importan— y dejar que la iglesia sea la iglesia”.
Los temas económicos son exactamente en lo que Vance y el resto de la Casa Blanca alguna vez pensaron que estarían enfocados este año, a medida que se acercan las elecciones de medio término y los votantes expresan inquietud por el costo de vida.
La guerra con Irán y el posterior aumento de los precios de la gasolina solo han exacerbado muchas de las preocupaciones. Pero los intentos del Gobierno por volver a centrar la atención en asuntos internos han sido vacilantes. Vance, quien no había llevado a cabo muchas tareas de política exterior de alto perfil para el Gobierno antes de ahora, se encontró volando al extranjero dos veces en la última semana en misiones que arrojaron resultados decepcionantes.
Tras un vuelo nocturno, un día de reuniones y un mitin de campaña en apoyo del asediado primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, Vance regresó a su alojamiento en Budapest el martes pasado y trabajó hasta altas horas de la noche intentando concretar un acuerdo de alto el fuego de dos semanas con Irán.
“Estuve despierto hasta muy tarde anoche hablando de eso”, admitió el miércoles pasado, después de llegar unos minutos tarde para dirigirse a una sala llena de estudiantes universitarios.
Si bien el alto el fuego evitó la promesa de Trump de borrar a toda la civilización iraní, el posterior viaje de 52 horas de Vance a Pakistán no logró producir un acuerdo final que pusiera fin a la guerra.
Y mientras volaba de regreso a casa, quedó claro que su tardía incursión en las elecciones de Hungría no produjo el resultado que él y Trump esperaban.
Vance presentó la contundente derrota de Orbán como algo esperado y dijo que el viaje aun así valió la pena.
“No fuimos porque esperáramos que Viktor Orbán se encaminara sin problemas a una victoria electoral”, dijo Vance durante una entrevista en Fox News. “Fuimos porque era lo correcto respaldar a una persona que nos había respaldado durante mucho tiempo”.
Aun así, la decisión de involucrarse tan directamente en una campaña extranjera que, según su propia admisión, se encaminaba hacia la derrota, hará poco para acallar las preguntas sobre la capacidad de Vance —y, por extensión, Trump— de influir en los votantes, en Hungría o en Estados Unidos.
Ahora, con índices de aprobación en mínimos históricos, ambos hombres ven el fin de la guerra con Irán como un imperativo para mejorar la debilitada suerte de los republicanos en las elecciones de medio término, de acuerdo con personas familiarizadas.
Al hablar en Georgia, Vance no detalló sus propias dudas sobre la guerra ni su oposición, sostenida desde hace tiempo, a iniciar conflictos extranjeros. En su lugar, animó a jóvenes partidarios de Trump desilusionados a centrarse en otras áreas del historial del presidente.
“No estoy diciendo que tengan que estar de acuerdo conmigo en todos los temas”, dijo.
“Lo que estoy diciendo es: no se desconecten porque no estén de acuerdo con el Gobierno en un tema. Involúcrense más, hagan oír su voz aún más. Así es como, en última instancia, recuperamos el país”.
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